Internacional

Obama vs BP: cómo el gobierno aprovecha el desastre ambiental para seguir creciendo

Fragmentos del artículo publicado por el CATO Institute. Su autor es Alberto Benegas Lynch. Para consultar el texto completo, hagan click aquí.

En el clima intervencionista que vivimos, cada crisis es aprovechada para que el Leviatán de un paso más en dirección al aplastamiento de las libertades individuales. Ahora se trata de un calamitoso accidente de la cuarta empresa más grande del mundo en facturación: la British Petroleum.

El 20 de abril del corriente año se produjo una explosión en la plataforma de la BP para la explotación de petróleo “off-shore” que produjo once muertos y diecisiete heridos y un desastre ecológico de proporciones colosales en las costas estadounidenses y sus aledaños en la zona del Golfo de México.

Obama habló por primera vez en su gestión desde el Salón Oval y recurrió a terminología de guerra y combate. Declaró la guerra a la energía basada en el petróleo, manifestó que el gobierno adoptará las medidas necesarias para encarar fuentes de energía alternativas y decidió apropiarse de la BP veinte mil millones de dólares que se manejarán desde las esferas políticas para hacer frente a los daños (con lo cual, en caso de quiebra de la empresa en cuestión, colocará a los perjudicados en una posición de privilegio respecto a otros acreedores), todo lo cual no significa un tope al pasivo de la empresa para estos fines de reparación. Al mismo tiempo, el Comité de Energía y Comercio del Congreso increpó a los ejecutivos de la empresa, no para resolver el problema sino para aprovechar la oportunidad de pronunciar discursos rimbombantes.

Esos mismos gobernantes no pueden siquiera administrar bien el correo a su cargo y son responsables de la situación lamentable de EE.UU. en cuanto al déficit que muestra una relación con el producto nacional superior al de Grecia, una deuda pública que significa el noventa por ciento de lo que se produce anualmente y una inflación en marcha que pone en serio riesgo al futuro del dólar.

Respecto al discurso de Obama, debe señalarse que el Ejecutivo es para ejecutar las norma existentes y no para inventar e improvisar legislación sobre la marcha. Al mismo tiempo, el Presidente revela un desconocimiento superlativo del funcionamiento de la economía, puesto que las fuentes alternativas de energía se desarrollan en la medida en que los precios de la existente justifican esa investigación e implementación, lo cual no ocurre en la medida en que el aparato estatal se inmiscuye en el tema. Precisamente, este problema se puso en evidencia durante la administración Carter en los setenta cuando decidió imponer controles de precios, lo cual incrementó exponencialmente el consumo de petróleo al tiempo que no permitió que los precios incentivaran la exploración de fuentes eólicas, nucleares y solares.

Como ha escrito Frédéric Bastiat, el célebre pensador decimonónico “Cuando la expoliación se comete en forma habitual para un grupo de hombres que viven juntos en sociedad, crea para si mismo un sistema legal que lo autoriza y un código moral que lo glorifica”.

No encuentran “relevancia ni riesgo” entre cáncer e instalaciones nucleares

Un estudio global epidemiológico presentado este lunes por el Instituto de Salud Carlos III y el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) no ha encontrado “relevancia ni riesgo” entre los casos de cáncer y la cercanía a instalaciones nucleares, según ha asegurado el director técnico de Protección Radiológica del CSN, Juan Carlos Lentijo.

La investigación, realizada durante cuatro años a petición del Congreso de los Diputados en 2005, ha analizado 982 municipios y ha estudiado las posibles consecuencias desde 1975 hasta 2003, con la conclusión de que “no se han detectado resultados consistentes que muestren un efecto de incremento de la mortalidad por distintos tipos de cáncer” (se han analizado un total de 17, incluido la leucemia).

Según el estudio, tampoco se han detectado excesos de mortalidad por cáncer “estadísticamente significativos” debidos a la radiación natural en estos municipios. Igualmente, el trabajo concluye que las dosis estimadas acumuladas recibidas por la población de las áreas del estudio, como consecuencia del funcionamiento de las instalaciones, “son muy reducidas y están muy por debajo de los niveles que, con los conocimientos científicos actuales, podrían relacionarse con efectos en la salud de las personas”.

