Pobreza

El éxito del capitalismo y la globalización en la lucha contra la pobreza

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Para hablar de desarrollo socioeconómico, pongamos en perspectiva la cuestión empezando por el principio. La siguiente gráfica muestra la evolución del PIB per cápita entre el año 0 y el año 2000 DC. A primera vista podemos comprobar que, tal y como demuestra el monumental trabajo estadístico de Angus Maddison, el periodo que comprende del año 0 al 1.800 apenas registró avances. No obstante, la Revolución Industrial y el avance del capitalismo y la democracia liberal alimentaron entre 1.800 y la actualidad un salto adelantes sin precedentes en la historia de la humanidad. Esto permitió pasar de una economía de subsistencia a una economía mucho más dinámica y productiva, que ya no dependía de una buena o mala cosecha sino del conocimiento, la especialización y la técnica.

PIB per cápita en el mundo (Año 0-Año 2000 DC)

Limitando el campo de estudio al periodo 1.000 DC – 2000 DC, comprobamos que el salto experimentado desde 1.800 ha sido más beneficioso para EEUU y Europa, tal y como vemos en la gráfica. Esto se debe a que el resto de regiones se incorporó de forma más tardía a la Revolución Industrial. Por ese motivo, los beneficios del capitalismo han tardado más en llegar a ciertas regiones del mundo.

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Para entender mejor la importancia de este “salto adelante”, conviene recordar cómo era la vida en Estados Unidos antes de la Revolución Industrial. Apenas 4 de cada 100 hogares tenía fontanería, y la electricidad era aún más minoritaria (2%). En aquellos tiempos, no había tecnologías que hoy consideramos indispensables: internet, telefonía, aire acondicionado, televisión, etc. Algunos trabajadores descansaban los domingos, pero muchos otros dedicaban los siete días de la semana a trabajar. Los automóviles eran un lujo disponible únicamente para el 1% más rico. La salud era precaria: falta de medicinas, prácticas médicas subdesarrolladas y rudimentarias, etc.

Ese mismo país es hoy uno de los más prósperos del Planeta gracias al desarrollo de una próspera economía de mercado que, incluso en la actualidad, se mantiene entre las menos intervenidas del mundo. Los habitantes más humildes de EEUU viven mejor que los antiguos Reyes de la Europa absolutista.  Además, el progreso ocurre cada vez de manera más rápida: el teléfono, la electricidad o los automóviles tardaron entre 35 y 45 años en generalizarse, mientras los ordenadores, los teléfonos móviles o internet se han masificado en 10-15 años.

El siguiente vídeo resume todas estas lecciones.

[youtube=http://youtu.be/wxo8usuMnuM]

A pesar de los altibajos, el progreso que experimentaron antes países como Estados Unidos se ha esparcido progresivamente por el resto del mundo. Atención al siguiente vídeo, en el que Hans Rosling detalla la progresiva convergencia socioeconómica vivida en los dos últimos siglos.

[youtube=http://youtu.be/V8lbiiTF2P0]

Esta creciente universalización del progreso y el desarrollo ha sido especialmente intensa entre 1970-80 y la actualidad. Lo podemos comprobar a la perfección fijándonos en la evolución de la tasa mundial de pobreza. Así, si en 1981 el 42,8% de la población vivía con menos de $1,25 dólares al día, en 1990 este porcentaje había caído al 34,4% y en 1996 se quedaba en el 28,6%. Casi una década después, en 2005, las estimaciones hablaban ya de un 21%. Podemos visualizar estos datos en la siguiente gráfica, que toma datos del Banco Mundial y calcula no solamente la tasa habitual de pobreza (gente que vive con menos de $1,25 dólares al día) sino también el porcentaje de personas que viven con menos de $2 dólares diarios.

