Estados Unidos

Sobre los créditos universitarios en EEUU: ¿una montaña inasumible de deuda?

En el año 2012 escribí lo siguiente sobre la deuda universitaria en EEUU:

Evidentemente, la intervención del Estado ha sido el principal factor que ha alimentado esta gigantesca burbuja de la educación superior. La barra libre de crédito implementada por la Reserva Federal desde comienzos del siglo XXI aceleró enormemente el crecimiento de la burbuja que ahora empieza a pincharse.

Coincidiendo con el expansionismo monetario de la FED, la deuda universitaria se ha disparado más de un 500%. No obstante, el problema viene de lejos: en realidad, el espectacular aumento de los costes de la educación superior no puede explicarse sin detallar losavales y garantías que las Administraciones Públicas estadounidenses han concedido a los estudiantes.

Las intenciones de esta política eran probablemente nobles, pero el resultado ha sido desastroso. En teoría, la idea era facilitar el acceso a financiación de los estudiantes; en la práctica, lo que ha supuesto esta política es una espectacular inflación de los costes educativos. Como las universidades cuentan con que el Estado respaldará estos préstamos, no dudan en aumentar el precio de sus matrículas año tras año.

Entre el 2000 y el 2012, los préstamos universitarios otorgados directamente por el gobierno se multiplicaron de forma espectacular: pasaron de menos de 100.000 millones de dólares a más de 450.000 en apenas doce años. Desde la llegada del Presidente Obama a la Casa Blanca, el gobierno federal ha profundizado este proceso, multiplicando en más de un 300% el volumen total de créditos educativos concedidos por el Estado.

La situación no ha mejorado notablemente desde entonces en cuanto al necesario desapalancamiento. Sin embargo, la Brookings Institution ha arrojado más luz sobre este tema comparando el peso de la devolución de estos préstamos con el ingreso medio de quienes ya han terminado sus estudios. Según el informe, esta ratio se ha mantenido estable: la media se mueve entre el 6% y el 7% desde hace diez años y la mediana se queda constante en el 4% desde hace dos décadas.

Ingresos Deuda Préstamos universitarios EEUUAsí las cosas, aunque el alcance de la deuda universitaria es ahora mucho mayor que antaño, también parece cierto que la capacidad para devolver esa deuda se ha mantenido más o menos estable. Esto vendría invitándonos a tomarnos con algo más de calma el debate sobre esta cuestión, si bien hay problemas estructurales que deben ser atajados con independencia de esta matización.

Laurence Kotlikoff, contra la visión rígida de la riqueza de Piketty

La revista Forbes ha confiado a su columnista  el análisis de “El Capital en el siglo XXI”, libro de Thomas Piketty que ha reabierto el debate sobre la desigualdad. Los lectores habituales de esta web ya saben de sobra que hay muchas y muy variadas razones para considerar equivocada la visión rígida de la riqueza que mantiene el economista galo en sus trabajos.

Un argumento de peso tiene que ver con la movilidad social, aspecto al que Kotlikoff dedica varias líneas cuando recuerda que “echando un vistazo a la Lista Forbes que reúne a los 400 estadounidenses más ricos, vemos que el 60% de los nombres de 2001 no estaban en la clasificación en 1989. De hecho, el 25% ni siquiera figuraba en la tabla allá por 1998“. Algo similar ocurre desde entonces: no todos los ricos de hoy en día eran millonarios hace una década, he ahí la razón central por la que la desigualdad no nos dice mucho sobre la “justicia social” (ya que, salvo que el enriquecimiento se genere con favores y prebendas políticas, las divergencias salariales se dan en un contexto de mercado).

Domitrovic y las ideas fiscales de la "era Reagan"

Brian Domitrovic, Doctor en Historia por la Universidad de Harvard y columnista de publicaciones como la Revista Forbes, habla en el Instituto Cato sobre ejemplos históricos de reducción del gasto público y los impuestos en economías desarrolladas.

Aquí van algunos aspectos destacados de su artículo:

  • Desde 1999 hasta 2013, el gasto público total ajustado a la inflación ha crecido un 55% frente a una expansión económica del 30%. En suma, las Administraciones consumen ahora el 37% del PIB frente al 32% de 1999, un sexto más en apenas tres lustros.
  • De 1983 a 1999, la economía creció mucho más que el ritmo de expansión del gasto público: la primera variable experimentó una subida del 78% frente al avance del 33% en los presupuestos públicos.