También hemos podido leer recientemente que en una central termosolar (en la inmensa mayoría de las que se están construyendo/proyectando actualmente) hay unos 2.000.000 kg de aceites térmicos altamente tóxicos y cancerígenos circulando por el campo solar y atravesando kilómetros de tuberías incluyendo conexiones móviles (necesarias debido al movimiento de rotación de los colectores). Ante una fuga no hay elementos de contención como en una nuclear. Ni una red de estaciones de medición en los alrededores de la central, como sí se obliga (correctamente) en el caso de las nucleares.

¿No va siendo hora de que se acaben los prejuicios? El debate nuclear es muy necesario para el futuro de España.

Paul Krugman está enfadado

Paul Krugman no está muy contento últimamente. Tras vivir con alegría la orgía intervencionista iniciada por la Administración Bush y expandida por la Administración Obama y países como Reino Unido o España, ahora le toca a replegar velas ante un nuevo fracaso más de la doctrina keynesiana que tanto defiende.

Hace algunas semanas  se quejaba de los “halcones del déficit”, pidiendo que siguiesen los “estímulos”, “rescates” y demás despilfarros inútiles. No entendía Krugman que países como España o Reino Unido se encuentran en una situación límite de endeudamiento.Ahora vuelve a la carga: el paladín del intervencionismo pide que se siga aumentando el gasto público “para ahorrar después. ¿Tan difícil es entenderlo?”, se pregunta irritado el Premio Nobel.

Quizá no entiende Krugman que en su propio país tiene un ejemplo muy claro del perverso efecto que tiene el aumento del gasto como eje de las políticas anti-crisis. Su visión de esta crisis sigue pensando que el mercado no debe permitirse una fase bajista que sirva de ajuste, lo que le lleva a defender el manguerazo de dinero público como solución divina.

El siguiente gráfico contradice a Krugman, mostrando el escaso impacto del Plan Obama en las tasas de empleo estadounidenses. Este resultado tan discreto contrasta con la pésima situación que enfrentan ahora las cuentas públicas.

El fuerte efecto expulsión (“crowding out”) que está provocando el intervencionismo económico no parece importar a Krugman, aunque la hipocresía es un rasgo habitual en sus escritos. No podemos olvidar que hace años pidió a la Reserva Federal estadounidense que bajase los tipos de interés “para crear una burbuja inmobiliaria que sustituya la burbuja tecnológica del NASDAQ”. El columnista del New York Times, por tanto, debería reconocer que ha sido un firme defensor de las políticas monetarias que han llevado al mundo a esta crisis.

Pero lejos de desistir, Krugman insiste. Dice que “los políticos están ansiosos por engañar a la economía cuando esta necesita ayuda“. ¿Por qué le llama ayuda cuando quiere decir intervencionismo, paternalismo e intromisión gubernamental? ¿Y por qué opina que debemos evitar el reajuste económico? ¿Acaso necesitamos que la burbuja siga en pie? ¿Acaso era sostenible y real el crecimiento alimentado artificialmente por el crédito barato?

El economista dice que “eventualmente” habrá que “aumentar los impuestos”, y aunque admite la necesidad de reducir el gasto, dice que “ahora no”. ¿Cómo sabremos cuándo es tiempo? Cuando la Reserva Federal haya vuelto a controlar un poco la economía. Entonces, el gobierno debe achicarse pero las tasas de interés deben congelarse”. ¡Tremenda receta la de Krugman! Que los tipos sigan por los suelos, que suban los impuestos, que el gasto siga creciendo…

Y sus despropósitos continúan: “lo responsable es gastar ahora y ahorrar después”. La evidencia de los últimos años no sirve. Si de Krugman depende, contra la crisis toca gasto, gasto y más gasto. Luego ya “ahorraremos”.

Es importante destacar que Krugman sigue sin entender que el ahorro es más importante que el consumo, que el crédito barato crea “burbujas” y no crecimiento sostenible, que los impuestos altos dañan la economía, que el empleo no es prioritario mientras se reordena la creación de riqueza o que el gasto público no sólo no es bueno, sino que apenas puede permitirse nuevos aumentos.

¿Qué tan difícil es empezar a juzgar la realidad por los hechos y no por viejos caprichos keynesianos, señor Krugman?

La deuda mundial bate récords: España frente a Suecia

Enredados por el inagotable Bienestar del Estado que conocemos como Estado del Bienestar, los políticos de todo el mundo llevan décadas recurriendo al endeudamiento como única forma de sostener promesas artificiales. Ahora que las finanzas internacionales están pobladas de números rojos, conviene asumir los excesos de gasto y reformar nuestras democracias para garantizar su estabilidad futura.