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Durante el periodo señalado (1980 hasta la actualidad), los países en desarrollo han aumentado su participación en el comercio mundial, pasando de un 25 a un 47%. Esto ha permitido que el sector privado genere oportunidades de desarrollo que, al contrario que la “ayuda al desarrollo”, sí contribuyen de forma efectiva a cambiar la situación de los más pobres. Un ejemplo de la importancia del emprendimiento capitalista para la lucha contra la pobreza lo tenemos en este vídeo, que muestra cómo un proyecto empresarial ha ayudado a numerosos hondureños a salir de la miseria.

[youtube=http://youtu.be/28PJPSms_xU]

Este progreso generado por el capitalismo global es cada vez más generalizado, ya que en 2012 se produjo un hito histórico: la pobreza cayó en todas las regiones del mundo, sin excepción. Por eso, publicaciones de la talla de la revista británica The Economist hablan de la posibilidad real de erradicar la pobreza, siempre que se consoliden los avances conseguidos.

Lamentablemente, la espectacular regresión de la pobreza vivida desde 1.800 y, especialmente, entre 1980 y la actualidad suele ser ignorada por numerosos analistas y observadores que, de forma recurrente, nos dibujan un panorama apocalíptico del mundo en que vivimos. Incluso quienes reconocen el retroceso de la pobreza intentan relativizar este logro apelando al “aumento de la desigualdad”. Según esta tesis, el avance del capitalismo y la globalización genera desigualdades crecientes.

Los datos nos dicen algo muy diferente. Como ha demostrado Xavier Sala i Martín, todos los indicadores dedicados a estudiar la desigualdad en el mundo muestran una tendencia positiva en las últimas tres décadas. Lo vemos en la gráfica que sigue:

DesigualdadMundialIncluso si dividimos el mundo en diferentes regiones, comprobamos que la desigualdad entre países va a menos. La siguiente gráfica muestra una primera línea que mide la desigualdad mundial, mientras que la segunda refleja la desigualdad entre países. Hay una tercera línea que refleja la evolución de la desigualdad “dentro de cada país”, y ahí si vemos un aumento ligero.
Pero para seguir ahondando en esta cuestión, conviene repasar los trabajos del analista del Banco Mundial Branko Milanovic, que repasando el periodo 2002-2008 ha concluido que “estamos ante algo que podría tener relevancia histórica, ya que por primera vez desde la Revolución Industrial, las desigualdades sociales se han reducido entre 2002 y 2008”. Esto puede sonar extraño si nos fijamos en el titular que muchos analistas han extraído de su estudio (“el 8% de la población mundial concentra el 50% de las rentas generadas en todo el planeta”), pero como explica Juan Ramón Rallo, “no hay de qué extrañarse”, pues “aunque parezca escandaloso que el 8% de la población perciba el 50% de las rentas generadas en todo el globo, bien haríamos en pegarle una repensada a sus implicaciones: en la actualidad, todos los habitantes de EEUU y de la zona del euro representan el 9% de la población mundial y obtienen el 40% de las rentas planetarias”.

Pero el estudio de Milanovic también explica que el tercio más pobre de la población mundial también ha mejorado sus rentas notablemente, con aumentos que van del 40% al 70%. Ni siquiera entre el 5% más pobre hay retroceso, si bien su renta se ha estancado, principalmente porque su incorporación a la globalización está siendo más tardía. En suma, esto confirma que no solamente la pobreza cayó a la mitad en los últimos veinte años, sino que la desigualdad no ha crecido y que el 50% más pobre ha visto crecer su renta en un 80%.

Cabe subrayar, en cualquier caso, que la desigualdad “dentro de cada país” no es positiva ni negativa, sino normal. De hecho, en una economía de mercado, es normal que unas personas tengan mayores ingresos que otras. Pensemos, por ejemplo, en Steve Jobs. Su fortuna económica contrasta con los orígenes humildes de sus padres adoptivos; sin embargo, esta desigualdad es inseparable de la excelente acogida que tuvo su empresa Apple entre millones de personas.

