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El 24-O sale a la venta “Progreso”, escrito por Johan Norberg y traducido por Diego Sánchez de la Cruz

El próximo día 24 de octubre, Ediciones Deusto publica mi nuevo proyecto: la traducción del libro “Progreso”, de Johan Norberg. Juan Ramón Rallo colabora escribiendo el prólogo del ensayo. El lanzamiento se enmarca en la colección de libros auspiciada por la gestora Cobas Asset Management, de Francisco García Paramés, y por el Instituto Juan de Mariana, del que soy miembro.

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El éxito del capitalismo y la globalización en la lucha contra la pobreza

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Para hablar de desarrollo socioeconómico, pongamos en perspectiva la cuestión empezando por el principio. La siguiente gráfica muestra la evolución del PIB per cápita entre el año 0 y el año 2000 DC. A primera vista podemos comprobar que, tal y como demuestra el monumental trabajo estadístico de Angus Maddison, el periodo que comprende del año 0 al 1.800 apenas registró avances. No obstante, la Revolución Industrial y el avance del capitalismo y la democracia liberal alimentaron entre 1.800 y la actualidad un salto adelantes sin precedentes en la historia de la humanidad. Esto permitió pasar de una economía de subsistencia a una economía mucho más dinámica y productiva, que ya no dependía de una buena o mala cosecha sino del conocimiento, la especialización y la técnica.

PIB per cápita en el mundo (Año 0-Año 2000 DC)

Limitando el campo de estudio al periodo 1.000 DC – 2000 DC, comprobamos que el salto experimentado desde 1.800 ha sido más beneficioso para EEUU y Europa, tal y como vemos en la gráfica. Esto se debe a que el resto de regiones se incorporó de forma más tardía a la Revolución Industrial. Por ese motivo, los beneficios del capitalismo han tardado más en llegar a ciertas regiones del mundo.

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Para entender mejor la importancia de este “salto adelante”, conviene recordar cómo era la vida en Estados Unidos antes de la Revolución Industrial. Apenas 4 de cada 100 hogares tenía fontanería, y la electricidad era aún más minoritaria (2%). En aquellos tiempos, no había tecnologías que hoy consideramos indispensables: internet, telefonía, aire acondicionado, televisión, etc. Algunos trabajadores descansaban los domingos, pero muchos otros dedicaban los siete días de la semana a trabajar. Los automóviles eran un lujo disponible únicamente para el 1% más rico. La salud era precaria: falta de medicinas, prácticas médicas subdesarrolladas y rudimentarias, etc.

Ese mismo país es hoy uno de los más prósperos del Planeta gracias al desarrollo de una próspera economía de mercado que, incluso en la actualidad, se mantiene entre las menos intervenidas del mundo. Los habitantes más humildes de EEUU viven mejor que los antiguos Reyes de la Europa absolutista.  Además, el progreso ocurre cada vez de manera más rápida: el teléfono, la electricidad o los automóviles tardaron entre 35 y 45 años en generalizarse, mientras los ordenadores, los teléfonos móviles o internet se han masificado en 10-15 años.

El siguiente vídeo resume todas estas lecciones.

[youtube=http://youtu.be/wxo8usuMnuM]

A pesar de los altibajos, el progreso que experimentaron antes países como Estados Unidos se ha esparcido progresivamente por el resto del mundo. Atención al siguiente vídeo, en el que Hans Rosling detalla la progresiva convergencia socioeconómica vivida en los dos últimos siglos.

[youtube=http://youtu.be/V8lbiiTF2P0]

Esta creciente universalización del progreso y el desarrollo ha sido especialmente intensa entre 1970-80 y la actualidad. Lo podemos comprobar a la perfección fijándonos en la evolución de la tasa mundial de pobreza. Así, si en 1981 el 42,8% de la población vivía con menos de $1,25 dólares al día, en 1990 este porcentaje había caído al 34,4% y en 1996 se quedaba en el 28,6%. Casi una década después, en 2005, las estimaciones hablaban ya de un 21%. Podemos visualizar estos datos en la siguiente gráfica, que toma datos del Banco Mundial y calcula no solamente la tasa habitual de pobreza (gente que vive con menos de $1,25 dólares al día) sino también el porcentaje de personas que viven con menos de $2 dólares diarios.

tasapobrezamundial
Durante el periodo señalado (1980 hasta la actualidad), los países en desarrollo han aumentado su participación en el comercio mundial, pasando de un 25 a un 47%. Esto ha permitido que el sector privado genere oportunidades de desarrollo que, al contrario que la “ayuda al desarrollo”, sí contribuyen de forma efectiva a cambiar la situación de los más pobres. Un ejemplo de la importancia del emprendimiento capitalista para la lucha contra la pobreza lo tenemos en este vídeo, que muestra cómo un proyecto empresarial ha ayudado a numerosos hondureños a salir de la miseria.

[youtube=http://youtu.be/28PJPSms_xU]

Este progreso generado por el capitalismo global es cada vez más generalizado, ya que en 2012 se produjo un hito histórico: la pobreza cayó en todas las regiones del mundo, sin excepción. Por eso, publicaciones de la talla de la revista británica The Economist hablan de la posibilidad real de erradicar la pobreza, siempre que se consoliden los avances conseguidos.

Lamentablemente, la espectacular regresión de la pobreza vivida desde 1.800 y, especialmente, entre 1980 y la actualidad suele ser ignorada por numerosos analistas y observadores que, de forma recurrente, nos dibujan un panorama apocalíptico del mundo en que vivimos. Incluso quienes reconocen el retroceso de la pobreza intentan relativizar este logro apelando al “aumento de la desigualdad”. Según esta tesis, el avance del capitalismo y la globalización genera desigualdades crecientes.