    Crecimiento del gasto público federal en EEUU vs Crecimiento económico PIB

  • Las rebajas fiscales de 1962 y 1964 se unieron a una política monetaria razonablemente sólida. Robert Mundell fue el arquitecto intelectual de estas medidas, que dejaron ocho años de crecimiento económico a una ratio del 5% anual. A finales de los 60 y comienzos de los 70, la marea cambió, favoreciendo ahora medidas tributarias y monetarias opuestas. Fue aquel un periodo de estancamiento: de 1969 a 1982, el crecimiento anual fue del 2,4%, el IPC se triplicó y los índices bursátiles cedieron mucho terreno. La economía conoció terrenos recesivos entre 1969 y 1970 y entre 1973 y 1975, generando paro y desaliento.
  • A mediados de los 70, con inflación de doble dígito, caídas bursátiles del 45% y desempleo en ratios del 9%, el Wall Street Journal empieza a publicar editoriales de Robert Mundell y su colega Arthur B. Laffer. La academia le había dado la espalda a las tesis editoriales: fueron los medios de comunicación el principal camino para reabrir el debate y poner estas propuestas encima de la mesa.
  • En 1978 empezó a alimentarse una “revuelta tributaria”. Ocurrió en California, ante la continua subida de los gravámenes inmobiliarios y con el aliento del empresario Howard Jarvis. La victoria se canalizó mediante la Propuesta Legislativa nº 13, gran vencedora de las votaciones de 1978. Ese mismo año, el congresista William A. Steiger acabó convenciendo a la Casa Blanca de la conveniencia de recortar el impuesto a las rentas del capital en 21 puntos porcentuales.
  • Bajo gobierno de Ronald Reagan, la Propuesta Tributaria Kemp-Roth entró en vigor apenas siete meses después del comienzo de la legislatura. Entre 1981 y 1982 se aplicó un recorte del 10% en los tramos del Impuesto sobre la Renta. Las cosas cambiaron a mejor: la bolsa subió un 30% en la segunda mitad de 1982 y se multiplicó por siete en las dos décadas que siguieron; la inflación que durante doce años había estado en el entorno del 8% cayó hasta el 3%; el paro se redujo del 11% al 4% a pesar de un espectacular aumento de la participación laboral…

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La sanidad estadounidense no es un ejemplo de libre mercado

Juan Ramón Rallo desmonta una falacia de uso común. 

Cuando nos planteamos cómo funcionaría una sanidad privada dentro del marco de un mercado libre, rápidamente se nos viene a la cabeza el caso de EE.UU. En efecto, EE.UU. carece de un sistema de sanidad pública al estilo europeo (ya sea el modelo Beveridge de Inglaterra o España, donde es el Estado el que se encarga de proveer los servicios sanitarios a cambio del pago de impuestos, ya sea el modelo Bismarck de Alemania o Austria, donde el Estado obliga a los ciudadanos a contratar un seguro obligatorio altamente intervenido y regulado), de modo que, en principio, podría emplearse como campo de prueba de los efectos de la privatización y liberalización de la sanidad.

Mas, en este sentido, los resultados son bastante deplorables: EE.UU. gasta alrededor de 17 puntos del PIB en su sistema sanitario —casi el doble que la mayoría de países europeos—, sin que sus resultados sean espectacularmente superiores (la sanidad estadounidense está a la cabeza en la implantación de nuevas tecnologías, así como en el uso de medicina preventiva, pero esos elementos diferenciales no parecen justificar el gigantesco sobrecoste). Así las cosas, el debate sobre la superioridad de la sanidad pública quedaría definitivamente zanjado: calidad análoga a la mitad de precio.

El asunto, empero, no es ni mucho menos tan sencillo. Tal como explico extensamente enUna revolución liberal para España, el sistema sanitario estadounidense no puede considerarse representativo de un mercado libre. Por el lado de la oferta, la competencia dentro de, por ejemplo, la profesión médica se halla artificial e injustificadamente perturbada por las licencias y los colegios profesionales. Y, sobre todo, por el lado de la demanda, el 90% del gasto sanitario estadounidense se canaliza a través de dos agentes distintos del propio paciente: las aseguradoras y el Estado (para que se hagan una idea del despropósito: en España el gasto público en sanidad asciende al 6,9% del PIB… y al 8,2% en EE.UU.). Ni siquiera en España la socialización de la demanda alcanza un grado tan elevado como en EE.UU.