Para comprobarlo, fijémonos en la evolución de la desigualdad en China: fue a menos en los años de Mao y a más en los tiempos de mayor apertura económica… ¿pero acaso es preferible más igualdad y pobreza generalizada a más desigualdad en el contexto de una reducción de la miseria que benefició a cientos de millones de personas? Algo parecido ocurre con India: la gráfica muestra que no ha vivido un aumento de la desigualdad tan pronunciado como China… pero igualmente se ha dado un salto respecto a los años 70, y sin embargo nadie diría que la India de aquellos años es preferible a la de hoy en día.

IndiaChinaGiniCoefficient

Por otra parte, la desigualdad no solamente tiene que ver con el éxito en la economía de mercado: también está relacionada con políticas gubernamentales que generan privilegios y con elecciones individuales irreprochables. En el primer caso, es evidente que si un empresario se enriquece gracias a una normativa gubernamental que le da una posición de privilegio, entonces la desigualdad no es imputable al mercado pero sí es negativa. En el segundo caso, encontramos que si A estudia Ingeniería y B elige Sociología, es bastante probable que A tenga mayores ingresos que B… pero esta elección se ha dado en libertad, ya que cada uno se ha dedicado a lo que ha querido.

Abordadas ya las cuestiones de la pobreza y la desigualdad, llega el momento de plantearnos otras variables que miden el desarrollo humano. De nuevo, todas ellas hablan de un progreso continuo. Así, si tomamos el periodo 1970-2000, vemos lo siguiente:

– La esperanza de vida sube de 60 a 67 años,
– La tasa de mortalidad infantil baja de 10% a 6%,
– El consumo de calorías per cápita en el Tercer Mundo crece de 2.000 a 2.500,
– El porcentaje de gente con problemas de alimentación cae del 35% al 20%,
– El índice de analfabetismo cae del 40% al 20%.
– La cobertura de la educación primaria mejora un 20%.
– El alcance de la educación secundaria avanza del 20% al 60%.
– El acceso a agua potable sube del 20% a más del 80%.
– Los ingresos medios en los países del Tercer Mundo suben de $1.500 a $2.500 dólares anuales.

IndicadoresDesarrollo

En definitiva, son diferentes indicadores en los que, sin excepción, se aprecia un notable avance para el periodo estudiado. La misma tendencia aparece si nos fijamos en otros parámetros de desarrollo humano: acceso a medicina, reducción de las muertes por enfermedad, etc. No obstante, todo este progreso se aprecia de forma más intensa en aquellos países que aplican políticas económicas basadas en desarrollar un mayor grado de libertad económica.

El siguiente vídeo lo explica de forma clara, dividiendo a los países en cuatro grupos jerarquizados según el grado de libertad económica:

[youtube=http://youtu.be/v1U1Jzdghjk]

A continuación resumo las conclusiones comparativas citadas en el vídeo, que toma datos recopilados por el Fraser Institute de Canadá. Al margen de los datos que siguen, también conviene consultar esta infografía dedicada al mismo tema (comparar el desarrollo humano con el grado de apertura económica).

– El ingreso anual medio es de $32.000 dólares en las economías más libres (grupo A) y de $3.805 en las menos libres (grupo D). Para los grupos de países intermedios (B y C), el dato es de $14.455 y $7.901 dólares, respectivamente.
– El ingreso del 10% más pobre es del $912 dólares anuales en las economías más cerradas (D) y de $8.847 en las más abiertas (A). Los grupos B y C registran datos de $3.340 y $1.795.
– Según los índices de Felicidad, el puntaje medio en el grupo A es de 74 frente al 46 del grupo D. Los países ubicados en las categorías B y C registran un resultado medio de 62 y 58. – En el Índice de Derechos Políticos y Libertades Civiles, los grupos A, B, C y D reciben, respectivamente, 54, 47, 36 y 27 puntos.
– En cuanto al desempeño ecológico, el Índice de Respeto al Medio Ambiente da 85 puntos a las economías más abiertas (A) y un 65 a las más cerradas (D), con niveles de 77 y 72 en las categorías B y C.
– La esperanza de vida es de 60 años en las economías menos libres (D) y de 79 en las más capitalistas (A). Para B y C, el resultado medio es de 72 y 68 años.
– La ausencia de corrupción es notable en los países del grupo A, que se llevan un puntaje de 26 en un indice que otorga mayor calificación conforme aumenta la opacidad. Por su parte, los grupos B, C y D reciben calificaciones de 57, 65 y 74.
– La mortalidad infantil media en el grupo A es inferior al 1% frente al 2,2%, el 4,2% y el 7% de los grupos B, C y D.
– El trabajo infantil es menor al 1% en el grupo A, pero alcanza el 12% y el 19% en los grupos C y D. Para B, la medición fija un 4%.
– El desempleo es menor en las economías más capitalistas: 6% frente al 11% de los grupos B y C y el 13% de la categoría D. En ésta última hay también más informalidad laboral.