Los datos nos dicen algo muy diferente. Como ha demostrado Xavier Sala i Martín, todos los indicadores dedicados a estudiar la desigualdad en el mundo muestran una tendencia positiva en las últimas tres décadas. Lo vemos en la gráfica que sigue:

DesigualdadMundialIncluso si dividimos el mundo en diferentes regiones, comprobamos que la desigualdad entre países va a menos. La siguiente gráfica muestra una primera línea que mide la desigualdad mundial, mientras que la segunda refleja la desigualdad entre países. Hay una tercera línea que refleja la evolución de la desigualdad “dentro de cada país”, y ahí si vemos un aumento ligero.
Pero para seguir ahondando en esta cuestión, conviene repasar los trabajos del analista del Banco Mundial Branko Milanovic, que repasando el periodo 2002-2008 ha concluido que “estamos ante algo que podría tener relevancia histórica, ya que por primera vez desde la Revolución Industrial, las desigualdades sociales se han reducido entre 2002 y 2008”. Esto puede sonar extraño si nos fijamos en el titular que muchos analistas han extraído de su estudio (“el 8% de la población mundial concentra el 50% de las rentas generadas en todo el planeta”), pero como explica Juan Ramón Rallo, “no hay de qué extrañarse”, pues “aunque parezca escandaloso que el 8% de la población perciba el 50% de las rentas generadas en todo el globo, bien haríamos en pegarle una repensada a sus implicaciones: en la actualidad, todos los habitantes de EEUU y de la zona del euro representan el 9% de la población mundial y obtienen el 40% de las rentas planetarias”.

Pero el estudio de Milanovic también explica que el tercio más pobre de la población mundial también ha mejorado sus rentas notablemente, con aumentos que van del 40% al 70%. Ni siquiera entre el 5% más pobre hay retroceso, si bien su renta se ha estancado, principalmente porque su incorporación a la globalización está siendo más tardía. En suma, esto confirma que no solamente la pobreza cayó a la mitad en los últimos veinte años, sino que la desigualdad no ha crecido y que el 50% más pobre ha visto crecer su renta en un 80%.

Cabe subrayar, en cualquier caso, que la desigualdad “dentro de cada país” no es positiva ni negativa, sino normal. De hecho, en una economía de mercado, es normal que unas personas tengan mayores ingresos que otras. Pensemos, por ejemplo, en Steve Jobs. Su fortuna económica contrasta con los orígenes humildes de sus padres adoptivos; sin embargo, esta desigualdad es inseparable de la excelente acogida que tuvo su empresa Apple entre millones de personas.

Para comprobarlo, fijémonos en la evolución de la desigualdad en China: fue a menos en los años de Mao y a más en los tiempos de mayor apertura económica… ¿pero acaso es preferible más igualdad y pobreza generalizada a más desigualdad en el contexto de una reducción de la miseria que benefició a cientos de millones de personas? Algo parecido ocurre con India: la gráfica muestra que no ha vivido un aumento de la desigualdad tan pronunciado como China… pero igualmente se ha dado un salto respecto a los años 70, y sin embargo nadie diría que la India de aquellos años es preferible a la de hoy en día.

IndiaChinaGiniCoefficient

Por otra parte, la desigualdad no solamente tiene que ver con el éxito en la economía de mercado: también está relacionada con políticas gubernamentales que generan privilegios y con elecciones individuales irreprochables. En el primer caso, es evidente que si un empresario se enriquece gracias a una normativa gubernamental que le da una posición de privilegio, entonces la desigualdad no es imputable al mercado pero sí es negativa. En el segundo caso, encontramos que si A estudia Ingeniería y B elige Sociología, es bastante probable que A tenga mayores ingresos que B… pero esta elección se ha dado en libertad, ya que cada uno se ha dedicado a lo que ha querido.

Abordadas ya las cuestiones de la pobreza y la desigualdad, llega el momento de plantearnos otras variables que miden el desarrollo humano. De nuevo, todas ellas hablan de un progreso continuo. Así, si tomamos el periodo 1970-2000, vemos lo siguiente:

– La esperanza de vida sube de 60 a 67 años,
– La tasa de mortalidad infantil baja de 10% a 6%,
– El consumo de calorías per cápita en el Tercer Mundo crece de 2.000 a 2.500,
– El porcentaje de gente con problemas de alimentación cae del 35% al 20%,
– El índice de analfabetismo cae del 40% al 20%.
– La cobertura de la educación primaria mejora un 20%.
– El alcance de la educación secundaria avanza del 20% al 60%.
– El acceso a agua potable sube del 20% a más del 80%.
– Los ingresos medios en los países del Tercer Mundo suben de $1.500 a $2.500 dólares anuales.

IndicadoresDesarrollo

En definitiva, son diferentes indicadores en los que, sin excepción, se aprecia un notable avance para el periodo estudiado. La misma tendencia aparece si nos fijamos en otros parámetros de desarrollo humano: acceso a medicina, reducción de las muertes por enfermedad, etc. No obstante, todo este progreso se aprecia de forma más intensa en aquellos países que aplican políticas económicas basadas en desarrollar un mayor grado de libertad económica.

El siguiente vídeo lo explica de forma clara, dividiendo a los países en cuatro grupos jerarquizados según el grado de libertad económica:

[youtube=http://youtu.be/v1U1Jzdghjk]

A continuación resumo las conclusiones comparativas citadas en el vídeo, que toma datos recopilados por el Fraser Institute de Canadá. Al margen de los datos que siguen, también conviene consultar esta infografía dedicada al mismo tema (comparar el desarrollo humano con el grado de apertura económica).

