Relaciones Internacionales

España se queda sin representación en el “Servicio Diplomático Europeo”

El Tratado de Lisboa incorporó el Servicio Europeo de Acción Exterior como extensión lógica de su división de Asuntos Exteriores. Incorporado bajo la dirección de Catherine Ashton, este “Servicio Diplomático Europeo” se ha quedado sin ningún español en sus doce puestos directivos.

Hoy leemos en ABC una excelente nota de opinión de José María de Areilza, que explica este (nuevo) fracaso de la política exterior española:

“A pesar de contar con excelentes profesionales, con gran preparación y trayectorias muy destacadas en política europea y exterior, nuestro Ministerio no ha entrado en esta pugna. Se ha contentado con aplaudir el nombramiento de cuatro españoles como jefes de delegación, aunque haya sucedido por méritos personales de cada uno y no por ningún apoyo oficial”

“En Bruselas, este caso de desistimiento español se interpreta como un ejemplo más de la desaparición política de España del conjunto de la escena europea. Nunca en la historia de la integración un Estado por decisión propia ha pasado con tanta rapidez de ser un interlocutor fiable y obligado a la irrelevancia”

“España emergió como un socio europeo de primer orden, capaz de aportar iniciativas y de defender con firmeza sus intereses. Hoy nos contentamos con ver el partido desde el banquillo”

Con una red de 130 embajadas y 50.000 millones de euros, el Servicio Europeo de Acción Exterior pretende ser la organización diplomática más potente del mundo. El Gobierno español apenas aspiró a conseguir la dirección del Comité Político y de Seguridad, y se vino de vacío. El puesto fue finalmente asignado a un sueco. “Ni ha habido una estrategia clara para centrar el tiro, ni se ha peleado lo suficiente. Se pusieron todos los huevos en la misma cesta. Y se negoció de una manera muy personalista”, sentencian las fuentes del diario ABC. Lo paradójico del caso es que España ha sido un país pionero a la hora de poner en marcha el Servicio de Acción Exterior Europeo. El primer político que ocupó el cargo de Alto Representante de la Unión fue el español Javier Solana, quien sólo pudo alcanzar el puesto gracias al apoyo del entonces presidente del gobierno, José María Aznar, quien, por cierto, debió negociar muy duramente para sacar adelante el nombramiento, como subraya el diario madrileño.

¿Regreso al patrón oro?

El siguiente texto contiene anotaciones sobre una serie de artículos publicados por Richard M. Ebeling, Martin Wolf y Robert Zoellick. El grueso de estos fragmentos pertenece al análisis que Ebeling hizo de un artículo de Wolf que analizó las ventajas del regreso al patrón oro. Así mismo, se incluyen acotaciones y notas propias, y referencias tomadas del artículo del presidente del Banco Mundial (Zoellick) que también llamó a considerar este cambio.

El 1 de Noviembre, el columnista de Financial Times, Martin Wolf, escribió un artículo preguntando precisamente si el mundo podría volver al patrón oro. Wolf señaló que: “No es difícil entender las atracciones de un patrón oro. El dinero es una convención social. La ventaja de un vínculo con el oro (o alguna otra commodity) es que el valor del dinero estaría aparentemente libre de la manipulación del gobierno. El objetivo sería, entonces, despolitizar el dinero”.

Wolf apuntó una serie de objeciones al restablecimiento de un patrón oro: a/el hecho de que requeriría una revisión significativa al alza en el precio oficial del oro en términos de dólares, lo que le parecía injusto dado que daría una ganancia inmerecida a los actuales tenedores de oro; b/impondría costes de transacción adicionales en los intercambios internacionales, ya que algunos desequilibrios comerciales tendrían que saldarse a través de transferencias de oro;
c/ podría impedir una necesaria flexibilidad en el sistema bancario y financiero para que la autoridad monetaria contrarreste las fuerzas recesivas que puedan llevar a una caída en la producción y aumento en el desempleo.

Como observó Martin Wolf correctamente, una ventaja clave del patrón oro a lo largo de la historia es que eliminaba la mano del gobierno de la máquina de hacer billetes. Una y otra vez, los gobiernos han usado su poder o influencia sobre el sistema monetario para envilecer las monedas o imprimir papel moneda, con el fin de cubrir la diferencia entre los gastos del gobierno y los impuestos recaudados a partir de la ciudadanía.

