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La economía que viene (IV)

En EEUU, estancamiento salarial (vía Quartz):

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España se queda sin técnicos: crece el empleo de rango bajo y alto, se reduce en el centro de la escala profesional (vía Libre Mercado).

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En China, la fuerza laboral ve caer su peso frente al auge de la tecnología: aunque en términos absolutos ha subido, en términos relativos vemos que la cuota del ingreso nacional que reciben los trabajadores ha caído del 60% al 50% del total (vía Capx.co).

En Europa, el 54% de los empleos está en peligro de ser reemplazado por las nuevas aplicaciones tecnológicas (vía Bruegel). En EEUU, este porcentaje es algo más bajo pero sigue alcanzando el 47% (vía Oxford University).

¿Cargar un iPhone en 30 segundos o un coche eléctrico en pocos minutos? ¿Reducir los costes energéticos de la desalación en un 99%? Bienvenidos a la revolución del grafeno, un material que podría cambiar el mundo (vía Forbes).

Se enfrían las inversiones de multinacionales estadounidenses en China (vía Quartz).

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Airbnb está valorada en 10.000 millones de dólares, más que la cadena de hoteles Hyatt. Uber se sitúa en los 18.000 millones, frente a los 12.500 de Hertz o los 5.000 de Avis. En suma, el sector de la “economía colaborativa” ya movió 26.000 millones en 2013 pero podría llegar a 110.000 en los próximos años (vía Harvard Business Review).

Crece el interés de la industria estadounidense por la tecnología de impresión en 3-D. Aunque un 40% de las firmas encuestadas no muestra interés, un 29% anuncia que lo está evaluando, un 19% confiesa que lo hará realidad a lo largo de 2015 y un 12% admite que ya ha integrado estas tecnologías en el día a día de sus negocios (vía Business Insider).

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Infografía del MIT sobre el auge de la robótica en diferentes industrias (vía Technology Review).

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Gracias a la revolución del “fracking”, EEUU encadena dos años como el mayor productor de petróleo del mundo. También se aprecia un descenso en las emisiones de CO2 y un aumento en las reservas de petróleo (vía Libre Mercado).

El aumento de la flexibilidad horaria ligada a objetivos ha aumentado la productividad en Alemania (vía VoxEu.org).
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La Economía que viene (III): de innovación, educación y competitividad

El siguiente artículo forma parte de la serie “La Economía que viene”, pueden leer todas las entregas aquí.

– Hace cincuenta años, Life Magazine afirmaba que “la era de la robotización ya está aquí”. Dicha noticia de portada estimaba que los trabajos escasearían como consecuencia de las innovación tecnológicas. Pues bien, como señala Steven Rattner en el New York Times, este tipo de augurios no podía estar más equivocado: en las décadas que siguieron, la economía estadounidense multiplicó significativamente el número de personas ocupadas. En este sentido, el financiero y analista subraya que este tipo de pesimismo es recurrente entre los intelectuales. “En los años 30, John Maynard Keynes predecía un aumento generalizado del paro ligado al descubrimiento de nuevas fórmulas que permiten aumentar la productividad de los trabajadores a un ritmo que supero el de creación de nuevos puestos de trabajo. El tiempo ha desmentido a estas Casandras, pero siempre hay alguien dispuesto a afirmar que esta vez es diferente”, apunta”.

Rattner opina que “hablemos de innovación tecnológica o robotización, hablamos de ser más eficientes a la hora de producir más empleando menos recursos. Esto no solamente no es malo, sino que es bueno. Los economistas lo llaman productividad y es esencial para el crecimiento de la economía. El truco no es el de proteger a los empleos que entran en decadencia, como reivindicaban los Luditas que defendían la destrucción de las máquinas, sino facilitar que sigan surgiendo nuevas profesiones y actividades”.