– El ingreso anual medio es de $32.000 dólares en las economías más libres (grupo A) y de $3.805 en las menos libres (grupo D). Para los grupos de países intermedios (B y C), el dato es de $14.455 y $7.901 dólares, respectivamente.
– El ingreso del 10% más pobre es del $912 dólares anuales en las economías más cerradas (D) y de $8.847 en las más abiertas (A). Los grupos B y C registran datos de $3.340 y $1.795.
– Según los índices de Felicidad, el puntaje medio en el grupo A es de 74 frente al 46 del grupo D. Los países ubicados en las categorías B y C registran un resultado medio de 62 y 58. – En el Índice de Derechos Políticos y Libertades Civiles, los grupos A, B, C y D reciben, respectivamente, 54, 47, 36 y 27 puntos.
– En cuanto al desempeño ecológico, el Índice de Respeto al Medio Ambiente da 85 puntos a las economías más abiertas (A) y un 65 a las más cerradas (D), con niveles de 77 y 72 en las categorías B y C.
– La esperanza de vida es de 60 años en las economías menos libres (D) y de 79 en las más capitalistas (A). Para B y C, el resultado medio es de 72 y 68 años.
– La ausencia de corrupción es notable en los países del grupo A, que se llevan un puntaje de 26 en un indice que otorga mayor calificación conforme aumenta la opacidad. Por su parte, los grupos B, C y D reciben calificaciones de 57, 65 y 74.
– La mortalidad infantil media en el grupo A es inferior al 1% frente al 2,2%, el 4,2% y el 7% de los grupos B, C y D.
– El trabajo infantil es menor al 1% en el grupo A, pero alcanza el 12% y el 19% en los grupos C y D. Para B, la medición fija un 4%.
– El desempleo es menor en las economías más capitalistas: 6% frente al 11% de los grupos B y C y el 13% de la categoría D. En ésta última hay también más informalidad laboral.

Ahora que queda claro que una economía más abierta permite aprovechar mejor el progreso derivado de la globalización capitalista, definamos exactamente qué entendemos por libertad económica. En esencia, hablamos de cuatro pilares:

– Fuerte protección de los derechos de propiedad y seguridad jurídica.
– Acuerdos de libre comercio con otros países.
– Estabilidad monetaria y ausencia de episodios graves de inflación.
– Impuestos bajos y gasto público limitado.

Entre los países que reúnen estos requisitos, encontramos múltiples ejemplos. El índice de libertad económica que publica la Fundación Heritage en colaboración con el Wall Street Journal sitúa en el “Top 10” a Hong Kong, Singapur, Australia, Nueva Zelanda, Suiza, Canadá, Chile, Islas Mauricio, Dinamarca y EEUU. Entre las diez siguientes posiciones figuran también Irlanda, Estonia, Reino Unido, Luxemburgo, Holanda, Suecia, Alemania o Taiwán. Por su parte, la clasificación que hacen los institutos Fraser de Canadá y CATO de EEUU identifica en el “Top 20” a prácticamente el mismo grupo de países.

Es por eso que, cuando se le pregunta a Xavier Sala i Martín por los factores que han generado este tsunami de creciente prosperidad, el economista de Columbia responde lo siguiente:

 ¿Cómo lo hemos conseguido? ¿Con la “tasa Tobin”, con la renta básica, con la caridad del 0,7%, con la condonación de la deuda, con la antiglobalización? La respuesta es no. La respuesta es que lo hemos conseguido con la economía capitalista de mercado. Así es como lo hemos conseguido nosotros, así es como lo ha conseguido China y así es como lo conseguirán los africanos. Abriendo las fronteras a la globalización que todavía no ha llegado. Es verdad que ha habido grados de intervencionismo diversos. No todo es Hong Kong, no todo es Estados Unidos. Los chinos están funcionando con un grado bastante elevado de intervencionismo, pero funciona. Lo que está claro es que todos los países que funcionan tienen mercados, tienen apertura. Por lo tanto, concluyo con un mensaje optimista. Si Asia lo está consiguiendo, África también lo puede conseguir.

Con ese esperanzador mensaje de Sala i Martín concluyo esta recopilación de datos con la que espero haber demostrado lo siguiente:

1. El mundo ha mejorado notablemente en los últimos 200 años.
2. Aunque EEUU y Europa se desarrollaron con mucha más fuerza, las últimas décadas han estado caracterizadas por el creciente progreso de los países que se habían quedado atrás.
3. En términos de desarrollo humano, la globalización es una era de mayor prosperidad en todo el mundo.
4. Tomemos la postura que tomemos ante la cuestión de la desigualdad, lo cierto es que se ha reducido de forma sistemática en las últimas décadas.
5. Aquellos países que abren su economía y abrazan el paradigma capitalista consiguen adaptarse mejor a la globalización y, por tanto, presentan mayores índices de bienestar.

ENLACES RELACIONADOS

1. Charles Kenny (Foreign Policy): “Best Decade Ever”.
2. Jorge Alcalde: “Se acaba 2012, el mejor año de la Historia”.
3. Artículos del blog sobre globalización, capitalismo y pobreza.
4. ¿Eres parte del 1%?
5. Pobreza y progreso en el siglo XX.

Globalización: menos pobreza y menos desigualdad

El nuevo informe de Branko Milanovic sobre la desigualdad tumba muchos mitos sobre la evolución socioeconómica del mundo en tiempos de globalización. Pueden leerlo al completo aquí o pueden consultar el siguiente resumen de Juan Ramón Rallo (disponible al completo aquí).

Hace unas semanas, el director de investigaciones del Banco Mundial, Branko Milanovic, ofreció un adelanto de su chocante descubrimiento en materia de desigualdad económica: el 8% de la población mundial concentra el 50% de las rentas generadas en todo el planeta. Es más, mientras que el 1% más pudiente ha visto aumentar sus rentas en un 60% entre 1988 y 2008, el 5% más pobre no ha mejorado su posición en absoluto. ¿Conclusión casi inexorable? La globalización está acentuando la desigualdad mundial: los ricos son cada vez más ricos y los pobres, más pobres.

