Europa

La deuda mundial bate récords: España frente a Suecia

Enredados por el inagotable Bienestar del Estado que conocemos como Estado del Bienestar, los políticos de todo el mundo llevan décadas recurriendo al endeudamiento como única forma de sostener promesas artificiales. Ahora que las finanzas internacionales están pobladas de números rojos, conviene asumir los excesos de gasto y reformar nuestras democracias para garantizar su estabilidad futura.

La experiencia sueca es una de las más saludables para este propósito. Hasta 1950, la socialdemocracia sueca abrazó el libre comercio como eje de desarrollo económico para el país nórdico. Sin embargo, desde los años 60 hasta finales de los 80, el programa de la izquierda sueca fue volviéndose cada vez más intervencionista, llevando el concepto de “Estado del Bienestar” a extremos insoportables.

Suecia apostó por un intervencionismo tan fuerte que la carga tributaria pasó del 28 al 56 por ciento del PIB entre 1960 y 1989. En 1960 los suecos pagaban un 2% menos de impuestos que el resto de países de la OCDE, mientras que en 1990 pagaban hasta un 54% más.

Aquella aventura no era sostenible, pero fomentó altas expectativas sociales que permitieron ocultar su ineficiencia real. Un ejemplo lo tenemos en la evolución del empleo en Suecia: entre 1965 y 1985 se destruyeron 284,000 trabajos en el sector privado mientras el sector público crecía en 850,000.

Cuando Suecia enfrentó, a finales de los 80, una profunda crisis financiera, todo aquello que la socialdemocracia había prometido se vino abajo. La única forma de mantener aquel modelo pasaba por endeudarse o adoptar reformas. Por fortuna, Suecia escogió una reforma liberal de la mano de Carl Bildt, alejando la insana tentación de la deuda que venían siguiendo los socialdemócratas.

Mediante un profundo cambio en el sistema de pensiones y una gran reforma laboral, financiera, sanitaria y educativa, los ciudadanos suecos abrazaron la iniciativa privada y la libertad de elección como ejes de una política que les ha permitido alejarse del endeudamiento y afrontar con fortaleza los retos financieros de la economía global.

Suecia es un ejemplo, pero también es una excepción. La deuda mundial está alcanzando máximos históricos semana tras semana, al calor de todo tipo de “gastos sociales”, “paquetes de estímulo”, “subvenciones”, “rescates”… Si sumamos el déficit presupuestario que han adquirido estos gobiernos con el endeudamiento privado de empresas y familias, el panorama es desolador para quienes sigan manteniendo la viabilidad de este paradigma.

¿Estamos, pues, ante un colapso de la economía libre? Por mucho que más de un gobernante nos lo quiera hacer ver así, estamos ante todo lo contrario. Si de algo sirve esta crisis es para poner de manifiesto excesos estatales y errores monetarios que han sembrado el cultivo para esta debacle.

Es el momento de plantearse muchas cosas. ¿Tienen sentido la Reserva Federal o los Bancos Centrales? ¿Podemos seguir confiando los éxitos políticos a la extensión del gasto público? ¿Es sostenible llamar al consumo sin antes fomentar el ahorro? ¿Debemos seguir subvencionando la economía? Un análisis frío de todas estas cuestiones negará la conveniencia de todas estas hipótesis.

Si Suecia es un ejemplo de lo que hay que hacer, la gestión española de esta crisis sirve de manual de texto para estudiar lo que no debemos hacer. Ni debemos dejar como está el sistema financiero ni debemos crecer de la mano de una burbuja inmobiliaria ni debemos negarnos a reformar el sistema de pensiones ni debemos bloquear una reforma educativa, ni debemos posponer una reforma energética ni debemos eludir una reforma laboral.

Peor aún: el Ejecutivo español, cuyas políticas de despilfarro son responsables de la mitad del déficit público, no puede seguir negándose a meter un drástico “tijeretazo” al nivel de gasto público que ha practicado durante años. La demagogia consistente en disfrazar el intervencionismo de “gasto social” ya ha agotado su curso, y el país enfrenta una situación de franca gravedad.

A continuación se adjuntan algunas gráficas publicadas por The Economist esta misma semana. En ellas se puede comprobar el grave problema de deuda que afrontan las grandes economías internacionales.

Cómo el modelo chileno de pensiones cambió el mundo

Reproduzco a continuación un artículo de José Piñera, artífice del sistema chileno de pensiones, dedicado al análisis de las consecuencias que dicho modelo ha tenido en el país latinoamericano. El texto íntegro está disponible aquí.

Han pasado casi 30 años desde la reforma chilena del sistema de pensiones. Tres logros claves son incontestables:

1. A lo largo de ese período nadie se ha robado un peso del sistema, gracias a la multiplicidad de candados que contempló la reforma. Es importante subrayar que la Constitución chilena ha reforzado esa inviolabilidad de los depósitos introducidos por los trabajadores en su sistema de pensiones.