La experiencia sueca es una de las más saludables para este propósito. Hasta 1950, la socialdemocracia sueca abrazó el libre comercio como eje de desarrollo económico para el país nórdico. Sin embargo, desde los años 60 hasta finales de los 80, el programa de la izquierda sueca fue volviéndose cada vez más intervencionista, llevando el concepto de “Estado del Bienestar” a extremos insoportables.

Suecia apostó por un intervencionismo tan fuerte que la carga tributaria pasó del 28 al 56 por ciento del PIB entre 1960 y 1989. En 1960 los suecos pagaban un 2% menos de impuestos que el resto de países de la OCDE, mientras que en 1990 pagaban hasta un 54% más.

Aquella aventura no era sostenible, pero fomentó altas expectativas sociales que permitieron ocultar su ineficiencia real. Un ejemplo lo tenemos en la evolución del empleo en Suecia: entre 1965 y 1985 se destruyeron 284,000 trabajos en el sector privado mientras el sector público crecía en 850,000.

Cuando Suecia enfrentó, a finales de los 80, una profunda crisis financiera, todo aquello que la socialdemocracia había prometido se vino abajo. La única forma de mantener aquel modelo pasaba por endeudarse o adoptar reformas. Por fortuna, Suecia escogió una reforma liberal de la mano de Carl Bildt, alejando la insana tentación de la deuda que venían siguiendo los socialdemócratas.

Mediante un profundo cambio en el sistema de pensiones y una gran reforma laboral, financiera, sanitaria y educativa, los ciudadanos suecos abrazaron la iniciativa privada y la libertad de elección como ejes de una política que les ha permitido alejarse del endeudamiento y afrontar con fortaleza los retos financieros de la economía global.

Suecia es un ejemplo, pero también es una excepción. La deuda mundial está alcanzando máximos históricos semana tras semana, al calor de todo tipo de “gastos sociales”, “paquetes de estímulo”, “subvenciones”, “rescates”… Si sumamos el déficit presupuestario que han adquirido estos gobiernos con el endeudamiento privado de empresas y familias, el panorama es desolador para quienes sigan manteniendo la viabilidad de este paradigma.

¿Estamos, pues, ante un colapso de la economía libre? Por mucho que más de un gobernante nos lo quiera hacer ver así, estamos ante todo lo contrario. Si de algo sirve esta crisis es para poner de manifiesto excesos estatales y errores monetarios que han sembrado el cultivo para esta debacle.

Es el momento de plantearse muchas cosas. ¿Tienen sentido la Reserva Federal o los Bancos Centrales? ¿Podemos seguir confiando los éxitos políticos a la extensión del gasto público? ¿Es sostenible llamar al consumo sin antes fomentar el ahorro? ¿Debemos seguir subvencionando la economía? Un análisis frío de todas estas cuestiones negará la conveniencia de todas estas hipótesis.

Si Suecia es un ejemplo de lo que hay que hacer, la gestión española de esta crisis sirve de manual de texto para estudiar lo que no debemos hacer. Ni debemos dejar como está el sistema financiero ni debemos crecer de la mano de una burbuja inmobiliaria ni debemos negarnos a reformar el sistema de pensiones ni debemos bloquear una reforma educativa, ni debemos posponer una reforma energética ni debemos eludir una reforma laboral.

Peor aún: el Ejecutivo español, cuyas políticas de despilfarro son responsables de la mitad del déficit público, no puede seguir negándose a meter un drástico “tijeretazo” al nivel de gasto público que ha practicado durante años. La demagogia consistente en disfrazar el intervencionismo de “gasto social” ya ha agotado su curso, y el país enfrenta una situación de franca gravedad.

A continuación se adjuntan algunas gráficas publicadas por The Economist esta misma semana. En ellas se puede comprobar el grave problema de deuda que afrontan las grandes economías internacionales.

Cómo el modelo chileno de pensiones cambió el mundo

Reproduzco a continuación un artículo de José Piñera, artífice del sistema chileno de pensiones, dedicado al análisis de las consecuencias que dicho modelo ha tenido en el país latinoamericano. El texto íntegro está disponible aquí.

Han pasado casi 30 años desde la reforma chilena del sistema de pensiones. Tres logros claves son incontestables:

1. A lo largo de ese período nadie se ha robado un peso del sistema, gracias a la multiplicidad de candados que contempló la reforma. Es importante subrayar que la Constitución chilena ha reforzado esa inviolabilidad de los depósitos introducidos por los trabajadores en su sistema de pensiones.