Ahora que queda claro que una economía más abierta permite aprovechar mejor el progreso derivado de la globalización capitalista, definamos exactamente qué entendemos por libertad económica. En esencia, hablamos de cuatro pilares:

– Fuerte protección de los derechos de propiedad y seguridad jurídica.
– Acuerdos de libre comercio con otros países.
– Estabilidad monetaria y ausencia de episodios graves de inflación.
– Impuestos bajos y gasto público limitado.

Entre los países que reúnen estos requisitos, encontramos múltiples ejemplos. El índice de libertad económica que publica la Fundación Heritage en colaboración con el Wall Street Journal sitúa en el “Top 10” a Hong Kong, Singapur, Australia, Nueva Zelanda, Suiza, Canadá, Chile, Islas Mauricio, Dinamarca y EEUU. Entre las diez siguientes posiciones figuran también Irlanda, Estonia, Reino Unido, Luxemburgo, Holanda, Suecia, Alemania o Taiwán. Por su parte, la clasificación que hacen los institutos Fraser de Canadá y CATO de EEUU identifica en el “Top 20” a prácticamente el mismo grupo de países.

Es por eso que, cuando se le pregunta a Xavier Sala i Martín por los factores que han generado este tsunami de creciente prosperidad, el economista de Columbia responde lo siguiente:

 ¿Cómo lo hemos conseguido? ¿Con la “tasa Tobin”, con la renta básica, con la caridad del 0,7%, con la condonación de la deuda, con la antiglobalización? La respuesta es no. La respuesta es que lo hemos conseguido con la economía capitalista de mercado. Así es como lo hemos conseguido nosotros, así es como lo ha conseguido China y así es como lo conseguirán los africanos. Abriendo las fronteras a la globalización que todavía no ha llegado. Es verdad que ha habido grados de intervencionismo diversos. No todo es Hong Kong, no todo es Estados Unidos. Los chinos están funcionando con un grado bastante elevado de intervencionismo, pero funciona. Lo que está claro es que todos los países que funcionan tienen mercados, tienen apertura. Por lo tanto, concluyo con un mensaje optimista. Si Asia lo está consiguiendo, África también lo puede conseguir.

Con ese esperanzador mensaje de Sala i Martín concluyo esta recopilación de datos con la que espero haber demostrado lo siguiente:

1. El mundo ha mejorado notablemente en los últimos 200 años.
2. Aunque EEUU y Europa se desarrollaron con mucha más fuerza, las últimas décadas han estado caracterizadas por el creciente progreso de los países que se habían quedado atrás.
3. En términos de desarrollo humano, la globalización es una era de mayor prosperidad en todo el mundo.
4. Tomemos la postura que tomemos ante la cuestión de la desigualdad, lo cierto es que se ha reducido de forma sistemática en las últimas décadas.
5. Aquellos países que abren su economía y abrazan el paradigma capitalista consiguen adaptarse mejor a la globalización y, por tanto, presentan mayores índices de bienestar.