Pero a pesar de las preocupaciones de Wolf, puede sostenerse que los costes de un patrón oro son mucho menores que los costes que ha impuesto sobre la sociedad la pésima gestión del sistema monetario por parte de los gobiernos de todo el mundo. Desde 1914, momento en el que se fundó el Sistema de la Reserva Federal como el banco central de los Estados Unidos, el mundo ha experimentado inflaciones severas, incluyendo una serie de hiperinflaciones, y la montaña de rusa de varios periodos de auge y recesión, incluyendo la Gran Depresión de los años 30 y la recesión actual de la economía global.
Colocar la suerte del sistema monetario mundial en manos de los planificadores centrales monetarios, quienes han tenido toda la discreción imaginable a través de su control sobre el papel moneda en lugar del oro, no ha asegurado un mundo sin inflaciones ni recesiones.

A mitad de la década de 1980, el destacado economista liberal Milton Friedman, quien durante décadas había propuesto un sistema monetario de papel moneda con la restricción de incrementar la oferta monetaria a partir de una estricta “regla” del 3% anual, admitió que su modelo intermedio estaba siendo abusado una y otra vez, convirtiéndolo en ineficaz. Decía que se había dado cuenta de que nunca ni a los gobiernos ni a sus bancos centrales podría interesarles resistir la tentación de imprimir dinero para cubrir el gasto público, servir a grupos de interés especiales, o avanzar en otros propósitos políticos de corto plazo.

Friedman concluía que, en retrospectiva, los costes sobre la sociedad desde 1914 de las inflaciones y el ciclo de auge y recesión causada por la mala gestión de la banca central eran mucho mayores que los costes que habrían estado asociados a la existencia de un patrón oro auténtico, libre de injerencias políticas y facilitador de las transacciones. Por esta razón, evolucionó de un monetarismo relajado y responsable a una oposición total a la misma Reserva Federal, cuya desaparición pidió en años posteriores (por ejemplo, en un diálogo público con Murray Rothbard).

Si la Reserva Federal parara de incrementar la oferta monetaria, y si se reestableciera legalmente una tasa de convertibilidad entre el oro y los dólares sobre la base del número total estimado de dólares en circulación en el mundo, dividido por la cantidad de oro que posee el gobierno norteamericano, cualesquiera “ganancias” financieras que obtuvieran los tenedores de oro se deberían a la ingente cantidad de dólares que ha sido creada por la Fed desde hace décadas. La apreciación del oro en términos de dólares se ha debido a la depreciación del dólar causada por una ilimitada expansión monetaria.

Finalmente, la preocupación de Wolf de que un patrón oro auténtico ata las manos de los gobiernos y bancos centrales y evita que lleven a cabo políticas discrecionales para manipular el sistema monetario, debería considerarse una ventaja, no un inconveniente. Sólo los más doctrinarios Keynesianos pueden negar que las recesiones pasadas y la actual fueron precedidas por auges insostenibles derivados de las expansiones monetarias y las manipulaciones de tipos de interés que desequilibraron los ahorros y las inversiones, estimularon artificialmente proyectos de construcción inadecuados, e hicieron que la fuerza laboral se dirigiera a empleos cuyo mantenimiento dependía de la burbuja.

Los auges inducidos por la expansión monetaria son la “causa” que precede a la inevitable contracción que le sigue. Eliminar o reducir radicalmente la posibilidad de que los bancos centrales y gobiernos creen artificialmente tales periodos de auge, significaría reducir notablemente la probabilidad de que existan recesiones económicas generalizadas. ¿Cómo pueden los banqueros centrales conocer cuáles deberían ser los tipos de interés de mercado, mejor que la interacción competitiva de prestamistas y prestatarios para el uso de los ahorros escasos para los variados propósitos de inversión? ¿Cómo pueden los banqueros centrales conocer cuál debería ser la cantidad y tipos de dinero y crédito existentes en el mercado, mejor que aquellos que desean usar distintos bienes para usos monetarios, e interactuar para realizar préstamos y obtener financiación?

