¿Estallido social por la crisis? La tasa de criminalidad, en mínimos históricos

España registra la tasa de criminalidad más baja desde el año 2003, según un informe del Ministerio del Interior, cuyos dirigentes no ocultan su indisimulada satisfacción por este hecho. Teniendo en cuenta el número de habitantes y otros parámetros, España sufre menos delincuencia que Suecia, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Alemania, Luxemburgo, Holanda, Austria, Reino Unido, Francia e Italia. Sólo Portugal y Grecia están mejor en este aspecto.

Las infracciones penales —delitos y faltas— registradas en toda España en 2013 fueron 2.172.133, lo que supone un descenso del 4,3% respecto al año anterior y dejó la tasa de criminalidad en 46,1 delitos por cada 1.000 habitantes, el índice más bajo de los últimos 12 años.

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Criminalidad España Tasa Delitos Faltas

Paso a paso hacia un mundo mejor

Interesante artículo de opinión de Gabriela Calderón:

Celebremos el mejor año de la historia. 2013 lo fue. Nunca antes en la historia de la humanidad tantas personas habían vivido vidas tan largas ni tan cómodas. La pobreza, la violencia, el trabajo y la mortalidad infantil, todos han caído alrededor del mundo a niveles sin precedente histórico. Entre 1990 y 2010 la proporción de la población mundial que vivía con menos de $1,25 (cifra ajustada para la paridad del poder adquisitivo) al día cayó de 43,1% a 20,6% o, visto de otra forma, 693 millones de personas abandonaron la pobreza.

El promedio mundial de expectativa de vida al momento de nacer ha pasado de 52 años en 1960 a 69 años en 2010. De cada 1.000 niños que nacían en 1960, un promedio de 108 fallecían antes de cumplir 5 años. Hoy, esa cifra ha caído a 28 en 2011. En 2012 la Organización Mundial de Salud declaró que la proporción de personas sin acceso a una fuente de agua potable se redujo en más de la mitad: a 11% desde 24% de la población mundial en 1990. Cada vez menos niños trabajan: en 1950 cerca del 40% de los niños en África trabajaban, para 2010 esta proporción había caído a menos de 25%. Esta es una tendencia que se sostiene a nivel mundial, cayendo la proporción mundial de niños que trabajan de más de 25% en 1950 a alrededor de 5% en 2010.

Puede que estemos viviendo en los tiempos más pacíficos de la historia de la humanidad. Steven Pinker de la Universidad de Harvard dice en su libro The Better Angels of Our Nature que: “las guerras tribales eran nueve veces más mortales que las guerras y los genocidios del siglo veinte. La tasa de asesinatos en la Europa medieval era más de treinta veces lo que es hoy. La esclavitud, los castigos sádicos, y las ejecuciones frívolas eran características normales de la vida durante milenios, luego fueron abolidas repentinamente. Las guerras entre los países desarrollados han desaparecido e incluso en el mundo en vías desarrollo, las guerras ahora matan a una fracción de la cantidad de gente que mataban hace tan solo unas cuantas décadas”.

Vivimos en un mundo más saludable. Por ejemplo, los datos señalan que se ha detenido el avance del VIH/SIDA cayendo el total de muertes a nivel mundial por causa de esta enfermedad de 1.936.100 en 2004 a 1.662.900. Esto podría ser el resultado de la creciente cobertura de terapia antiretroviral: en 2004 solo 17% de aquellos con un caso avanzado de VIH tenían dicha cobertura, en 2009 esta proporción había aumentado a casi 37%.

Desde la crisis financiera en 2007-2008 una ola de pesimismo ha invadido gran parte de la discusión. Algunos vieron la oportunidad perfecta para cuestionar la globalización/capitalismo y hacer un llamado a un rol más protagónico del Estado en las economías. Pero como pueden ver, la narrativa de un mundo en declive simplemente no está respaldada con datos. Lo que si se desprende de los datos es que la última ola de globalización ha coincidido con impresionantes mejoras en la calidad de vida para millones de personas alrededor del mundo.