Para apoyar su tesis, Rattner muestra la evolución de diferentes profesiones entre 2000 y 2013, apoyándose en datos oficiales:

Destrucción creadora qué empleos desaparecen y qué empleos nuevos se crean

En consecuencia, Rattner explica que “la tecnología cambia las formas de trabajo y puede generar diferencias salariales, pero el principal hecho que afecta al empleo y a la retribución es la globalización, con lo que supone la entrada en el mercado de trabajo de miles de millones de personas. Para enfrentar estos retos, hay que abrazar la tecnología, no asustarnos ante su desarrollo”.

– Michael Strain, académico del American Enterprise Institute, afirma que las nuevas tecnologías y el avance competitivo generado por la globalización suponen retos significativos para el mantenimiento de las clases medias desarrolladas en el siglo XX. Su visión pesimista encuentra el contrapunto en un brillante artículo de Marc Andreesseen para el Financial Times, en el que se argumenta que “los miedos que despiertan las tesis ludistas” no tienen fundamento. Según el celebrado autor especializado en temas de innovación, los cambios tecnológicos y competitivos “conducen a mejores niveles de vida y a productos más asequibles. Como consumidores, entendemos que esto es positivo y nos lleva a un mundo mejor. Por tanto, el reto radica en facilitar las cosas a quienes pierden su trabajo como consecuencia de estos precios de cambio. ¿Cómo podemos ayudar? Ofreciendo mejor educación y formación profesional, dejando que los mercados funcionen y concentrando las políticas públicas en los segmentos que más lo necesitan. En última instancia, las personas seguirán por delante de las máquinas, gracias a la creatividad, la innovación, la exploración, la ciencia, los sentimientos… No olvidemos que muchos de los empleos que hoy ocupamos no existían hace 100 años y que, dentro de un siglo, podremos decir algo parecido”.

-En las próximas décadas veremos que muchas de las tareas rutinarias del siglo XX acaban siendo sustituidas por tecnologías de nuevo cuño. Ya leemos noticias sobre robots capaces de desarrollar funciones avanzadas en fábricas industriales, máquinas que cocinan hamburguesas gourmet de forma rápida y eficiente… No hablamos necesariamente de grandes vuelcos que cambiarán todo por entero: Peter Thiel suele decir que “nos prometieron coches voladores y lo que tenemos son 140 caracteres”. En esencia, buena parte de la innovación es así: más práctica, cercana y natural de lo que pensamos cuando reflexionamos de forma genérica sobre estos temas. Por ejemplo, ¿de verdad nos sorprende el “robot industrial” sabiendo que buena parte de estas tareas fabriles están ya mecanizadas? ¿Nos coge por sorpresa la máquina que cocina hamburguesas si tenemos en cuenta que hasta la venta al público de cadenas como McDonald’s se hace desde hace años a través de grandes terminales informáticas?

– Como vemos en esta tabla de Mary Meeker, el desarrollo de nuevas tecnologías está caracterizado por la fuerte presencia de inmigrantes entre los equipos fundadores de las compañías del sector. En EEUU, el 60% de las 25 firmas más grandes del sector fueron creadas por personas que, o bien nacieron en otros países, o bien son hijos de personas que nacieron en otros países.

Inmigración emprendimiento tecnológico eeuu
– Para la universidad, las nuevas pautas de demanda que veremos en el siglo XXI obligarán a cambiar la oferta actual, pensada según los esquemas del siglo XX. Como explica The Economist, la formación online supone una alternativa muy atractiva, pues facilita la educación a distancia, la personalización del plan de estudios, el acceso a mejores profesores, etc. Plataformas como Khan Academy, Duolingo, edX o Coursera permiten que personas de medio mundo se formen en programas perfilados por grandes centros como Harvard, MIT, Yale, Stanford… Estos centros de élite arrojan resultados académicos muy superiores a la media, y ahora tienen la oportunidad de ofrecer a las masas una amplia gama de estudios que serán reconocidos en el mercado de trabajo mucho antes que en los registros educativos oficiales.

