Gráficas para el optimismo: el desarrollo económico, en perspectiva

A menudo escuchamos que la pobreza va en aumento y que el rumbo que sigue la economía global tiene un impacto negativo en la calidad de vida de las personas. En realidad, aunque estamos lejos de vivir en un mundo perfecto, lo cierto es que los dos últimos siglos han permitido una gran transformación que, de hecho, se ha acelerado en las últimas décadas.

A nivel mundial, el alcance de la pobreza ha pasado de los niveles del 80-90% que se registraban en 1820 a las tasas inferiores al 20% en las que nos movemos en la actualidad, de acuerdo con los estudios del Banco Mundial y de los economistas Bourguingnon y Morrison.

Región por región vemos que este descenso es generalizado: aunque vayamos a los continentes más afectados por la miseria, caso de África o Asia, el rumbo de las últimas tres décadas arroja una evolución francamente positiva. Así lo muestran los datos del Banco Mundial:

Conforme la miseria va a menos, la distribución de ingresos a nivel mundial refleja un auge de la nueva clase media y una caída progresiva en el número de personas que caen en los umbrales de renta más modestos. Lo vemos en la siguiente gráfica del proyecto Our World in Data:
A pesar del crecimiento continuado de la población, la caída de la pobreza se mantiene incluso en términos absolutos. Esto significa que no solamente hay menos pobreza “relativa”: también si contamos el número de personas con un ingreso inferior a los umbrales de miseria comprobamos que la incidencia ha ido a menos desde 1970. Lo vemos en la siguiente gráfica de Xavier Sala i Martín:
El rápido desarrollo de muchos países empujó al alza la tasa global de desigualdad. Su ritmo creciente, apreciado desde los años 80 hasta finales de los 90, ha ido corrigiéndose en la última década. Así queda reflejado en la gráfica siguiente, compilada por Peter Larson:
Estos avances socioeconómicos permiten que el número de horas trabajadas vaya a menos. Como vemos, en los años 50 el empleado medio pasaba 2.250 horas al año en su puesto de trabajo; la media global actual ronda las 1.800 horas. Lo vemos en la gráfica que sigue, elaborada con datos de la OMT:
En el campo de la mortalidad infantil también hay avances importantes. El mapa superior de los dos que vemos a continuación muestra su incidencia en 1960, con colores azulados allí donde los niveles eran bajos y tonos rojizos en los países que salían peor parados.

Felizmente, la situación actual es mucho más positiva: de un mundo en el que la mortalidad infantil era generalizada para muchos continentes hemos pasado a uno en el que esta lacra está presente en cada vez menos países. Lo vemos en el segundo de los dos mapas que se muestran a continuación, ambos elaborados por Max Roser, de la Universidad de Oxford.
Esto permite que la esperanza de vida haya aumentado de forma significativa. La gráfica siguiente muestra su evolución entre los años 1000 y 2000: en azul oscuro vemos la media global, en azul claro la de las economías de la OCDE y en naranja la del resto de países del mundo. Los datos forman parte del libro “Poverty and progress”, de Deepak Lal:

También las enfermedades tienen una incidencia mortal cada vez más baja. La revista médica The Lancet ha medido el número de años perdidos anualmente debido a la mortalidad derivada de afecciones tan dispares como la malaria, la tuberculosis, el sida o las enfermedades del corazón. A pesar del crecimiento de la población mundial, la cifra total ha caído de 37.500 a 26.000 entre 1990 y 2013:

Esta revolución quedaría incompleta si no fuese de la mano de un aumento del uso de la tecnología. Como vemos en la gráfica que sigue, la tasa global de acceso regular a internet ha llegado ya al 30%, mientras que en EEUU y la Unión Europea alcanza el 70%.