Sorprenderá, pues, que una vez publicado el informe de Milanovic una de sus conclusiones sea la siguiente: “[Comparando los datos], nos topamos con algo que puede tener una relevancia histórica: probablemente por primera vez desde la Revolución Industrial, las desigualdades sociales se han reducido entre 2002 y 2008”. El gozo globalofóbico en un pozo: ahora resulta que, en contra de los titulares manipulados, la mundialización económica ha marcado un hito igualitarista en la historia del desarrollo humano.

En realidad, no hay de qué extrañarse. Aunque parezca escandaloso que el 8% de la población perciba el 50% de las rentas generadas en todo el globo, bien haríamos en pegarle una repensada a sus implicaciones: en la actualidad, todos los habitantes de EEUU y de la zona del euro representan el 9% de la población mundial y obtienen el 40% de las rentas planetarias. ¿A alguien le extraña que seleccionando a los 570 millones de habitantes más ricos del planeta lleguemos a una distribución de 50%/8%?

Sucede que una vez nos damos cuenta de que cada uno de nosotros –también usted, querido lector– formamos parte de ese 8% de la población mundial más acaudalada, nuestro foco de preocupación deja de ser recaer en el nivel de desigualdad para pasar a hacerlo en el nivel de pobreza del 92% de la población mundial.  A saber, una vez resulta que los privilegiados somos nosotros y no otros, una vez resulta que no podemos sentir envidia hacia nosotros mismos, la preocupación del ser humano vuelve por sus cauces lógicos: no se trata tanto de conseguir que el 8% viva tan mal como el 92%, sino que el 92% genere la suficiente riqueza como para alcanzar el nivel de desarrollo del 8%.

Y en esta sede tengo buenas noticias: la globalización es un muy buen marco institucional para combatir la pobreza. Leamos, si no, el informe de Milanovic: “La sorpresa está en que el tercio más pobre de la población mundial también ha experimentado importantes ganancias en sus rentas reales, con incrementos que oscilan entre el 40% y el 70%. La excepción es el 5% más pobre de la población, cuya renta real se ha estancado. Es este aumento de las rentas de la base de la pirámide global lo que ha permitido que el número de pobres absolutos (según la definición del Banco Mundial, es decir, aquellos que disfrutan de una renta inferior a 1,25 dólares internacionales por día) haya descendido desde el 44% al 23% en los últimos 20 años”. En suma, la pobreza mundial se está reduciendo a ritmos jamás antes contemplados porque el 50% más pobre del planeta ha visto como su renta crecía hasta un 80% en dos décadas, empezando a convertirse en “una clase media global”, tal como reza en el informe. Un fenómeno inaudito en la historia de la humanidad del que deberíamos sentirnos orgullosos.

Ahora bien, ¿entonces a qué se debe que el 5% más pobre de la población global se quede estancado y que la renta del 1% más rico crezca a ritmos del 60%? Bastante sencillo: el 5% más pobre es aquella parte del mundo que hasta 2008 apenas había accedido a la globalización debido a las enormes trabas de sus caciques locales (especialmente, grandes regiones de África). En cambio, el 1% más rico representa a aquella población que ha contribuido a financiar la globalización elaborando los bienes que esa nueva clase media emergente ha empezado a demandar, esto es, los que han aportado hasta la fecha un mayor valor añadido dentro del proceso de internacionalización de nuestras economías.

Al contrario de lo que transmiten engañosos titulares de prensa, si queremos que la pobreza mundial siga reduciéndose tal como lo ha venido haciendo en los últimos 20 años, será menester profundizar en la globalización, esto es, en el capitalismo de libre mercado.

ENLACES RELACIONADOS

PIB per cápita en el mundo: año 0 – año 2000 D.C.La globalización reduce la pobreza y la desigualdad
Guy Sorman, Xavier Sala i Martín y el fin de la pobreza masiva
Capitalismo al rescate: la globalización, al servicio de los más pobres
Relación entre libertad económica y educación, pobreza, PIB per cápita y déficit
En 2012, medio millón de peruanos salieron de la pobreza
Cae la pobreza en Colombia
El socialismo de Rafael Correa frena la reducción de la pobreza en Ecuador
La pobreza mundial se ha reducido a la mitad entre 1990 y 2010
Sobre la “pobreza” en EEUU: una aclaración para europeos
Latinoamérica sigue reduciendo sus tasas de pobreza
OMC y pobreza mundial
Globalización y lucha contra la pobreza: Kenia y la UE
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Cómo no se consigue reducir el hambre y la pobreza en el mundo
La Política Agraria Común de la UE: despilfarro, alimentos caros y pobreza en el Tercer Mundo
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Se acaba 2012, el mejor año de la Historia
África, ¿la próxima gran historia?
Crecimiento y desarrollo socioeconómico en África.

El cheque escolar en Suecia

Un amable lector me manda este reportaje de Euronews sobre el sistema de cheques educativos que ha implementado Suecia a lo largo de las dos últimas décadas.

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=6zqAogokLOM?rel=0]

Hemos hablado de estos temas en diferentes ocasiones, pero hoy quiero compartir algunos enlaces hasta ahora inéditos en este blog pero que también tratan esta cuestión. El primero es una entrevista de XL Semanal que trata este asunto. El segundo es un viejo artículo de Alicia Delibes para La Ilustración Liberal. El tercero es un informe de Valentín Bote para la Fundación Faes. El cuarto es un reportaje de ACEPrensa sobre esta cuestión.