En particular, de cada 100 dólares que se gastan en la sanidad estadounidense, 45 los desembolsan las aseguradoras, 45 los programas estatales Medicaid y Medicare y sólo 10 el paciente de su propio bolsillo. Dicho de otro modo, los estadounidenses pueden gastar 100 dólares asumiendo únicamente un coste de 10. ¿Quién paga los 90 restantes? El resto de sus compatriotas (ya sea a través el Fisco o a través de sus pólizas de seguros). En EE.UU., pues, no hay una correspondencia entre costes y beneficios sanitarios: cada ciudadano gasta 100 para recibir 20 porque, en última instancia, él sólo soporta un coste de 10. El incentivo para disparar el gasto es el mismo que si un millón de personas acudieran juntas a un restaurante, pidieran individualmente aquellos platos que quisieran y dividieran entre todos la factura final.

Y, en efecto, el estudio más exhaustivo que se ha realizado hasta la fecha acerca de los sobrecostes sanitarios en EE.UU. no deja espacio para demasiadas dudas: los sobrecostes se deben esencialmente a un crecimiento descontrolado de la demanda (canalizada sobre todo a la medicina de tipo preventivo), que es capaz de soportar precios crecientes debido a que nadie tiene el incentivo a dejar de gastar. Por mucho que aumente la oferta, la demanda crece más rápido, multiplicando los precios. De hecho, en otros tramos de la sanidad estadounidense donde no se produce esta socialización del gasto (porque los programas estatales o los seguros no los cubren) no se observa ningún crecimiento anormal de los costes: es el caso, por ejemplo, de los servicios de odontología.

En Europa, donde la sanidad pública es gratuita para el usuario (que no para el contribuyente), podrían ciertamente darse unas consecuencias similares a las de EE.UU. de no ser porque nuestros políticos racionan y contingentan los servicios sanitarios que reciben sus ciudadanos (los famosos recortes sanitarios son una práctica estructural del sistema, aunque se hayan hecho más visibles con la crisis): en el Viejo Continente, los dueños de nuestra salud no somos nosotros, sino los políticos y burócratas que organizan el sistema según sus gustos, necesidades e intereses (listas de espera, adopción tardía de nuevas tecnologías, tratamientos y medicamentos no cubiertos, aglomeración de pacientes…). Dicho de otra forma: los incentivos perversos sobre la demanda que conducen a hipertrofiar el gasto sanitario son los mismos en EE.UU. que en Europa, pero en Europa los políticos controlan severamente la oferta e impiden que el gasto se sobredimensione; es como si, una vez llegáramos al restaurante, el dueño del mismo nos limitara la cantidad y la calidad de lo que cada comensal puede solicitar: por mucho que nos incentivaran a solicitar muchos y muy caros platos, no podríamos.

Pero ¿cuál es el motivo de que la demanda sanitaria estadounidense se haya socializado hasta ese nivel? No, no crean que la causa deriva del libre y normal funcionamiento de los mercados: el problema viene tanto del establecimiento de Medicaid y Medicare (1966) como, sobre todo, del poderoso incentivo que supone, desde 1954, la exención en el impuesto sobre la renta y en las contribuciones empresariales a la Seguridad Social de los gastos asociados a la contratación de un seguro sanitario en favor del trabajador. Para gastar 100 dólares en sanidad en EE.UU. es necesario que el trabajador ingrese 200 dólares antes de impuestos… salvo que ese gasto de 100 se canalice a través de un seguro sanitario contratado por el empresario (en cuyo caso, basta con ganar 100 antes de impuestos: un descuento del 50%). Los acicates a canalizar todo gasto sanitario a través de un seguro contratado por el empresario son, pues, enormes, incluso con respecto a gastos que no deberían estar cubiertos por los seguros (como la mayor parte de la medicina preventiva).