ENLACES RELACIONADOS

1. Charles Kenny (Foreign Policy): “Best Decade Ever”.
2. Jorge Alcalde: “Se acaba 2012, el mejor año de la Historia”.
3. Artículos del blog sobre globalización, capitalismo y pobreza.
4. ¿Eres parte del 1%?
5. Pobreza y progreso en el siglo XX.

Globalización: menos pobreza y menos desigualdad

El nuevo informe de Branko Milanovic sobre la desigualdad tumba muchos mitos sobre la evolución socioeconómica del mundo en tiempos de globalización. Pueden leerlo al completo aquí o pueden consultar el siguiente resumen de Juan Ramón Rallo (disponible al completo aquí).

Hace unas semanas, el director de investigaciones del Banco Mundial, Branko Milanovic, ofreció un adelanto de su chocante descubrimiento en materia de desigualdad económica: el 8% de la población mundial concentra el 50% de las rentas generadas en todo el planeta. Es más, mientras que el 1% más pudiente ha visto aumentar sus rentas en un 60% entre 1988 y 2008, el 5% más pobre no ha mejorado su posición en absoluto. ¿Conclusión casi inexorable? La globalización está acentuando la desigualdad mundial: los ricos son cada vez más ricos y los pobres, más pobres.

Sorprenderá, pues, que una vez publicado el informe de Milanovic una de sus conclusiones sea la siguiente: “[Comparando los datos], nos topamos con algo que puede tener una relevancia histórica: probablemente por primera vez desde la Revolución Industrial, las desigualdades sociales se han reducido entre 2002 y 2008”. El gozo globalofóbico en un pozo: ahora resulta que, en contra de los titulares manipulados, la mundialización económica ha marcado un hito igualitarista en la historia del desarrollo humano.

En realidad, no hay de qué extrañarse. Aunque parezca escandaloso que el 8% de la población perciba el 50% de las rentas generadas en todo el globo, bien haríamos en pegarle una repensada a sus implicaciones: en la actualidad, todos los habitantes de EEUU y de la zona del euro representan el 9% de la población mundial y obtienen el 40% de las rentas planetarias. ¿A alguien le extraña que seleccionando a los 570 millones de habitantes más ricos del planeta lleguemos a una distribución de 50%/8%?

Sucede que una vez nos damos cuenta de que cada uno de nosotros –también usted, querido lector– formamos parte de ese 8% de la población mundial más acaudalada, nuestro foco de preocupación deja de ser recaer en el nivel de desigualdad para pasar a hacerlo en el nivel de pobreza del 92% de la población mundial.  A saber, una vez resulta que los privilegiados somos nosotros y no otros, una vez resulta que no podemos sentir envidia hacia nosotros mismos, la preocupación del ser humano vuelve por sus cauces lógicos: no se trata tanto de conseguir que el 8% viva tan mal como el 92%, sino que el 92% genere la suficiente riqueza como para alcanzar el nivel de desarrollo del 8%.

Y en esta sede tengo buenas noticias: la globalización es un muy buen marco institucional para combatir la pobreza. Leamos, si no, el informe de Milanovic: “La sorpresa está en que el tercio más pobre de la población mundial también ha experimentado importantes ganancias en sus rentas reales, con incrementos que oscilan entre el 40% y el 70%. La excepción es el 5% más pobre de la población, cuya renta real se ha estancado. Es este aumento de las rentas de la base de la pirámide global lo que ha permitido que el número de pobres absolutos (según la definición del Banco Mundial, es decir, aquellos que disfrutan de una renta inferior a 1,25 dólares internacionales por día) haya descendido desde el 44% al 23% en los últimos 20 años”. En suma, la pobreza mundial se está reduciendo a ritmos jamás antes contemplados porque el 50% más pobre del planeta ha visto como su renta crecía hasta un 80% en dos décadas, empezando a convertirse en “una clase media global”, tal como reza en el informe. Un fenómeno inaudito en la historia de la humanidad del que deberíamos sentirnos orgullosos.