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La Sanidad en Holanda y Suecia.- Mitos y realidades sobre el liberalismo y el estatismo en Suecia.
Cómo el capitalismo salvó a Suecia.
La deuda mundial bate récords: España frente a Suecia.
El derrumbe del Estado del Bienestar en Suecia.
The Economist habla de la gestión privada de la sanidad sueca.
– “Ya probamos la Tasa Tobin en Suecia y no funcionó” (y II).
Por la libertad de elección en la educación.
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Capitalismo a la sueca: cómo bajar impuestos y gasto público para salir de la crisis.
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Suecia como ejemplo de liberalización.
Suecia, impuestos invisibles y Estado del Bienestar.

El legado de la Escuela de Chicago en Chile

El economista Cristián Larroulet, Ministro Secretario General de la Presidencia del Gobierno de Chile, ha escrito recientemente sobre los vínculos entre el liberalismo económico en su país y la Escuela de Chicago:

Como es bien sabido, se ha dado el nombre de Chicago boys a un conjunto de economistas chilenos que, a partir de la década de los 50, cursaron estudios de posgrado en la Universidad de Chicago, inicialmente gracias a un convenio de colaboración celebrado con la Universidad Católica de Chile en 1956. Esto permitió a un grupo de profesionales de nuestro país tomar contacto con la investigación económica más avanzada del planeta y empaparse de unas teorías que, por entonces, eran todavía prácticamente desconocidas en el mundo político, con muy contadas excepciones. Más tarde, el Movimiento Gremial, fundado por Jaime Guzmán y antecedente directo de la UDI, fue el primer grupo político chileno en incorporar en su ideario estos principios económicos.

Pero en el más de medio siglo transcurrido desde entonces las cosas han cambiado mucho. Con matices en el instrumental con que se las aplica, enriquecidas por los resultados de nuevas investigaciones y con las necesarias adaptaciones a contextos históricos diferentes, las teorías de Chicago forman parte hoy del sentido común económico en Chile y en buena parte del mundo. Chicago ayudó a entender que entregar amplios espacios a la iniciativa privada colabora más al desarrollo que la omnipresencia de un Estado planificador y empresario, que el libre comercio internacional es mejor que el proteccionismo, y que el equilibrio fiscal y la estabilidad monetaria son preferibles al déficit crónico y la inflación. Para comprobarlo, basta con recordar cuán diferente fue la conducción económica de Ricardo Lagos a la de Salvador Allende, o la de Eduardo Frei Ruiz-Tagle a la de Eduardo Frei Montalva; como también apreciar el amplio consenso que hoy existe en torno a las ventajas de un Banco Central autónomo. Por eso, no es nada extraño ni mucho menos preocupante que los economistas que defienden esas ideas tengan hoy vínculos políticos mucho más diversificados.

Larroulet también ha escrito recientemente sobre el positivo desempeño de la economía chilena entre 2010 y 2013. El avance, en su opinión, se debe a la intensificación de la libertad económica que ha desarrollado el gobierno de Sebastián Piñera. 

Las cifras de crecimiento que muestran que nuestra economía se expandió en los tres años recién pasados a un promedio de 5,8% -muy superior al 3,3% de los cuatro años previos- provienen del Banco Central, de cuya autonomía y rigor técnico nadie duda. Adicionalmente, son los antecedentes recopilados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) los que permiten concluir que, entre 2006 y 2009, Chile creció 0,3 puntos menos que Latinoamérica y únicamente 0,1 más que el mundo; mientras que, entre 2010 y 2012, lo hizo 1,2 puntos más que Latinoamérica y 1,7 más que el mundo.

Los datos de empleo del INE, que indican que en los últimos tres años se crearon más de 800 mil puestos de trabajo -comparados con 440.000 de los cuatro anteriores- son plenamente consistentes con los que arroja la encuesta de empleo de la Universidad de Chile, según la cual solo en el Gran Santiago, donde vive poco más de un tercio de los chilenos, se han generado 270 mil empleos.

La reducción de la pobreza que permitió conocer la encuesta Casen de 2011 -que registró un mínimo histórico de 2,8% para la pobreza extrema- coincide con la tendencia que reveló la Cepal. La caída en la desigualdad de ingresos, que llegó al nivel más bajo medido por la Casen desde que comenzó a hacerse en 1987 -luego de haber subido entre 2006 y 2009-, está en línea con la encuesta de empleo de la Universidad de Chile, que ha mostrado que en los últimos tres años la desigualdad de ingresos ha sido la más baja de los casi cuarenta últimos años.

La clara disminución del número de personas víctimas de delitos que reflejó la Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana (Enusc) de 2012, que arrojó el dato más bajo desde que empezó a realizarse en 2003, es perfectamente congruente con los antecedentes de la Fundación Paz Ciudadana y los datos de denuncias del Ministerio Público. La mejora en los resultados de aprendizaje escolar que evidencia el Simce resulta corroborada por las pruebas internacionales Timss y Pisa.

Adicionalmente, hay muchos otros rankings internacionales que reflejan los logros de nuestro país. En el Índice de Desarrollo Humano, que elabora el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y que mide tanto ingresos económicos como niveles de educación y salud, no solo subimos del lugar 42° al 40° del mundo, sino que nos convertimos en el primer país de Latinoamérica que superó a uno de Europa Occidental (Portugal).

Según el Índice de Percepción de Corrupción, de Transparencia Internacional, pasamos de ser el 25° a ser el 20° país menos corrupto del planeta, superando tanto a Estados Unidos como a la mayoría de los miembros de la Unión Europea. De acuerdo al Banco Mundial, en materia de facilidad para hacer negocios, que es también clave para el desarrollo, avanzamos del lugar 53° al 37°. Y el Índice de Eficiencia del Gasto Público, del Foro Económico Mundial, comprobó un súbito ascenso del 40° al 10° lugar, lo que significa que los recursos de todos los chilenos se están empleando de un modo mucho más fructífero.