2. Los fondos son invertidos por empresas privadas altamente especializadas y con requerimientos estrictos de amplia diversificación han logrado una rentabilidad  promedio del 10,1% anual, por encima de la inflación, a lo largo de 26 años

3. El “sistema de AFP” (Administradores de Fondos de Pensiones) o “sistema de capitalización individual” ha sido crucial en el incremento de la inversión, la creación de un moderno mercado de capitales y el mayor crecimiento del país.

Es importante comprender que el error fundamental del sistema tradicional de reparto estatal fue haber roto la relación esencial entre las contribuciones y los beneficios, entre el esfuerzo y la recompensa. En efecto, a finales del siglo XIX, Otto von Bismarck, el llamado “canciller de hierro” de Prusia, creó un sistema de pensiones que prometía beneficios, pero que no acumulaba fondos para cumplir esas promesas sino que se basaba en cobrar impuestos a los trabajadores. Bajo un sistema bismarckiano, el aporte del trabajador está definido por una ley que establece el impuesto al trabajo, mientras que la pensión que obtendrá está definida por otras leyes que definen los beneficios. Las segundas son objeto de todo tipo de presiones por grupos organizados que tratan de obtener pensiones prematuras o privilegiadas. Cuando eso sucede en una sociedad, a nivel masivo y por mucho tiempo, el resultado final es un desastre porque siempre se trata de minimizar la contribución al sistema de pensiones y maximizar lo que se obtiene.

Debido a que los árbitros en el sistema de reparto estatal son políticos intentando ganar elecciones, se produce inevitablemente una inflación de promesas imposibles de cumplir, cuyos costes son postergados para que sean futuros gobiernos quienes se enfrenten a ellos. Como ha escrito el profesor Deepak Lal, “la creación de gigantescos estados redistributivos en Occidente ha tenido sorprendentes consecuencias no previstas, como la corrupción del debate público en la medida que los políticos luchan por comprar votos con dinero ajeno”.

Chile supo apartarse de este camino. El impacto de este nuevo sistema de pensiones ha ido mucho más lejos que los conocidos e impresionantes indicadores económicos del país. También ha significado una redistribución radical del poder del Estado hacia la sociedad civil y, al convertir a los trabajadores en propietarios individuales del capital del país, ha creado una atmósfera cultural y política más consistente con los postulados de una sociedad libre.

Unos 30 países de América Latina, Europa del Este y Asia Central ya han seguido este camino, 120 millones de trabajadores se han convertido en propietarios de capital, y este nuevo paradigma es parte central del debate en los países más desarrollados del mundo.

Documental sobre José Piñera, artífice del modelo de capitalización de las pensiones chileno

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Los indicadores de la crisis

La Fundación FAES publica, como cada mes, los Indicadores Económicos más relevantes para el análisis de nuestra situación económica. A continuación ofrecemos una síntesis de algunos de ellos. Para consultar el informe completo, hagan click aquí.

Milton Friedman y la libertad

“Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas”.

“Hay una cortina de humo detrás de cada programa de gobierno”.

“Uno de los más grandes errores es juzgar a las políticas y programas por sus intenciones, en lugar de por sus resultados”.

“El hombre libre no se pregunta ni qué puede hacer su país por él, ni qué puede hacer él por su país”.

“La causa de la libre empresa, de la competencia, es la única que puede mantener a los capitalistas alejados de tener un poder excesivo. Hay un viejo dicho que reza: “si quieres cazar a un ladrón, llama a otro para que lo atrape”.

“La virtud del capitalismo de libre empresa es aquél que coloca a un empresario frente a otro, y ese es el método más efectivo de control”.

“Los dos principales enemigos de la sociedad libre o de la libre empresa son los intelectuales, por un lado, y los hombres de negocio por el otro, y por motivos opuestos. Todo intelectual cree en la libertad para sí mismo, pero se opone a la libertad de los demás. Cree que debería haber una oficina de planificación central que establezca las prioridades sociales. El empresario es justo lo contrario. Todo empresario está a favor de la libertad de todos los demás, pero cuando se trata de él la cuestión cambia. Él es siempre el caso especial. Él debería tener privilegios específicos del Gobierno: una aduana, esto, aquello…”.