El dinero surgió de las interacciones del mercado, a través de la búsqueda de la gente para conseguir formas mejores de facilitar sus transacciones. Los gobiernos no crearon el dinero; pero los gobiernos sí han sido muy creativos en diseñar maneras de monopolizar su control sobre el dinero, y manipular su cantidad y valor con propósitos políticos. Necesitamos, en palabras del economista austriaco F.A. Hayek, considerar la “desnacionalización del dinero”, y un orden monetario basado en una banca libre privada y competitiva. La siguiente fase de nuestro mundo post-comunista requiere el fin del socialismo monetario, que es lo que este modelo de banca central realmente representa.

Por qué Moratinos no conseguirá reducir el hambre y la pobreza en el mundo

Miguel Ángel Moratinos busca un puesto en la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. El que fuera ministro de Exteriores ha presentado una candidatura a la dirección general de dicho organismo para defender un “proyecto” que se centrará en cinco objetivos fundamentales. El primero de ellos será “erradicar la pobreza y el hambre en el mundo” para alcanzar “el primer objetivo de los Objetivos del Milenio” antes de 2015. Según ha afirmado, erradicar el hambre en el mundo “no es una utopía” si se tienen “los medios y la capacidad” para alcanzarlo. Además ha señalado que “si el hombre ha llegado a la luna” también “se puede eliminar el hambre en el mundo” y ha asegurado que él mismo tiene “la fuerza política y moral” para alcanzarlo.

Cuando Moratinos habla de que tenemos “los medios y la capacidad” para conseguir estos objetivos, ¿a qué se refiere? Por supuesto, está hablando de la llamada “ayuda al desarrollo”, que cada año le cuesta a España un esfuerzo de alrededor de 3,000 millones de euros.

Ningún país va a conseguir modernizarse a través de meras transferencias de renta. Las partidas de “ayuda al desarrollo” que ha entregado España en los últimos años son un buen ejemplo de ello: en 2008 conocimos que el Ministerio que entonces dirigía Moratinos destinó 50,000 euros a la enseñanza de la marimba en Ecuador, 155,000 euros para el proyecto “Perú: pescadores artesanales y turismo responsable”, 314,000 euros para una evaluación del “riesgo de tsunamis en la costa de El Salvador”, 730,000 euros para la “descentralización y el municipalizo en Angola”, 150,000 euros para crear un “Consejo Económico y Social en Guatemala”, 46,000 euros para el “Archivo de Sonidos del Perú”, 50,000 euros para el “Proyecto Muñecos por el Desarrollo”, etc.

Por supuesto, la “ayuda” no está sirviendo para promover ningún desarrollo estructural, como tampoco está reduciendo el hambre y la pobreza. Simplemente estamos ante una competición de grupos organizados por fondos públicos llegados de otros países. De desarrollo estructural, poco… o nada. De ahí que algunos le hayan cambiado el nombre a la “ayuda al desarrollo” para referirse a ella como el “desarrollo de la ayuda” (de la misma forma que podríamos sustituir el término “Estado del Bienestar” por el de “Bienestar del Estado”).

Miremos al sur de Europa: la diferencia de renta entre Europa y Marruecos es tremenda, pero también hemos decidido que este problema se solucionará mediante programas de “ayuda al desarrollo”. Así las cosas, entre 2011 y 2013, la Unión Europea va a entregar 580 millones de euros a nuestro vecino marroquí para este tipo de iniciativas.

¿Hay alternativas a este modelo fracaso que Moratinos quiere eternizar? Por supuesto: el comercio y la libertad económica deben ser nuestros mejores aliados para avanzar en este campo. Para que nos hagamos una idea, si la UE pusiera fin a las restricciones a los productos agrícolas de Marruecos, su economía crecería un 1,48% y crearía más de 90,000 puestos de trabajo.

La Política Agraria Común es solamente un ejemplo de las muchas barreras que se han impuesto a los países en vías de desarrollo. Al cerrarles la entrada a nuestros mercados, les cerramos las oportunidades de crecer y prosperar. Y al fin al cabo, sin prosperidad no hay reducción de la pobreza ni del hambre. Para hacernos una idea, miremos a Latinoamérica y comparemos el desarrollo de Chile y Perú frente a Venezuela y Bolivia…

Según la OCDE, un recorte del 75% en los aranceles y subsidios se estima que aumentaría la renta de los países en desarrollo en alrededor de 23.000 millones de dólares. Por su parte, el Copenhague Consensus estimó que liberalizar el comercio mundial era la medida más efectiva (con 3 billones de dólares de beneficios globales cada año, de los que 2,5 irían a países en vías de desarrollo) y de menor coste para luchar contra la pobreza. Y, por supuesto, no podemos dejar de citar los estudios de Xavier Sala i Martín sobre el impacto tan positivo que ha tenido la globalización en la reducción de la pobreza.