A continuación pueden consultar una entrevista con Cristián Larroulet en la que trata algunos de los temas de su libro “Chile, camino al desarrollo”.

Por último, no dejen de ver esta conferencia en la que José Piñera analiza los retos pendientes de América Latina en materia de desarrollo socioeconómico:

¿Es Chile el país con mayor desigualdad de América Latina?

Dicen que una mentira repetida 1.000 veces se convierte en verdad. En Chile, no pocos anticapitalistas parecen seguir esta lógica cuando proclaman machaconamente que el país latinoamericano es el que mayor desigualdad de ingresos tiene en toda América Latina. Por supuesto, se trata de una falacia sin pies ni cabeza, como demuestran los informes de la CEPAL que vemos a continuación en formato ranking:

DesigualdadAméricaLatina1

DesigualdadAméricaLatina2

Además, si tenemos en cuenta los estudios de David Bravo y José A. Valderrama encontramos que calculando el índice Gini ajustado a las encuestas nacionales, Chile es el tercer país de la región con una distribución de ingresos más pareja. Algo parecido demuestra Claudio Sapelli, en su influyente estudio “Chile, ¿más equitativo?”.

Por otro lado no está de más señalar que la reducción en la desigualdad de ingresos alcanzó un mínimo histórico en 2011. Así lo vemos en la Encuesta Casen, publicada desde 1987. Según este indicador, la desigualdad sí había crecido entre 2006 y 2009, pero ha experimentado una reducción progresiva en los últimos tres años. Esta conclusión coincide con las que encontramos en las encuestas de empleo de la Universidad de Chile, que muestran que la desigualdad salarial en 2013 es la más baja de los 40 últimos años. Teniendo en cuenta todo lo anterior, queda más que demostrado que Chile no es, en absoluto, el país con mayor desigualdad de ingresos de América Latina.

Por otra parte, nunca está de más recordar que la desigualdad de ingresos no debería preocuparnos si surge en el marco de una economía de mercado. Al fin y al cabo, dos personas pueden progresar a nivel salarial de modo desparejo pero esto no significa que ambos estén peor.

El verdadero problema, por tanto, es la pobreza, y en este campo Chile no ha parado de mejorar, gozando de la menor tasa de pobreza de toda la región y de la clase media más ancha.

Ricardo Darín y la "maquinaria capitalista"

1930_10238El actor argentino Ricardo Darín visitó recientemente España para presentar uno de sus últimos cinematográficos. No obstante, aprovechó su entrevista con el diario El Mundo para opinar sobre la situación económica actual.

Comencé a leer la entrevista con cierta sorpresa, ya que Darín respondió al periodista Pedro Simón que, en su “diccionario personal”, la palabra “crisis” significa “cambio, oportunidad”. La cosa empieza a decaer cuando la entrevista avanza y llega la pregunta sobre la expropiación de YPF que ejecutó el gobierno argentino en contra de la empresa petrolera española, Repsol.

Darín intenta esquivar la pregunta primero (“Yo creo que ni Repsol es España ni Argentina es YPF”), para luego declarar que la decisión le pareció “improcedente, con cierto derecho, pero improcedente en las formas. Sobre todo tratándose de países amigos”. ¿En qué quedamos, Señor Darín? ¿Esta es una cuestión entre países o una disputa empresarial? ¿Y de verdad le parece que esta operación solamente fue negativa en las formas?

La cosa empieza a oler a chamusquina, y como demuestra la hemeroteca, el actor ya ha declarado en otras ocasiones que la privatización fue “una equivocación”. Pero volvamos a la entrevista de Darín con El Mundo, porque la siguiente respuesta del actor nos lo deja todo un poco más claro.

P: Señor Mafaldo, ¿qué sopa es Fernández de Kirchner?

R: Una sopa de cabello de ángel. Agradable dependiendo de la hora del día.

No debería sorprendernos esta respuesta: antes de las últimas elecciones presidenciales argentinas, Darín ya anunció que votaría por CFK… En fin. Sigamos:

P: Ahora que se habla del rescate, ¿cuándo empezó el secuestro?

R: Cuando el mundo aceptó que el gobierno de los mercados era el mejor sistema posible.

Curiosamente, si el gobierno fuese de “los mercados” y no de los políticos, es muy probable que nadie le hubiese preguntado por la expropiación de YPF. También resulta curioso que Darín diga que “el gobierno de los mercados” no es “el mejor sistema posible” pero no nos explique qué propuesta alternativa nos recomienda.

Esta entrevista nos demuestra que ficción y realidad no tienen por qué ir de la mano, ni mucho menos. Si repasamos las tres últimas películas que Darín ha estrenado fuera de su país, encontramos argumentos a favor de la justicia privada (“El secreto de sus ojos”) y posiciones en contra de las obras faraónicas financiadas con dinero público (“Elefante blanco”). No obstante, si nos atenemos a las declaraciones de Darín, lo cierto es que parece que tratamos con un entusiasta más del estatismo y el intervencionismo.

Un buen ejemplo de esa contradicción lo tenemos en el análisis que hace el propio actor de “Elefante blanco”. Esta película muestra el caótico resultado de un mastodóntico complejo sanitario estatal que acabó convertido en un peligroso barrio marginal. Sin embargo, cuando a Darín se le pregunta por lo que le inspiró su participación en la película, su preocupación es otra:

“Cuando hablamos de un montón de personas condenadas por cuestiones geográficas, de sentido común, de criterios, voluntades, diseño, política; cuando nos damos cuenta de quiénes son los que más sufren en el sistema capitalista y en base a qué se sostienen esos pocos que más tienen, te dan ganas de ponerte a llorar, porque, en realidad, todos estamos metidos en esa maquinaria”

Suponemos, eso sí, que la “maquinaria capitalista” que tanto irrita a Darín no es tan mala cuando sirve para distribuir comercialmente sus películas.

