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Volkswagen y los vicios del «capitalismo renano»

Volkswagen no es un símbolo de empresa capitalista en el sentido prístino del término sino una expresión paradigmática de los vicios derivados de un modelo, el capitalismo renano, un sistema muy politizado y burocratizado en lo referente a la gestión de las grandes corporaciones. 

De entrada, el Gobierno de Baja Sajonia tiene una participación sustancial en el capital de Volkswagen, el 12,7%, que le concede un 20% de los derechos de voto. Otros accionistas, Qatar Holding con el 24,3% o los inversores institucionales extranjeros con el 15,6%, tienen una mayor proporción en el accionariado que el ejecutivo regional y, sin embargo, sus derechos políticos son menores que los de éste. Ello significa que el sector público tiene una minoría de bloqueo en todas las decisiones estratégicas de la compañía y, por tan- to, una responsabilidad directa en su toma de decisiones. Por añadidura, el free float de VW supone aproximadamente del 19% del total, lo que debilita el control de la compañía por el mercado de capitales. 

Por añadidura, el consejo de supervisión de la compañía que elige al comité de dirección se compone de 20 miembros. De ellos, dos corresponde nombrarlos al Gobierno de Baja Sajonia y 10 más a los representantes de los trabajadores de acuerdo con la ley alemana de cogestión. Esto supone que la mayoría de quienes forman parte del máximo órgano de administración de VW tienen un origen político, mientras los accionistas privados tienen una presencia minoritaria en él, ocho miembros. Son designados por la junta general de accionistas, entre cuyas atribuciones no está la de elegir a quienes dirigen la corporación, una anomalía en cualquier empresa privada.

Una compañía con una elevada participación gubernamental en su accionariado, con un volumen bajo de títulos negociables en Bolsa y con instituciones de gobierno corporativo dominadas por los políticos, en sentido amplio, tiene una tendencia estructural a sortear y burlar los controles internos y externos establecidos a los gestores o, al menos, tiene un alto riesgo de que ello suceda.

Lorenzo Bernaldo de Quirós, El Mundo, 4-10-2015

Las rentas del capital no ganan cuota si se excluye la revalorización inmobiliaria

 

Los estudios más pesimistas sobre la desigualdad afirman que las rentas del trabajo pierden peso frente a las del capital. En realidad, analizando el periodo que va de 1948 a 2010 y tomando como referencia a EEUU, Canadá, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Japón, vemos que las rentas del capital se han movido de manera constante entre el 25% y el 30%. Además, si descomponemos las rentas del capital vemos que el peso del ingreso derivado de los ingresos que aporta el sector inmobiliario va a más, al contrario que ocurre con el resto de fuentes de capital. IMG_0628

Canadá reduce un 30% el gasto en «ayuda al desarrollo»

Canadá ha ajustado sus presupuestos públicos en búsqueda de eficiencia y ahorro. Una de las consecuencias de la estrategia del gobierno Harper ha sido un ajuste del 27% en la «ayuda al desarrollo». También en defensa hay contención del gasto: se queda en un 1% del PIB, el nivel más bajo del G-7.

 

Snowdon habla sobre desigualdad, riqueza y movilidad social en Reino Unido

emvideo-vimeo-78860608_0Interesantes apuntes de Christoper Snowdon (autor de «Egoísmo, Codicia y Capitalismo«) en el blog del IEA:

Desde comienzos del siglo XX, el ingreso medio del trabajador británico se ha multiplicado por cuatro. Si analizamos el periodo que va de 1975 a 2015, vemos que en términos reales el sueldo real se duplicó, tanto entre trabajadores a tiempo parcial como entre empleados contratados a tiempo completo. Entre el 10% de menos renta, el sueldo real también se duplicó. Si contamos al 20% de menor renta, la subida del ingreso llega al 93%.

Las tasas de pobreza relativa distorsionan el debate. Se define así a quienes ganan menos del 60% del sueldo mediano. En 1979, esta categoría incluía al 13% de la población frente al 18% de 2015. Sin embargo, las cifras de ingresos antes mencionadas muestran que la condición de vida de estas personas no fue a peor, sino a mejor. Por otro lado, en 2010 y 2011 vimos como la tasa de pobreza bajaba, pero precisamente porque había sueldos más bajos.

La desigualdad medida en el Coeficiente Gini viene bajando desde que tocó techo en 1990. En 2011-2012 alcanzó 32,3 puntos, el menor nivel desde 1986, en plena Era Thatcher.

En 1900, los trabajadores dedicaban 3.000 horas anuales a su empleo. Hoy, en la OCDE esta cifra ha bajado a 1.800. De media, el profesional británico dedica 36,4 horas semanales a su desempeño laboral, por debajo de las 38,1 horas de 1992 o las 37,7 de 2000.

Entre quienes nacieron en el periodo que va de 1980 a 1984 vemos que un 78% había cambiado su nivel de ingresos antes de llegar a los 30, lo que arroja el mismo nivel de movilidad social que el observado para los nacidos en 1946, 1958 o 1970. Entre las mujeres, la ratio llega a superar el 80%.

¿Y si medimos la desigualdad a lo largo de toda la vida y no solo de manera aislada?

El Instituto de Estudios Fiscales de Reino Unido ha publicado un interesante informe sobre la desigualdad, la movilidad social y la pobreza en las islas británicas. De acuerdo con el documento, quienes llegan a estar al menos una vez entre el 10% más pobre pasan menos del 20% de su vida en dicho segmento. Por otro lado, el documento apunta que ni los grandes recortes en programas de «gasto social» aprobados durante la Era Thatcher ni los fuertes aumentos del presupuesto público en los años de Gordon Brown tuvieron efectos significativos en la perspectiva a largo plazo de la desigualdad.

Más interesante aún, si cabe, es el informe comparado entre la desigualdad medida en la actualidad y la desigualdad observada a lo largo de toda una vida profesional. En el primer indicador, el resultado neto del Coeficiente Gini es de 0,337; en el segundo, del 0,239. Según el documento, «esto indica que parte importante de la desigualdad de ingresos se da de manera puntual, mientras que la tendencia a largo plazo muestra cifras mucho más bajas».

Como refleja la gráfica, la desigualdad medida anualmente oscila al alza o a la baja, dependiendo del ciclo económico en gran medida. Sin embargo, la desigualdad observada a lo largo de toda nuestra vida arroja una evolución poco volátil, casi constante.
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