Esta socialización del 90% del gasto sanitario estadounidense —inducida por el intervencionismo estatal— es el principal responsable de la hipertrofia de precios. EE.UU. no es un buen ejemplo de mercado libre sanitario, donde la mayoría de gastos sanitarios se deberían sufragar a partir del ahorro propio y sólo aquellos de naturaleza extraordinaria y catastrófica serían cubiertos por seguros: Singapur, o incluso Suiza, guardan mayores semejanzas y su gasto sanitario está absolutamente bajo control, al tiempo que su calidad es extraordinaria. Si algo ilustra el caso estadounidense son los efectos potencialmente devastadores del estatismo, incluso en sus dosis en apariencia más inocuas.

Nada de lo cual, por cierto, debería llevarnos a caer en la complaciente aceptación de la sanidad pública europea. El envejecimiento demográfico provocará en las próximas décadas o una hipertrofia del gasto sanitario o una creciente degradación de la calidad de los servicios (ya observable vía recortes), que sólo podrá contrarrestarse con innovaciones disruptivas dentro de la sanidad. La privatización y liberalización de este sector resultará fundamental para encontrar competitivamente nuevos modelos de organización que logren mantener a raya los costes y que se adapten a las cada vez más variadas y personalizadas necesidades de los pacientes (y no de los burócratas, como en Europa). Pero para todo ello debemos arrebatar la gestión de la sanidad a los políticos y a los burócratas y devolvérsela a los ciudadanos: no emulando a EE.UU., sino liberalizando de verdad.

Houston concede más permisos inmobiliarios que todo el Estado de California

La ciudad de Houston concede más permisos inmobiliarios para el desarrollo de nuevas viviendas que todo el Estado de California. La comparación es significativa, pues hablamos de un territorio de 38 millones de habitantes frente a un área metropolitana de 6 millones de personas (si solamente nos ceñimos a la ciudad, serían 2 millones de habitantes).

Permisos inmobiliarios concedidos en Houston vs CaliforniaResulta evidente que las leyes del suelo están encareciendo el precio de la vivienda en California hasta límites escandalosos. Las comparaciones son odiosas: para el mes pasado, la compra-venta de vivienda en Houston se está cerrando a un precio mediano de $189.000 dólares frente a los $376.000 en los que se están cerrando las operaciones en California. Si nos vamos al área metropolitana de San Francisco, el precio mediano está ya en los $579.000 dólares.

Thomas Sowell habla de estas cuestiones aquí.

Los "Super Emprendedores"

“A lo largo de la Historia, la pobreza ha sido la condición normal de los hombres. Los avances que permiten que esta norma se quiebre corresponden al trabajo de una minoría muy pequeña, a menudo vilipendiada, a veces perseguida y casi siempre censurada por quienes creen estar del lado de la justicia” Robert A. Heinlein

La cita anterior encabeza un interesante informe de Nima y Tino Sanandaji, dos de los investigadores económicos más brillantes que ha dado Suecia en los últimos años. El documento en cuestión analiza la ruta hacia la riqueza de 1.000 hombres y mujeres “hechos a sí mismo”, concretamente hablamos de personas que han ganado al menos 1.000 millones de dólares a lo largo de su vida. Entre 1996 y 2010, estos “Super Emprendedores” han figurado por lo menos en una ocasión en la Lista de Millonarios de la Revista Forbes.

Su proporción cambia por países: en Hong Kong hay un “Super Emprendedor” por cada millón de habitantes, ratio que supera a Israel, Estados Unidos, Suiza y Singapur, los otros cuatro países que cierran el “top 5”. Es especialmente llamativa la comparación entre Estados Unidos y Europa Occidental o Japón. En Estados Unidos vemos niveles de emprendimiento que resultan cuatro veces más altos que en Europa Occidental, mientras que los datos del país nipón son tres veces inferiores a las tasas registradas en el país norteamericano.

Tasa de Grandes Emprendedores por cada millon de habitantes 1996-2010Hay una fuerte correlación entre un nivel elevado de “Super Emprendedores” y un nivel reducido de impuestos. Por otro lado, también hay un mayor número de “Super Emprendedores” allí donde la regulación es sensata y simple o allí donde la filantropía es elevada.

Emprendimiento y filantropía en la OCDE

No pocas acciones políticas impulsadas por la Unión Europea han querido disparar el emprendimiento pero han fracasado en la mayoría de los casos. Sin embargo, hay estímulos que no se han explorado pero sí están al alcance de la mano: bajar impuestos (especialmente los aplicados a las rentas del capital), simplificar regulaciones y mejorar la protección de los derechos de propiedad.