Ahora bien, ¿entonces a qué se debe que el 5% más pobre de la población global se quede estancado y que la renta del 1% más rico crezca a ritmos del 60%? Bastante sencillo: el 5% más pobre es aquella parte del mundo que hasta 2008 apenas había accedido a la globalización debido a las enormes trabas de sus caciques locales (especialmente, grandes regiones de África). En cambio, el 1% más rico representa a aquella población que ha contribuido a financiar la globalización elaborando los bienes que esa nueva clase media emergente ha empezado a demandar, esto es, los que han aportado hasta la fecha un mayor valor añadido dentro del proceso de internacionalización de nuestras economías.

Al contrario de lo que transmiten engañosos titulares de prensa, si queremos que la pobreza mundial siga reduciéndose tal como lo ha venido haciendo en los últimos 20 años, será menester profundizar en la globalización, esto es, en el capitalismo de libre mercado.

ENLACES RELACIONADOS

PIB per cápita en el mundo: año 0 – año 2000 D.C.La globalización reduce la pobreza y la desigualdad
Guy Sorman, Xavier Sala i Martín y el fin de la pobreza masiva
Capitalismo al rescate: la globalización, al servicio de los más pobres
Relación entre libertad económica y educación, pobreza, PIB per cápita y déficit
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Zimbabue vence la hiperinflación… pero Mugabe plantea nuevas nacionalizaciones

Los siguientes párrafos son una traducción de un reportaje publicado por el Wall Street Journal. Pueden leer la versión original (en inglés) haciendo click aquí.

Si es cierto que el dinero malo puede expulsar al bueno, entonces lo contrario puede ocurrir también. Un ejemplo es Zimbabue, que en julio de 2008 experimentaba una hiperinflación a tasa anual de 231 millones por ciento. En febrero de 2012, dicho nivel bajó hasta el 3%, gracias a un experimento de dolarización que ha logrado lo que los controles de precios nunca pudo.

Cuando el país se independizó en 1980, el dólar de Zimbabue valía alrededor de $1,25. La inflación aumentó de manera constante bajo Robert Mugabe hasta finales de 1990, momento en que la confiscación de tierras de los granjeros blancos había paralizado la producción de alimentos. Para continuar financiando las deudas estatales, el Banco de Reserva de Zimbabue manipuló sus prensas de impresión, y la inflación se elevó a tres dígitos para el año 2001.

A finales de 2008, los precios al consumidor casi se duplicaban de un día para otro. Los controles de precios, sólo exacerbaban la escasez causada por las expropiaciones de Mugabe. Y el gobierno redenominaba periódicamente el dólar zimbabuense, borrando ceros por decreto con poco efecto. En enero de 2009 se introdujo el billete de 100.000.000.000.000 de dólar, por valor de alrededor $30 dólares estadounidenses.

Durante años, las empresas se protegieron de la hiperinflación causada por las políticas socialistas de Mugabe comerciando únicamente en dólares estadounidenses y rands sudafricanos. En abril de 2009, el gobierno dejó de resistirse y legalizó el uso de dinero foráneo, suspendiendo el dólar zimbabuense. Desde entonces, el crecimiento ha sido notable (5,9% en 2011 y 4,5% en 2012) después de una década de contracción. Con una moneda estable, los ciudadanos pueden comprar lo que necesitan y ahorrar sin que el dinero empleado pierda valor de forma continua.

Por desgracia, las buenas noticias que llegan de Zimbabue en el plano monetario quedan contrarrestadas con las pésimas informaciones que afectan a otros campos de la economía. El último delirio estatista de Mugaba consiste en nacionalizar todas las empresas extranjeras instaladas en Zimbabue, expulsando a los pocos inversores que aún confiaban en su régimen socialista.

Mugabe ha justificado la medida diciendo que “la idea de que lo más importante es el capital no tiene sentido. Esa una filosofía sucia y criminal”. Mientras tanto, la nación antes conocida como la “perla de África” sigue su camino de servidumbre, empobreciéndose de manera casi imparable.

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