América Latina crece a dos velocidades

Sara Schaefer Muñoz escribe en el Wall Street Journal sobre la creciente brecha económica que empieza a apreciarse en América Latina. “La trayectoria de las economías de América Latina se está bifurcando conforme países como Perú, Colombia, México y Chile crecen más rápido que el promedio global, mientras que Argentina y Brasil afrontan desaceleraciones debilitantes”, afirma.

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Como apunta Sara Schaefer, “aunque toda la región ha perdido fuerza en los últimos años, el desempeño de las economías más abiertas ha sido mejor. Perú y Chile, por ejemplo, registraron crecimientos de 6,5% y 5,7%, respectivamente, en el tercer trimestre comparado con igual período del año anterior, de acuerdo a información reciente. Colombia se expandió 4,9% interanual en el segundo trimestre y México avanzó 4,2% en los primeros nueve meses del año frente a igual lapso de 2011, lo que casi triplica el crecimiento de Brasil. Argentina, en cambio, apenas creció 2,4% en el primer semestre, comparado con el mismo lapso del año anterior”.

Schaefer subraya la buena trayectoria de Perú y Chile. Sobre el primero de estos dos países, recuerda que “ha promediado un crecimiento anual de alrededor de 6% en los últimos 10 años, el mayor de América Latina, lo cual le ha permitido reducir a la mitad el índice de pobreza durante ese lapso para dejarlo en 27%, según estadísticas del gobierno”. Respecto a Chile, Schaefer reconoce que “no está lejos” de los números de Perú, gracias a un “crecimiento anual del orden de 4,5% durante el mismo período”.

Pueden leer más haciendo click aquí. A continuación adjunto varios artículos de interés sobre este tema:

– Perú, locomotora del crecimiento económico en Latinoamérica.
– Perú: crecimiento del PIB por encima de lo previsto para 2T 2012.
– Buenas perspectivas económicas para Perú.
– Capitalismo al rescate: Perú sigue creciendo.
– La década dorada del Perú.
– José Piñera: “América Latina necesita grandes reformas para continuar creciendo”.
– Chile roza el pleno empleo y crecerá al 4.5% en 2013.
– La brecha del desarrollo socioeconómico en América Latina.
– El camino a la servidumbre de Argentina.
– La izquierda vegetariana se ha comido a Chávez.

Capindialismo: el impasse de las reformas aperturistas en India

En una excelente serie de tres artículos publicada por el Instituto Juan de Mariana, Francisco Moreno traza un breve recorrido por la historia económica moderna de India. La primera parte de la serie analiza los “dislates tras la independencia” (pueden leerla al completo aquí).

“Después de la independencia en 1947, buena parte de los recursos de la India se orientaron hacia la creación de un Estado democrático, pero centralizado y de exaltación nacionalista (…). La India se adhirió de forma entusiasta al modelo de desarrollo socialista desde su independencia. Se impuso una economía de planificación centralizada. El padre de su emancipación moderna, JawāharlālNehru, fue un rendido admirador de la economía soviética y de Stalin (la misma URSS ofreció apoyo a la descolonización india)”

“Las reiteradas manipulaciones en los procesos de mercado fueron llevadas a cabo mediante sucesivos planes quinquenales aún hoy existentes (el año próximo estrenarán su duodécimo plan económico). Con frecuencia se olvida que la India era la séptima nación industrial antes de su independencia”

“La heredada burocracia del imperio británico no hizo sino crecer y perfeccionarse tras su independencia. Llegó a límites irracionales. Como botón de muestra mencionaremos la licencia Raj, vigente hasta 1991. Con la coartada de distribuir (¡ah, los distribuidores!) equitativamente el trabajo entre todos los indios y todas las regiones de la India, durante más de cuarenta años toda actividad económica de aquel país estuvo sometida a innumerables permisos por parte de laberínticas instancias burocráticas”

“El nivel promedio de aranceles llegó a ser del 87%. Las teorías de Raúl F. Prebisch y de Gunnar Myrdal fueron las inspiradoras de tamaño desvarío al ignorar que el comercio es siempre una fructífera relación entre comprador y vendedor. Otros “hitos” de la emancipación nacional vinieron luego de la mano de Indira Gandhi al decretar la autonomía alimentaria, así como los programas de esterilización semiforzosa en un intento de diseño arrogante de desarrollo. En consonancia con estas ideas dominantes de entonces, muy pocas voces se alzaron contra dicho modelo aberrante de crecimiento. Sólo la honestidad intelectual del lúcido Peter Th. Bauer brilló con luz propia como excepción crítica frente aquella opinión mayoritaria”

“El populismo reinante de aquellos años se reflejó asimismo en una tributación confiscatoria y caprichosa. Mientras la actividad agrícola quedó exenta, los tipos del impuesto directo fueron aumentando gradualmente hasta llegar a alcanzar el 97,5% (!) en el tipo marginal superior. El impuesto de sociedades, por su parte, vio fluctuar su tipo impositivo entre el 55 y el 80%. Era probablemente el país con la mayor carga tributaria del mundo. La evasión se convirtió en una cuestión de supervivencia”

A finales de los 80, el desastre económico cambió el rumbo de las políticas económicas indias, alimentando un giro de corte liberal que Francisco Moreno describe en la segunda parte de la trilogía (pueden acceder a dicha entrega haciendo click aquí).