Capital riesgo e impuesto a las rentas del capitalLos “Super Emprendedores” suelen tener un alto grado de educación: en EEUU, solamente un 16% no tiene un título universitario, frente al 53% que se registra entre los trabajadores por cuenta propia y al 54% que encontramos entre los trabajadores por cuenta ajena. De media, el el nivel de “Super Emprendedores” que han completado estudios de Doctorado es cinco veces mayor al registro que encontramos entre el resto de los estadounidenses. Un 33% ha completado estudios en una de las mejores universidades del país, un selecto grupo de catorce centros que solamente ha sido pisado, de media, por uno de cada cien habitantes del país norteamericano.

El empleo por cuenta propia es alto en Grecia, España, Turquía, Portugal, Italia… pero allí escasea el emprendimiento innovador. En Estados Unidos ocurre todo lo contrario; de hecho, en Silicon Valley vemos el escenario más radical, ya que la tasa de empleo por cuenta propia es un 50% más baja que en el resto de California. He aquí un aspecto que rara vez se menciona cuando se habla de emprendimiento: no todo proyecto es equivalente y muchas veces se inician proyectos “por necesidad” y no en el marco de dinámica empresarial basada en la creatividad, el ingenio y la prestación de nuevos servicios.

Tasa de empleo por cuenta propia (excluyendo agricultura) 2008El informe subraya el éxito de EEUU a la hora de atraer a los “Super Emprendedores”. Es por eso que, comentando el estudio en Libre Mercado, Domingo Soriano trae a colación la siguiente gráfica. En ella vemos las conclusiones de un estudio de Ernst & Young, entre las que destaca que el 43% de los estadounidenses ve en el fracaso empresarial una oportunidad para alcanzar el éxito en oportunidades venideras.

Percepcion del fracaso empresarial en EEUULOS DATOS Y LAS REFLEXIONES MÁS IMPORTANTES DEL INFORME

  • De las 100 empresas cotizadas más grandes de EEUU, 31 fueron creadas después de la II Guerra Mundial. Estos empresarios han generado más de cuatro millones de empleos. Entre el “top 100” europeo, solamente siete firmas han nacido después de 1945.
  • Fijándonos en el Índice Global FT 500, vemos que el 29% de las empresas estadounidenses que figuran en dicho índice nacieron después de la II Guerra Mundial, frente al 8% registrado en el Viejo Continente.
  • Que el empleo por cuenta propia se asimile con el emprendimiento puede no ser la mejor forma de analizar estas cuestiones. De hecho, el auto-empleo es mayor en países donde el desarrollo de nuevas firmas de gran tamaño resulta más complicado: es el caso de Grecia, Turquía, España, Portugal o Italia. Por eso, tomar el trabajo autónomo como referencia de emprendimiento nos lleva a conclusiones engañosas.
  • En las listas de milmillonarios de Forbes encontramos a individuos llegados de 50 diferentes países, con todo tipo de experiencia de vida: desde agricultores chinos a alumnos de las más prestigiosas universidades de EEUU.

¿Qué mueve el aumento de los sueldos del 1% más rico?

Steven Kaplan, de la Universidad de Chicago, y Joshua Rauh, de la Universidad de Stanford, han hablado sobre desigualdad y sueldos altos en un influyente estudio académico que plantea varias conclusiones de interés:

– En primer lugar, los avances tecnológicos y el avance de la globalización ha ayudado a que individuos con una mayor formación y una mejor capacidad de trabajo desarrollen sus capacidades de forma más profunda. Esto genera más productividad y, como consecuencia, redunda en mejores salarios.

– En segundo lugar, el aumento de la paga entre las rentas más altas tiene que ver con un aumento generalizado de sus retornos. Lo vemos en empresas cotizadas o privadas, lo vemos en Wall Street, lo vemos en bufetes jurídicos, lo vemos en el ámbito del deporte…

– En tercer lugar, los datos sobre desigualdad de ingresos que manejan economistas como Thomas Piketty (línea azul) no reflejan la situación real de la economía estadounidense, pues obvian el impacto de las transferencias fiscales (línea roja) y los impuestos (línea verde).