MOOCs

– El “boom” del auto-empleo que se ha vivido en Estados Unidos a lo largo de los últimos años nos recuerda que, en adelante, cada trabajador debe empezar en su carrera como un empresario que, si bien puede ofrecer sus servicios a una empresa a cambio de un empleo, también puede hacer algo parecido desde la flexibilidad de la actividad por cuenta propia. Como explica el Business Insider, esta salida no lleva necesariamente a una mejor situación laboral, pero sí es una salida en contextos de paro masivo como los que estamos viviendo.

Boom del auto-empleo

La Economía que viene (II): retos para el empleo

Anteriormente he planteado que el avance de la globalización económica y la innovación tecnológica introduce importantes cambios sociales que deben ser abordados desde un enfoque flexible y dinámico. A continuación quiero compartir algunos enlaces que concretan algunos de los puntos de inflexión mencionados en artículos como “La Economía que viene”. Los contenidos vinculados se refieren a EEUU pero, tarde o temprano, muchos de estos aspectos se irán trasladando al resto del mundo.

– En las páginas del New York Times, Binyamin Appelbaum explica que el sueldo de los estadounidenses apenas acumula un crecimiento real interanual del 0,5%. Apoyándose en los trabajos del Peterson Institute, el artículo subraya que “el bajo ritmo de aumento de los salarios indica una recuperación económica incompleta”. Es importante tener en cuenta que solamente el 48% de los adultos en edad de trabajar tienen hoy un trabajo a tiempo completo: el resto está empleado a tiempo parcial, busca empleo y no lo encuentra o, directamente, no busca empleo y permanece fuera de la población activa.

– La revista The Economist ha analizado al detalle el impacto de la innovación tecnológica en el empleo. Apelando a los trabajos de Frey y Osborne sobre este tema, la publicación británica subraya que ciertas ocupaciones que hoy parecen más o menos aseguradas podrían desaparecer en menos de veinte años. En este grupo entran profesiones tan dispares como los teleoperadores, los agentes inmobiliarios o los contables.

EMPLEOS EN RIESGO TECNOLOGIA

– En este estudio de la Brookings Institution vemos que otro problema estructural en la economía estadounidense es la pérdida de dinamismo empresarial. La ratio de creación de empresas ha caído de forma sistemática desde comienzos de los 90 hasta hoy, exceptuando una leve recuperación en los años de la “burbuja”. A esto se une un creciente número de quiebras societarias, apreciado desde el arranque de la Gran Recesión. El problema ya empieza a estar presente en el sector más vibrante de las últimas décadas: el tecnológico.


Caída de la destrucción creadora en EEUU

 

– Este informe del think tank Third Way detalla la caída del empleo en sectores como la agricultura y la industria frente al avance en el número de ejecutivos, personal de ventas, servicios… Existen caídas y auges, depende del ámbito en el que nos concentremos, ya que las nuevas tecnologías crean y destruyen empleos, conduciendo a una reconversión, no a un declive. Así, el informe evidencia que las tareas con menor valor añadido han ido a menos desde los años 80, observándose la situación inversa para el caso contrario.

Ocupación por sector tecnología

Evolución del empleo según habilidades profesionales

– Ampliando estas observaciones, la Reserva Federal de Nueva York estudia la evolución del empleo entre profesionales con habilidades avanzadas, medias y básicas. Los datos se refieren al total nacional y también a Nueva York y Nueva Jersey. El hallazgo es notable, pues como vemos en la gráfica que sigue, el aumento del empleo apreciado desde 1980 hasta 2010 adopta una forma de U: es alto entre los trabajadores con habilidades más elevadas y también entre quienes tienen una formación más primaria, mientras que las ratios más bajas las encontramos entre los trabajadores medios. Ocurre algo similar cuando en vez de fijarnos en el empleo, atendemos a la retribución.