“En julio de 1991, caído el muro de Berlín y estando ya la planificada economía soviética y la propia URSS ambas en coma, se desregularon en la India muchos sectores, se bajaron decididamente los impuestos, se devaluó la rupia junto a su progresiva convertibilidad, se controló la inflación, se redujo el déficit presupuestario, se cortaron subsidios y subvenciones, se privatizaron algunas industrias estatales, se desmanteló la infausta licencia Raj, disminuyó el control del gobierno sobre el comercio exterior y se fomentaron las inversiones del exterior, entre otras. Sólo a partir de aquellas medidas patrocinadas por Narasimha Rao y, más tarde, por Manmohan Singh, la economía india se puso verdaderamente en marcha al desembarazarse de muchas de las trabas sangrantes que impedían su desarrollo desde que obtuvo la independencia

“El muy imperfecto capitalismo activado hace ya veinte años está dando sus frutos. Las exportaciones, las importaciones y las reservas han ido aumentando sostenidamente cada año. La famosa “tasa de crecimiento hindú” quedó más que duplicada desde entonces. Si observamos la propiedad de sus principales empresas por volumen de facturación, el 41% son estatales, otro 41% son propiedad de tradicionales sagas familiares (Birla, Tata, Ambani, Singhania, Mittal, Mahindra, Agarwal…) y el 18% restante son de titularidad institucional o tienen el accionariado más difuso. Sin embargo el grueso del entramado empresarial está formado por millones de pequeñas o medianas empresas dispersas por doquier que han resurgido al calor de las reformas de 1991. Sus anhelos y proyectos modestos contribuyen a su manera a la modernización y prosperidad de su país. Estas pymes son las que contratan la mayor parte de la fuerza laboral india; muchas de ellas operan en la economía sumergida”

“Inesperadamente la nueva economía india se especializó en servicios de software y en la tercerización de otros servicios técnicos y de información. En concreto, la industria de la tecnología de la información fue el primer sector que tuvo éxito fuera de sus fronteras sin ser parte de ninguno de los planes del gobierno de la India. La Administración no supo cómo regular ni hacer tributar todo lo relativo a dicha tecnología. La dejó a su suerte –en contraste con las computadoras y demás equipos de hardware-, por lo que se convirtió por sí sola en una de las actividades más pujantes e innovadoras del país”

“El índice de pobreza en la India, según estándares actualizados del Banco Mundial, que estaba en torno al 55% de la población en 1980, pasó al 45,3% en 1994 para descender acusadamente al 29,8% en 2011″

No obstante, aquella liberalización parcial no será suficiente para asegurar la prosperidad. De ahí que Francisco Moreno haya publicado un tercer artículo en el que llama a India a asumir una nueva ronda aperturista para evitar el impasse actual y recuperar la senda del crecimiento y el desarrollo. Pueden leer esa tercera pieza en su totalidad haciendo click aquí.

Chile roza el pleno empleo y crecerá al 4.5% en 2013

El último análisis de perspectivas económicas de BBVA para Chile confirma la buena marcha del país latinoamericano. En 2010 y 2011, la economía chilena ya había sorprendido sorpresivamente a los expertos, firmando tasas de crecimiento del 5.3% y del 5.9%, respectivamente. La evolución siguió siendo positiva durante el presente ejercicio, y según cálculos del BBVA, el crecimiento medio de los tres primeros trimestres de 2012 fue del 5.4%.

La incertidumbre económica en el panorama internacional desacelerá levemente el progreso de la economía chilena, pero las estimaciones de BBVA fijan el crecimiento esperado para 2013 en un nada despreciable 4.5%, nivel que solamente será superado por Perú.

Como consecuencia de este excelente desempeño, Chile ha conseguido crear casi 700.000 puestos de trabajo desde que el Presidente Sebastián Piñera llegó al poder. Dicho éxito se ha traducido en niveles considerados de pleno empleo, con una tasa de desempleo del 6.5% durante  todo el tercer trimestre del año. El crecimiento del empleo en 2011 fue del 5.1%, mientras que en el presente año, su aumento se calcula entre el 1.5% y el 2%. BBVA estima que la tasa de paro podría llegar a alcanzar el 6.1% antes de finales del presente año. Esta cifra es notablemente inferior al 9% heredado por la presente Administración.

Durante esta fase de expansión económica, Chile no ha generado ninguna burbuja crediticia basada en un endeudamiento excesivo. Las siguientes tablas muestran que el volumen de financiación a crédito que ha fluido hacia el sector privado ha ido a menos, y no a más, desde 2008, por lo que el crecimiento de Chile se antoja especialmente sostenible, al no estar respaldado de una burbuja crediticia.

En esta línea, podemos comprobar que la inflación acumulada entre enero y agosto apenas alcanzó el 0.6%. Está previsto que los precios cierren 2012 con un aumento medio del 2.2%, lo que supone un 0.1% menos de lo proyectado en julio por BBVA y confirma que la política monetaria del país chileno ha sido sensata precisamente cuando muchas economías avanzadas han destacado por la irresponsabilidad de sus bancos centrales.

En lo tocante a los presupuestos del Estado, el próximo ejercicio vivirá un excesivo aumento del gasto público, que crecerá a un ritmo del 6% y, por lo tanto, se expandirá más rápido que la economía chilena. A esto le unimos una reforma tributaria que, pese a haber pretendido actuar con neutralidad recaudatoria, ha generado mayores obligaciones fiscales a las empresas.

Las buenas noticias en este sentido son que tanto el equilibrio presupuestario como la deuda pública mantienen previsiones razonablemente buenas. El gasto público en 2012 se producirá en un contexto de superávit equivalente al 0.5% del PIB, mientras que la ratio de deuda/PIB se mantendrá por debajo del 11.5%.

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