“Estoy a favor de bajar los impuestos bajo cualquier circunstancia, por cualquier excusa y por cualquier razón, siempre que sea posible”.

“Una fuente mayor de objeciones a la economía libre es precisamente que […] da a la gente lo que quiere, en vez de lo que un grupo particular piensa que debería querer. Subyacente a la mayoría de los argumentos contra el mercado libre existe una falta de fe en la libertad misma”.

“Los gobiernos no aprenden jamás. Las personas sí lo hacen”.

“El salario mínimo impide a muchas personas obtener un empleo”.

El nuevo Motín del Té

En 1773, el “Motín del Té” celebrado en Boston proclamó formalmente el rechazo de numerosos estadounidenses a la política económica implementada por la corona británica, a la que acusaban de penalizar a EEUU con una carga impositiva desmesurada. El “Tea Party” que canalizó aquellas protestas reivindicaba tres grandes ejes: responsabilidad fiscal, gobierno limitado y libre mercado. Históricamente, esas tres banderas han sido identificadas con el Partido Republicano.

Entre 2000 y 2008, la Administración republicana capitaneada George W. Bush desoyó muchos de estos principios, y no concluyó dos legislaturas especialmente brillantes en el campo de la economía. El presidente Bush llegó a afirmar en 2008 que “con el fin de asegurar que la economía no se desplome, he abandonado los principios del libre mercado para salvar el sistema del libre mercado”. Su administración concedió los primeros “rescates” financieros de la crisis económica, pero no todo comenzó entonces.

En realidad, ya leíamos hace meses en The Economist que la administración de George W. Bush ha protagonizado la mayor expansión del gobierno federal desde la presidencia de Lyndon Johnson en los 60. Si en 1992 el gasto público estadounidense era inferior al de Canadá en quince puntos porcentuales (15%), la diferencia actual se queda en apenas dos puntos (2%).

Sin embargo, las cuentas públicas no vivieron ajuste alguno en 2009, de la mano de la presidencia del demócrata Barack Obama, que ahora busca corregir el exceso de déficit provocado por un año de “rescates” y “paquetes de estímulo” que han costado millones a la economía norteamericana pero no han evitado cifras récord de desempleo.

Así las cosas, tras una década poco amiga de los principios del “Tea Party” original, numerosos ciudadanos norteamericanos se han agrupado en un movimiento cada vez más influyente en la política de EEUU. El movimiento del “Tea Party” del S. XXI ha conseguido reorganizar al Partido Republicano desde las bases, pero no sin un plan concreto de acción.

Para el “Tea Party”, no tiene sentido apoyar a los candidatos republicanos que han votado a favor de los “rescates” y los “paquetes de estímulo”. La libertad de voto que disfrutan los senadores y congresistas norteamericanos permite examinar uno por uno a los representantes federales de cada Estado, y el movimiento del “Tea Party” no está dispuesto a permitir que el Partido Republicano siga aupando a líderes contrarios a los principios de resistencia fiscal que inspiraron el “Motín del Té” de 1773.

Anoche, sin ir más lejos, se celebraba la Convención Republicana del Estado de Utah. El “Tea Party” había recaudado fondos para dos candidatos dispuestos a disputarle la nominación al tres veces senador Bob Bennett, acusado de ser cómplice del “intervencionismo económico” de los gobiernos de Washington. La estrategia cuajó, y Bennett sufrió una fuerte derrota frente a ambos candidatos: recibió el 27% de los votos, frente al 36% y 37% que se repartieron los candidatos apoyados por el “Tea Party”, que defienden “un gobierno constitucionalmente limitado”.

El plan del “Tea Party” apenas comienza: de cara a las Elecciones al Senado del próximo mes de Noviembre, las nominaciones republicanas estarán fuertemente influenciadas por este movimiento. Los fondos recaudados por el “Tea Party” están siendo entregados a las campañas de los candidatos que estiman oportunos para su causa, y esa financiación está sirviendo para tumbar a veteranos candidatos del “establishment” político que, de otro modo, seguirían sin problemas su periplo en Washington.

Sin duda, el movimiento aprovecha el descontento de los votantes republicanos, que según una encuesta de la cadena ABC no se sienten muy identificados con sus dirigentes actuales. Apenas el 56% de los republicanos consultados comulga con la dirección actual del Grand Old Party, lo que permitirá al movimiento tener éxito, al menos, en las primarias republicanas de este año.

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