Los 74 impuestos autonómicos apenas recaudan el 2,4% de los ingresos regionales

Así se distribuyen los 74 impuestos creados por las CCAAs:

Fiscalidad-autonomica

Como explica Libre Mercado, este aluvión de tributos apenas sirve para generar el 2,4% de los ingresos impositivos de las regiones españolas:

En la presentación del informe Panorama de la fiscalidad autonómica y foral 2015 que ha tenido lugar este martes, los expertos del Consejo General de Economistas han señalado las graves deficiencias que tienen estos impuestos. La primera es la escasa recaudación que aportan a las arcas de las CCAA. De hecho, en muchos casos los costes de gestión superan a la recaudación que de ellos se obtiene.

Los últimos datos de recaudación publicados se refieran al año 2013 y desvelan que el conjunto de las autonomías recaudó un 2,4% de sus ingresos tributarios por la vía de los tributos propios, un total de 2.085 millones de euros. De esta cuantía, Cataluña fue la comunidad que más recaudó, con 619 millones, seguida de recauda de Canarias, con 430 millones y Andalucía, con 232.

Así mejora el mundo (Conferencia en el Centro Riojano de Madrid)

¿Por qué la “ayuda al desarrollo” no logra los resultados esperados?

1. La AOD no es una condición para el crecimiento
El crecimiento económico necesita capital financiero, técnica y capital humano, pero no sólo eso. Lo que de verdad importa es que las sociedades cuenten con lo que se llama Buen Gobierno. El Buen Gobierno es estabilidad institucional y política, respeto a la propiedad privada, seguridad contractual, acceso fácil a bienes y, por encima de todo, el imperio de la Ley.

2. La AOD no presupone Buen Gobierno
La AOD se concede aunque no existan los componentes del Buen Gobierno. La consecuencia es el despilfarro de recursos, el aumento de la corrupción y el reforzamiento de las élites dirigentes. Por eso, la AOD hace retroceder política y económicamente a las sociedades.

3. La AOD no mejora los principios éticos
Más bien al contrario, las facilidades financieras y técnicas sin condiciones que constituyen la AOD refuerzan el Mal Gobierno. Si no existe un conjunto de instituciones y principios en las sociedades que reciben la AOD, ésta se pierde. Y si existe ese conjunto, la AOD ni se plantea.

4. El desarrollo no es sólo una función del capital
Ese es el fundamento de la AOD, y es falso. El desarrollo no es sólo una función del capital, sino que exige todos los componentes explicados anteriormente. Precisamente porque el fundamento es falso llevamos gastados 100 billones de dólares desde 1961. Y lo que te rondaré, morena, si miramos los planes del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE.

5. Las infraestructuras no son previas al desarrollo
Este es otro axioma falso propio de los desarrollistas profesionales. Las infraestructuras, por sí solas, son sólo elementos sin mayor uso ni función. Su existencia y mejora debe ir paralela al propio desarrollo. Las infraestructuras creadas con AOD se mantienen mal, precisamente porque el país que las recibe no puede hacerlo. Esas infraestructuras resultan un fiasco, pero para el enriquecimiento de los intermediarios son un gran éxito. Por eso se financian una y otra vez.

6. La AOD no permite el desarrollo de la iniciativa interna
Muchos de los proyectos de la AOD están desconectados de las necesidades del país en que se hacen. En el mejor de los casos resultan inútiles en la práctica. En el peor de los casos, el débil sistema productivo del país receptor de la AOD puede verse barrido por la superioridad inicial de los proyectos financiados por la AOD.

7. La AOD incrementa el poder de los gobiernos
Esto es una evidencia. Salvo que las ayudas se apliquen totalmente al margen de las administraciones locales, éstas succionan gran parte de la AOD para alimentarse y favorecer a los suyos. Si la AOD se hace al margen del gobierno y sus agencias, surge siempre la acusación de neocolonialismo, que las Instituciones Financieras Multilaterales evitarán desde el principio.