2. Los fondos son invertidos por empresas privadas altamente especializadas y con requerimientos estrictos de amplia diversificación han logrado una rentabilidad  promedio del 10,1% anual, por encima de la inflación, a lo largo de 26 años

3. El “sistema de AFP” (Administradores de Fondos de Pensiones) o “sistema de capitalización individual” ha sido crucial en el incremento de la inversión, la creación de un moderno mercado de capitales y el mayor crecimiento del país.

Es importante comprender que el error fundamental del sistema tradicional de reparto estatal fue haber roto la relación esencial entre las contribuciones y los beneficios, entre el esfuerzo y la recompensa. En efecto, a finales del siglo XIX, Otto von Bismarck, el llamado “canciller de hierro” de Prusia, creó un sistema de pensiones que prometía beneficios, pero que no acumulaba fondos para cumplir esas promesas sino que se basaba en cobrar impuestos a los trabajadores. Bajo un sistema bismarckiano, el aporte del trabajador está definido por una ley que establece el impuesto al trabajo, mientras que la pensión que obtendrá está definida por otras leyes que definen los beneficios. Las segundas son objeto de todo tipo de presiones por grupos organizados que tratan de obtener pensiones prematuras o privilegiadas. Cuando eso sucede en una sociedad, a nivel masivo y por mucho tiempo, el resultado final es un desastre porque siempre se trata de minimizar la contribución al sistema de pensiones y maximizar lo que se obtiene.

Debido a que los árbitros en el sistema de reparto estatal son políticos intentando ganar elecciones, se produce inevitablemente una inflación de promesas imposibles de cumplir, cuyos costes son postergados para que sean futuros gobiernos quienes se enfrenten a ellos. Como ha escrito el profesor Deepak Lal, “la creación de gigantescos estados redistributivos en Occidente ha tenido sorprendentes consecuencias no previstas, como la corrupción del debate público en la medida que los políticos luchan por comprar votos con dinero ajeno”.

Chile supo apartarse de este camino. El impacto de este nuevo sistema de pensiones ha ido mucho más lejos que los conocidos e impresionantes indicadores económicos del país. También ha significado una redistribución radical del poder del Estado hacia la sociedad civil y, al convertir a los trabajadores en propietarios individuales del capital del país, ha creado una atmósfera cultural y política más consistente con los postulados de una sociedad libre.

Unos 30 países de América Latina, Europa del Este y Asia Central ya han seguido este camino, 120 millones de trabajadores se han convertido en propietarios de capital, y este nuevo paradigma es parte central del debate en los países más desarrollados del mundo.

Los indicadores de la crisis

La Fundación FAES publica, como cada mes, los Indicadores Económicos más relevantes para el análisis de nuestra situación económica. A continuación ofrecemos una síntesis de algunos de ellos. Para consultar el informe completo, hagan click aquí.

Milton Friedman y la libertad

“Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas”.

“Hay una cortina de humo detrás de cada programa de gobierno”.

“Uno de los más grandes errores es juzgar a las políticas y programas por sus intenciones, en lugar de por sus resultados”.

“El hombre libre no se pregunta ni qué puede hacer su país por él, ni qué puede hacer él por su país”.

“La causa de la libre empresa, de la competencia, es la única que puede mantener a los capitalistas alejados de tener un poder excesivo. Hay un viejo dicho que reza: “si quieres cazar a un ladrón, llama a otro para que lo atrape”.

“La virtud del capitalismo de libre empresa es aquél que coloca a un empresario frente a otro, y ese es el método más efectivo de control”.

“Los dos principales enemigos de la sociedad libre o de la libre empresa son los intelectuales, por un lado, y los hombres de negocio por el otro, y por motivos opuestos. Todo intelectual cree en la libertad para sí mismo, pero se opone a la libertad de los demás. Cree que debería haber una oficina de planificación central que establezca las prioridades sociales. El empresario es justo lo contrario. Todo empresario está a favor de la libertad de todos los demás, pero cuando se trata de él la cuestión cambia. Él es siempre el caso especial. Él debería tener privilegios específicos del Gobierno: una aduana, esto, aquello…”.

“Estoy a favor de bajar los impuestos bajo cualquier circunstancia, por cualquier excusa y por cualquier razón, siempre que sea posible”.

“Una fuente mayor de objeciones a la economía libre es precisamente que […] da a la gente lo que quiere, en vez de lo que un grupo particular piensa que debería querer. Subyacente a la mayoría de los argumentos contra el mercado libre existe una falta de fe en la libertad misma”.

“Los gobiernos no aprenden jamás. Las personas sí lo hacen”.

“El salario mínimo impide a muchas personas obtener un empleo”.

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