Similares reflexiones hace Mario Noya en esta columna:

Nos puede parecer increíble a los españoles, pero lo cierto es que el mundo está mejor que nunca. La proporción de gente que vive con menos de 1,25 dólares diarios ha pasado del 43,1% en 1990 al 20,6% en 2010; la expectativa media de vida era de 52 años de 1960 pero de 69 en 2010; la mortalidad en menores de 5 años se cifraba en el 108 por 1.000 en 1960 y en cambio en el 28 por 1.000 en 2011; la tasa de población sin agua potable ascendía al 24% en 1990 y se reducía al 11% en 2012… Mi compañero Diego Sánchez de la Cruz ofrece más datos fabulosos en este post, descriptivamente titulado “El mundo va a mejor”. No dejen de leerlo.

No se trata de emular al inefable Pangloss sino, ya digo, de reparar en los datos, de “ver en lo que es”, que diría Stendhal. Y ‘lo que es’ es que la Humanidad está viviendo los mejores momentos de su historia. Desde la Revolución Industrial y el advenimiento del capitalismo moderno, concreta y no casualmente. De ahí que, por ejemplo, sea injusto denominar al XX “el siglo de la Megamuerte”, a pesar de las guerras mundiales y la Shoá y otras espantosas devastaciones: “Si tenemos en cuenta que durante el siglo XX murieron más de seis mil millones de personas”, anota Steven Pinker en su monumental ‘Los ángeles que llevamos dentro’, “podemos estimar que durante ese siglo murió en combate en torno al 0,7% de la población mundial”. Si incluimos en la lista negra a los caídos por hambrunas y enfermedades relacionadas con la guerra, así como a los que perdieron la vida en “genocidios, purgas y otros desastres provocados por el hombre”, ese 0,7 se convierte en un 3%. Hagan click aquí y comparen con tiempos pasados. Con todos los tiempos pasados.

¿Moraleja? A pesar de todos los pesares, que siempre estarán ahí porque el mundo jamás será perfecto –¡ni lo quiera Dios!, que diría Lola Flores–, estamos mucho más mal que bien. Seamos realistas: hemos materializado innumerables veces lo imposible. Así que no tiremos al niño con el agua sucia, que los árboles no nos impidan ver el bosque… ¡y mucho cuidado con los atrasistas!: esta manga de liberticidas pretende llevarnos de vuelta a la barbarie milenaria con el obsceno cuento del buen salvaje y sus infames ideologías promisorias, que sólo garantizan muerte y miseria.

¿Debe España intervenir en Siria? Aplicando la Doctrina Weinberger

La Doctrina Weinberger trata de explicar de modo resumido las preguntas básicas que todo gobierno debe hacerse antes de iniciar una operación militar. En diferentes ocasiones he recurrido a este decálogo para explicar mi postura sobre la participación de España en determinados conflictos internacionales.

Pensando en el caso de Siria, estas son las ocho preguntas que habría que hacerse de acuerdo con la Doctrina Weinberger:

1. ¿Está en juego la seguridad nacional de España?

2. ¿Hay un objetivo claro e inequívoco en la operación militar propuesta?

3. ¿Se han analizado los costes y riesgos de la posible operación?

4. ¿Se han agotado las vías no violentas de presión?

5. ¿Hay una estrategia de salida lógica y clara para evitar una crisis extensa e interminable?

6. ¿Se han considerado todas las consecuencias no esperadas que podría desencadenar esta acción?

7. ¿Gozaría la operación de un respaldo social amplio?

8. ¿Existe un apoyo internacional generalizado, particularmente entre organismos y países vecinos al país en cuestión (Siria)?

De acuerdo con la Doctrina Weinberger, si entendemos que la respuesta a estas cuestiones es mayoritariamente negativa, entonces tenderemos a interpretar que no tiene sentido apoyar la participación de España en una hipotética operación militar en Siria (y viceversa).