8. La AOD conduce a una mayor corrupción
El poder de los gobiernos y de sus administraciones crece por la vía de la corrupción que se deriva del sistema de AOD. Los mecanismos de aplicación de la AOD llevan en su seno las semillas de la corrupción, que es una característica de la naturaleza humana. Cuanto menos avanzado institucionalmente esté un país, peor combate esa corrupción intrínseca.

9. La AOD despilfarra recursos
La AOD despilfarra recursos en los países donantes o prestamistas al retirar del ahorro o de la inversión recursos que serían alternativamente mejor invertidos. La AOD despilfarra esos en los países receptores mediante diversos mecanismos: proyectos que no se terminan, ayudas que no llegan a sus destinatarios, proyectos que se abandonan tras su inauguración…

10. La AOD erosiona la sociedad
Los beneficiarios directos de la AOD siempre se enriquecen en un bucle continuo. Los restantes miembros de las sociedades receptoras no se benefician, ni siquiera indirectamente, de esa AOD que además, en la mayoría de las ocasiones, no se materializa cono se concibió. Si la AOD no es donación, los países receptores deben devolver el principal y los intereses, aunque minorados y diferidos. Esos recursos financieros son obtenidos vía impuestos sobre la población que no se beneficia de la AOD. La sociedad sufre.

Gracias a JR Ferrandis por su participación y su ayuda en la elaboración de este artículo.

Las claves de la economía sumergida en Europa

Interesantes gráficas del profesor Friedrich Schneider sobre la economía sumergida en Europa:

Economia-sumergida-Europa-2 economia-sumergida-europa-evolucion

Economia-sumergida-Europa

Así han subido los impuestos en Europa

IVA-IRPF

Las empresas del Ibex 35 pagan un tipo efectivo del 21,8% en el Impuesto de Sociedades

Como explica Pedro Calvo, “la factura total correspondiente al Impuesto de Sociedades (IS) en 2014 ascendió a 8.115 millones de euros, el 21,8% de su resultado antes de impuestos (RAI), que alcanzó los 37.164,2 millones. En el último año de Gobierno socialista, que corresponde al ejercicio 2011, la factura llegó hasta los 9.530 millones, pero como las ganancias antes de impuestos fueron de 47.756,2 millones, el IS se limitó al 19,9%”.

Fiscalidad efectiva Ibex 35

 

El periodista de El Confidencial desmiente que las empresas del Ibex 35 “apenas paguen impuestos”:

Desde la Agencia Tributaria ha llegado a afirmarse que el tipo efectivo de los grandes grupos españoles se limitó al 3,8% en 2011. De hecho, el Informe Anual de Recaudación Tributaria del año 2011 refleja esa tasa efectiva del 3,8% para los grupos consolidados. Ese 3,8% resulta de poner en relación los impuestos desembolsados por los grupos consolidados –3.122 millones de euros en 2011– con sus beneficios contables –81.120 millones–. En 2012 –último año del que se disponen estos cálculos– esa tasa crece al 5,3% –4.110 millones en impuestos sobre un resultado contable de 77.106–, un dato al que también suele aferrarse el PP.  

Aunque estas cifras incendian el debate con respecto a los pocos impuestos que pagan las grandes empresas, desde las auditoras insisten en los matices. “Cuando una empresa española trae 100 millones de beneficios de otro país, no es que haya ganado esos 100 millones. Es que esos 100 millones son los que gana tras haber pagado los impuestos en el país de origen. Por eso, cuando llegan a España no generan más impuestos, porque ya han sido pagados.

La propia Agencia Tributaria, en sus informes anuales, afina más el punto de mira y ofrece otra tasa efectiva. Esta proviene de relacionar los impuestos pagados con la base imponible, que resulta de depurar los resultados contables al descontar precisamente la exención por doble imposición o la libertad de amortización. En 2011, esa base imponible era de 17.810 millones y en 2012, de 22.659 millones. A partir de estas cifras, esos 3.122 millones y 4.110, respectivamente, conducen a una tasa efectiva que crece hasta el 17,5% en 2011 y el 18,1% en 2012.