Sobre la desigualdad en Chile: es hora de tumbar falacias

A veces escuchamos que Chile es “el país más desigual de América Latina”. Semejante afirmación es falsa. Midiendo el Coeficiente Gini, el país ocupa el puesto 8 de 17 países. Fijándonos en el Índice 20/20, Chile está en el décimo lugar de la lista.

Desigualdad Chile 1

Desigualdad Chile 2

También hay quienes apuntan que “la desigualdad en Chile ha ido a más” en los últimos años. También es mentira: el quintil más pobre manejaba en el año 2002 el 4,9 del ingreso total, cifra que en 2012 ya asciende al 5,5. Entre el 20% más rico, la ratio ha bajado de 55,1 a 52,5 durante el mismo periodo.

Desigualdad ChileSi analizamos un periodo más amplio y comprobamos el grado de desigualdad por generaciones, vemos que la tendencia muestra un progresivo descenso del Coeficiente Gini.

Desigualdad por generaciones Chile Claudio Sapelli CohortesSi nos fijamos en la movilidad social, vemos también que la población chilena tiene hoy mucha más clase media que antaño. Esta categoría agrupaba al 19,8% de la población en 1992 pero llega al 53,1% en los últimos estudios disponibles (2009).

Movilidad Social Chile

A todo esto hay que darle un contexto. Chile hoy tiene la menor tasa de pobreza de América Latina y el mayor ingreso per cápita. El país ya figura en la OCDE y su nivel de bienestar es reconocido por los expertos como digno de un país desarrollado. Es por esto que no tiene sentido seguir escuchando falacias sobre la desigualdad, sobre todo porque un debate riguroso siempre debe basarse en informaciones certeras.

Por último, también es esencial recordar que la desigualdad de ingresos no debería preocuparnos cuando surge en el marco de una economía de mercado. Como este es el caso chileno, los argumentos igualitaristas deben ser descartados y deshechados, no solamente por falaces sino también por su énfasis en un indicador que nada nos dice sobre el nivel de desarrollo y bienestar de un país. Al fin y al cabo, países que salen bien parados en el Índice Gini son Dinamarca, Suecia, Noruega… pero también Afganistán, Paquistán o Iraq. En América Latina, las ratios más bajas las alcanzan países como Perú y Uruguay… ¡pero también se dan en Venezuela!

Luto en la izquierda: Raúl Castro, Heinz Dieterich y Eduardo Galeano reconocen el fracaso socialista

Corren malos tiempos para el “socialismo del siglo XXI”. Después de la salida del poder de Manuel Zelaya en Honduras y de la destitución de Fernando Lugo en Paraguay llegó el inesperado giro capitalista de Ollanta Humala. No obstante, el golpe más duro ha sido el fallecimiento de Hugo Chávez, desenlace que dio alas a la lucha por una Venezuela libre, una causa que ha seguido ganando enteros pese a la violenta represión del régimen y la miseria económica.

A nadie debería coger por sorpresa esta decadencia. Hasta en Cuba se admite que el modelo socialista no funciona. Raúl Castro ha declarado que “los actuales salarios no satisfacen las necesidades del trabajador y de su familia”. De hecho, el dictador ha añadido también que el modelo vigente “influye negativamente en la disciplina e incentiva el éxodo de personal calificado”. Por si no fuese suficiente, Castro ha añadido que el paradigma cubano “desestimula la promoción de los más capaces” y se traduce en que “generalmente, a mayor responsabilidad, menores ingresos personales”.

Pues bien, a lo largo del mes de abril de 2014, dos puntilleros de excepción han puesto fin a la vida intelectual de la criatura conocida como “socialismo del siglo XXI”. Uno de ellos ha sido su teórico de referencia, el sociólogo y politólogo Heinz Dieterich. Este alemán afincado en México venía defendiendo a capa y espada los desmanes desarrollados por Hugo Chávez y sus aliados.

Sin embargo, entrevistado por el diario El Nacional, Dieterich ha acabado reconociendo que “el modelo del socialismo impulsado por Chávez fracasó”. Es significativo, de hecho, que Dieterich ha señalado que “el gran error de Nicolás Maduro es seguir con la idea insostenible de Chávez según la cual el gobierno puede sustituir a la empresa privada”.
El ideólogo izquierdista ha pronosticado que Venezuela va “hacia una sexta república en la que habrá una combinación entre neoliberalismo y estado de bienestar social”. Es por esto que considera que “lamentablemente, muchas personas que creían en el proyecto de Chávez no podrán verlo realizado”.

Las malas noticias para la izquierda latinoamericana no acaban aquí. El escritor Eduardo Galeano, autor de cabecera entre los entusiastas del “socialismo del siglo XXI”, ha decidido renunciar públicamente a su libro “Las Venas Abiertas de América Latina”. El uruguayo considera ahora que su obra “esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima”; de hecho, ha añadido que el libro fue escrito sin reunir los conocimientos suficientes de economía y política. “Yo no tenía la formación necesaria”, ha reconocido.

La cosa no acaba aquí. Galeano ha decidido poner como ejemplo a seguir a uno de los países más liberales de América Latina: su Uruguay natal. Este pronunciamiento se hace más llevadero ante sus seguidores habituales porque el presidente Enrique Mujica se enmarca políticamente a la izquierda. Sin embargo, es indudable que, antes, durante y después de Mujica, Uruguay se ha consolidado como un país muy cercano a las tesis del laissez faire y la democracia institucional.

En resumen, la próxima vez que quieran denunciar los desmanes del “socialismo del siglo XXI”, no apelen solamente a quienes llevan (llevamos) años desnudando su agenda desnortada: también pueden inspirarse en los mismísimos apóstoles del movimiento. ¡Es tal el fracaso que hasta ellos admiten, en mayor o menor grado, el fin de ciclo!

“Corría el año 2081 y, por fin, todos eran iguales”

“Era en año 2081, y finalmente todos eran iguales.No sólo eran iguales frente a Dios y la ley, como ven. Eran iguales en todos los sentidos.Nadie era más inteligente que cualquier otro.Nadie era más guapo que cualquier otro.Nadie era más fuerte o más rápido que cualquier otro.Y toda esa igualdad se debió a la 211º, 212º y 213º enmiendas de la Constitución, y de la incesante vigilancia de los Generales de la Igualdad de los EEUU. Los fuertes llevaban pesas para hacerlos más débiles, los inteligentes llevaban auriculares… que les impedía tomar injusta ventaja de sus cerebros. Incluso los hermosos algunas veces llevaban máscaras en las situaciones donde la belleza podría distraer demasiado. Era la edad de oro… de la igualdad”