Sin embargo, si gana los comicios de rigor, Moratinos no llegará a la dirección FAO con ninguna de estas lecciones aprendidas. Por eso, jamás será capaz de reducir el hambre y la pobreza en el mundo.

The global risks for 2011, by the World Economic Forum

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La Fiesta de Pascua

A continuación reproduzco algunos fragmentos del artículo “¿Qué celebran?”, publicado por el Grupo de Estudios Estratégicos a raíz de la Fiesta de Pascua y sus implicaciones para el Ejército español y la política exterior de nuestro país. Consulten el texto completo aquí.

Nada ni nadie obliga a Carmen Chacón a romper el protocolo marcado por la Casa del Rey para el acto de la Pascua Militar; si se niega a vestir como el resto de invitadas, a ser distinta y a llevar pantalón es porque quiere y le da lo mismo, pues a diferencia de las demás mujeres, la ministro se lo puede permitir. En verdad –y con ser grave– es lo de menos que se salte a la torera las indicaciones de la invitación de la Casa Real: en ningún lado está escrito que un ministro no deba ser maleducado con el Rey, aunque hasta la llegada de este Gobierno a nadie se le pasase por la cabeza. También es lo de menos que se haga para regocijo de la prensa rosa, aunque desde luego es intranquilizador que la ministro de Defensa pase desapercibida en la OTAN y la UEO pero no lo haga en Sálvame o La Noria.

La Fiesta de Pascua fue instaurada por Carlos III tras la recuperación por parte de las tropas españolas de Menorca en el año 1782: fue el 6 de enero cuando comenzó el exitoso ataque español a la guarnición inglesa. Era y es ante todo un homenaje de la nación a sus Ejércitos, que en 1782 garantizaron con su sangre la unidad nacional y territorial española, cumpliendo con su deber.

Lo que significa que los militares deben ser los protagonistas el 6 de enero y a ellos debe estar destinado el acto. Ante ellos Carlos III y los monarcas posteriores rinden respeto y admiración cada año. Así que resulta humillante para los uniformados que de lo que se hable cada 6 de enero sea del pantalón de Chacón, todo por las ansias públicas de la ministro, y que si se produce es por su empecinamiento. Es verdad que el entorno invita, pues es ya un acto en el que son los políticos los protagonistas, con los uniformados como convidados de piedra: en ningún país occidental los militares se han convertido en el florero cubierto de medallas que sirve como decorado para los corrillos, los cotilleos y las miserias políticas. Su utilización grosera cada día 6 encarna plásticamente el maltrato socialista al estamento militar.

Contra y frente a los militares elaboró el Gobierno de Zapatero unas Reales Ordenanzas que han barrido del mapa toda una tradición de siglos, en un texto que hasta Chacón se había elaborado con mimo, esmero, prudencia y amor por lo militar. Justamente la elaboración más completa data de 1768, cuando el mismo Carlos III –cuya Pascua hoy se parodia y se desnaturaliza zafiamente– elaboró unas Reales Ordenanzas que duraron dos siglos –hasta el cambio de régimen de 1978–, y cuyo espíritu castrense y nacional se mantuvo hasta que la ministro de Zapatero las volatilizó en 2009 para elaborar unas que unánimemente son rechazadas entre los militares.

A Carlos III no le tembló el pulso para combatir a los piratas berberiscos en el Mediterráneo, a los que arrebató puertos y bases mediante la fuerza: justo lo contrario que la política defendida por España contra los piratas somalíes, que es de “bajas piratas, cero”. En Somalia la piratería sigue siendo un negocio próspero, y la millonaria operación Atalanta no ha conseguido reducir unos ataques que se siguen produciendo. Se han reducido a un coste económico altísimo, pero este esfuerzo económico tiene resultados escasísimos: los piratas ahora atacan en zonas distintas, utilizan más buques nodriza y llegan más lejos que antes. Los buques españoles siguen siendo hostigados, y se dedican a huir como pueden de los piratas. ¿Qué celebra Chacón, que incluso ha confirmado que dos españoles están ya secuestrados otra vez?

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