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– En 1982, el 60% de los grandes ejecutivos de EEUU heredó su fortuna, mientras que en la actualidad este porcentaje ronda el 30%. Entre quienes heredaron cierto patrimonio, la ratio ha crecido significativamente: del 20% a casi el 50%. Entre los ejecutivos del Forbes 400 que apenas heredaron riqueza, el porcentaje se ha mantenido constante en tasas del 20%.

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– Entre las 400 grandes empresas de EEUU, el “boom” del periodo 1982-2011 se ha dado en sectores varios: comercio, restauración, tecnología, consumo, medicina, inversión y finanzas… Han bajado las rentas obtenidas en ámbitos como el consumo, los medios, la energía o el sector inmobiliario.

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En línea con todo lo anterior, ambos economistas subrayan que no encuentran consistentes las tesis de quienes argumentan que los crecientes sueldos de los altos ejecutivos tengan algo que ver con una actitud más despreocupada hacia las diferencias salariales. Según el informe, “los datos muestran que las raíces de la divergencia en la retribución se explican por factores económicos, principalmente ligados a la capacidad de adaptarse al cambio tecnológico y la expansión de las economías de escala”, algo ligado a la globalización.

Estudios e informes sobre la desigualdad en EEUU

– El Tesoro de EEUU ha estudiado la “movilidad social” entre 1996-2007, documentando con las declaraciones de impuestos de los contribuyentes su evolución a lo largo de un periodo de casi una década. Según el informe, “el 58% de los hogares que figuraba entre el 20% de menos ingresos en el año 1996 estaba en 2005 en quintiles de ingresos más altos“. De hecho, “para el segundo quintil de menos renta, casi el 50% experimentó un movimiento ascendente”. La tendencia alcista también la vemos en el tercer y cuarto quintil, aunque en menores niveles.
– El mismo informe considera la movilidad descendente de otros hogares. El 57% del 1% de más ingresos en 1996 bajó a categorías inferiores de renta a lo largo de la década considerada. Si analizamos el 5% de mayores remuneraciones, un 45% vivió una caída de sus ingresos a lo largo de los años comprendidos entre 1996 y 2005.
Movilidad de ingresos social EEUU

En este caso, el periodo de análisis va de 2001 a 2007:

– Para el 20% de menor renta en el 2001, solamente el 56% seguía ubicado en el mismo segmento de ingresos en el año 2007.
– Entre el 20% de más ingresos en el 2001, apenas un 66% consiguió mantener esa posición privilegiada tras el paso de seis años.
– Para el segmento central de rentas (el tercer quintil), el 42% se mantuvo constante, el 32% se movió hacia mayores sueldos y el 27% cayó a niveles de ingresos más bajos.
– Excluyendo el 20% más rico y el 20% más pobre, vemos que el 60% que ocupa la posición central en la distribución de los ingresos (la amplia clase media) vivió cambios hacia mayores o menores niveles de renta en más del 50% de los casos (respectivamente, 61% para el segundo quintil, 58% para el tercero y 55% para el cuarto).

Estos trabajos de la FED, que han salido a la luz en 2007 y 2008, nos dan algunos datos adicionales. Por ejemplo, ajustando los datos de ingresos del Censo para considerar aspectos comúnmente olvidados como la inflación o el número de personas por hogar, el sueldo mediano por hora trabajada ha subido un 28% entre 1975 y 2005, mientras que los ingresos medianos por hogar han vivido un aumento entre el 44% y el 62%.

Pero la cosa no acaba aquí:

– Según los estudios de Bruce Meyer y James Sullivan, el ingreso mediano y la capacidad de consumo de los hogares estadounidenses han experimentado alzas superiores al 50% entre 1980 y 2009. Los datos se expresan en términos reales y confirman que el bienestar de las clases medias y humildes ha mejorado notablemente en las tres últimas décadas. Meyer y Sullivan han publicado otros trabajos que apuntan en la misma dirección.

Meyer Sullivan Desigualdad EEUU
– De acuerdo con los cálculos del economista Robert Gordon, “se ha exagerado mucho a la hora de hablar de un aumento significativo de la desigualdad. Ni ha sido un cambio sustancial ni se ha dado de forma súbita“.
– Fijándonos en el ingreso por hogar y ajustándolo a la inflación, vemos que de 1976 a 2006 sí se produjo cierto aumento de la desigualdad, pero en cualquier caso encontramos que todos los grupos de ingresos han aumentado su posición de forma sustancial, con un aumento mediano del 26%.

Todos los segmentos de ingresos de EEUU mejoran su posición
Thomas Sowell ha destacado que “comparar quintiles de ingresos y olvidar la “movilidad social” es un error”. En esta línea se manifiesta también Jason Furman, asesor del gobierno de Barack Obama. En su opinión “quienes creen que los estadounidenses no viven hoy mejor que hace cuarenta o treinta años deberían pensar si antes podían hacer llamadas telefónicas como ahora, o si los automóviles de antes eran tan avanzados como los de ahora, o si antes viajaban en avión como hacen ahora, o si los electrodomésticos de nuestro hogar eran tan eficientes como ahora, o si teníamos a nuestro alcance tecnología como la que disfrutamos ahora…”.

En esta línea crítica se muestran también Christian Broda y John Romalis, de la Universidad de Chicago. Ambos han explicado que las mediciones tradicionales de la desigualdad ignoran el efecto de la inflación según el nivel de renta. Según sus cálculos, el aumento de los precios ha golpeado más a los hogares que figuran entre el 10% más rico que a aquellas familias que se ubican entre el 10% de menos renta. Al final, el resultado general de las mediciones de desigualdad permanece estable cuando se descuenta este factor.

Finalmente, James Pethokoukis opina que “la desigualdad de ingresos ha aumentado ligeramente, pero no de forma dramática. El aumento es algo fácilmente explicable: se debe principalmente a las innovaciones tecnológicas y la globalización. Una mejor educación y una menor inmigración podrían haber empujado al alza el sueldo de las clases medias, lo primero por una mejor adaptación y lo segundo por una menor competencia. Mirando hacia adelante, EEUU necesita relanzar el crecimiento con un aagenda basada en mejor regulación y un código fiscal que fomente la actividad privada. A esto se une una mejora continua de nuestro capital humano”.

Los rasgos demográficos de la desigualdad

Es importante no olvidar las características demográficas como elemento de estudio a la hora de analizar la evolución de la desigualdad. Tomando este criterio y aplicándolo a EEUU con datos de 2011 llegamos a los siguientes resultados:

  1. El número de hogares en los que al menos uno de los sueldos corresponde al 20% más rico asciende al 2,03%. Para el 20% de menores ingresos, su cuota de presencia entre las familias estadounidenses apenas llega al 0,44%.
  2. El 62% de los hogares estadounidenses que se ubican entre el 20% de menos ingresos no obtuvieron rentas del trabajo a lo largo de todo el año estudiado. Para el quintil de mayor renta, la ratio fue del 3%.
  3. Los matrimonios representan el 78,2% de la situación familiar del 20% más rico, mientras que entre el 20% más pobre solamente suman el 16,7% del total. Si atendemos a familias monoparentales o a hogares donde solamente vive un soltero, vemos que su peso entre el 20% de menos renta llega al 83,3%, frente al 21,8% registrado entre el quintil de mayores ingresos.
  4. El 73,7% de los hogares que figuran entre el 20% más rico incluye a individuos que tienen más de 35 y menos de 64 años. Para el 20% de menores ingresos, esta cuota baja al 44,3%. Entre quienes forman parte de este grupo hay 1,3 veces más jóvenes y 3 veces más jubilados.
  5. En el 78,2% de los casos, el número de hogares que figuran entre el 20% de más ingresos incluyen al menos a un adulto que trabaja a tiempo completo. Para el quintil de rentas más bajas, el porcentaje desciende al 18,5%, cuatro veces menos. Fijándonos en el número de personas por hogar que no tienen ningún tipo de trabajo, esta cuota es del 67,7% en el quintil de menos ingresos frente al 12,9% del 20% más acaudalado.
  6. Entre el 20% de más ingresos, el número de personas que tiene un título universitario llega al 62,3%. Para el 20% de menos ingresos, esta tasa alcanza únicamente el 12,1%. En el primer grupo, el número de personas que no acabó la educación secundaria es de apenas el 1,8%, frente al 26,9% que encontramos entre el 20% de menos ingresos.

Rasgos demograficos desigualdad

Edward Conard, sobre la desigualdad y el 1%

Dividiendo en deciles la evolución de los sueldos de los trabajadores estadounidenses, alemanes y frances, vemos que apenas hay diferencias desde 1980 hasta 2010. La gráfica que sigue muestra en la posición central la evolución de los ingresos medianos. Si nos fijamos en los deciles superiores de ingresos, vemos que la verdadera diferencia radica en el 80% más rico: en este caso, EEUU sí experimenta un aumento mayor al de Alemania o Francia.

Edward Conard Growth in earned income by income percentile US Germany France
Haciendo “zoom” en la evolución del ingreso mediano per cápita, vemos efectivamente que la evolución de EEUU, Alemania y Francia no arroja grandes diferencias.

Ingreso mediano per cápita después de impuestos 1980 2010
Según explica Edward Conard, el “boom” de ingresos de las rentas más altas de EEUU se explica por la apreciación salarial que experimentan aquellos trabajadores que se adaptan mejor a las últimas innovaciones tecnológicas. Cuando combinamos este reto con el impacto multiplicador de la globalización, parece más fácil de entender que las rentas altas hayan vivido un periodo de mayor pujanza en los últimos años”. Conard ha subrayado que “es falso que las empresas cotizadas hayan disparado el sueldo de sus directivos”. El discurso según el cual se ha empobrecido a accionistas, trabajadores y clientes mediante este tipo de alzas de retribución “no es más que un mito que en absoluto se corresponde con los datos”.

¿Cómo explicar el menor crecimiento de salarios entre la clase media? Según Conard, algunos de los factores que “presionan” a favor de un mayor estancamiento de los ingresos son “el déficit comercial, la llegada de un significativo número de trabajadores extranjeros, la incorporación masiva de la mujer al mercado de trabajo…”. Por el contrario, “Estados Unidos no ha perdido riqueza relativa frente a Europa porque su población activa con trabajo ha seguido creciendo de forma significativa”, algo que no ha ocurrido en el Viejo Continente. De hecho, “el número de horas trabajadas en EEUU supera en un 20-25% los registros de Alemania o Japón”.

Además, Conard destaca que la movilidad social en EEUU se compara favorablemente con la situación de otros países que a menudo son citados como ejemplo a seguir. En la gráfica siguiente, vemos la situación en el país del Tío Sam y en Dinamarca.

Movilidad social ingresos EEUU y Dinamarca

El New York Times publica un especial sobre el libro aquí.

Conard explica estas cuestiones de forma breve en esta conferencia:

[youtube=http://youtu.be/aNBNAecilB0]

También en esta conferencia de Conard se extraen lecciones esenciales de su interpretación de estos asuntos, sintetizada con maestría en el libro “Consecuencias inesperadas”:

[youtube=http://youtu.be/C_ibh9XMt38]

Entrevistado por el Wall Street Journal, Conard ha desmentido varias “falacias sobre la desigualdad de ingresos”:

– “El éxito del 1% más rico se da a costa de la clase media”. Según Conard, debemos entender que, debido al “boom” de las nuevas tecnologías y a la evolución del capitalismo a nivel global, las élites de hoy en día obtienen ingresos más elevados allí donde están más preparadas (en este caso, EEUU tiene la ventaja). Al mismo tiempo, los sueldos de las clases medias no crecen de forma tan espectacular porque, a un nivel medio de responsabilidad, las fuerzas del mercado tienden a estabilizar los sueldos, ya que hay una fuerza laboral muy cualificada, mayor capacidad de derivar trabajo hacia otros países y “presión salarial” hacia abajo generada por los flujos migratorios.

– “El éxito del 1% más rico solamente beneficia al 1% más rico”. Según Conard, se dice a menudo que la bonanza de ingresos que experimentan las rentas altas no puede desligarse de la innovación que introducen estos individuos en todas las capas de la economía de mercado. En su libro “Consecuencias inesperadas”, Conard subraya que la inversión que asumen estos grandes millonarios para impulsar sus proyectos empresariales acaba enriqueciendo a toda la sociedad, incluso de forma casi gratuita (caso de Google).

– “La movilidad social se ha estancado”. Según Conard, los estudios de Raj Chetty y otras consideraciones paralelas, vemos que la probabilidad de que un estadounidense se enriquezca a lo largo de su vida sigue siendo tan alta como hace décadas. El inversor, investigador y antiguo ejecutivo de Bain Capital también subraya que, entre el 20% de menor riqueza, conviene considerar aspectos demográficos que reducen las posibilidades de prosperar económicamente.

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