Empleo según nivel de habilidades

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Salario según nivel de habilidades 2

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McKinsey confirma las observaciones de la FED de Nueva York, apuntando que el grueso de la creación de empleo desde el año 2008 se ha concentrado en profesiones que requieren muchas o pocas habilidades.

Pérdida de empleos de ingresos medios

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– La Reserva Federal de Dallas arroja conclusiones similares en este informe, apuntando además que la pérdida de empleos rutinarios tras cada crisis económica es ahora mucho más pronunciada que antaño.

Declive del empleo de preparación media

 

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– Es importante destacar que el sistema de educación superior sigue arrojando buenos resultados en cuanto al salario logrado tras la graduación. Tampoco es cierto que la escalada de costes universitarios sea inasumible, pues la deuda adquirida sigue representando un nivel reducido y constante de los ingresos profesionales conseguidos tras el paso por la universidad.

Retorno económico título universitario EEUU

Ingresos Deuda Préstamos universitarios EEUUTodos los artículos de la serie “La Economía que viene” están disponibles aquí.

La Economía que viene

Decía Schumpeter que el éxito del sistema capitalista es inseparable de su proceso más esencial: la “destrucción creadora“. El economista austriaco designaba así el proceso mediante el cual la economía se transforma, se adapta y evoluciona hacia nuevos paradigmas marcados por un mayor grado de innovación y productividad.

La “destrucción creadora” tiene dos caras: la destrucción y la creación. El resultado neto de ambos fenómenos es positivo para la sociedad, que se beneficia de una estructura productiva más eficiente, competitiva y avanzada. Sin embargo, el cambio necesario para que el sistema capitalista renueve poco a poco su piel exige un proceso de ajuste que acarrea escenarios complejos, como por ejemplo el eventual aumento del paro.

Aquellos sistemas económicos que se nutren de la destrucción creadora consiguen acelerar la creación y minimizar el impacto negativo de la destrucción. Hablamos de esquemas cercanos al concepto de “antifragilidad“, desarrollado por el ensayista, profesor e inversor Nassim Taleb. Estos modelos a los que alude el autor de “El Cisne Negro” se enriquecen de forma progresiva porque son capaces de absorber la destrucción de forma menos traumática, alimentando y potenciando las fuerzas innovadoras de la creación.

Considerando todo lo anterior y centrándonos en las próximas décadas, parece evidente que la tensión entre destrucción y creación va a ser un tema recurrente en los grandes debates políticos, económicos y sociales de los países desarrollados. La globalización económica y la innovación tecnológica, dos fuerzas espontáneas que han generado un notable nivel de progreso y bienestar, caminan a una velocidad poco asumible para aquellas sociedades que confían en que su riqueza futura está garantizada.

He aquí el gran problema de nuestro tiempo. Muchas de las potencias económicas del siglo XX observan ahora con recelo al mismo sistema económico que, desde la Revolución Industrial hasta finales del siglo XX, les convirtió en las sociedades más ricas y prósperas jamás conocidas. Ese bienestar exclusivo es ahora compartido con las economías emergentes que se han sumado al “boom” capitalista. De repente, el liderazgo de Occidente se vuelve más frágil, disparando la desconfianza ante el mercado.

A título individual, la reacción ante este dilema bien puede dividirse en dos actitudes:

– Por un lado están aquellos que quisieran detener la globalización económica y frenar la innovación tecnológica para mantener un paradigma en el que la economía de mercado sufre un alto grado de control por parte del Estado. Esta es la visión habitual entre las viejas fuerzas que antaño agrupaba el socialismo y que hoy se reparten bajo diferentes paragüas ideológicos, todos ellos presentes en los movimientos cercanos a las ideas de los “indignados”.
– Por otro lado están aquellos que, bien por convicción o bien por resignación, entienden que la globalización económica y la innovación tecnológica están aquí para quedarse. Entre este segundo grupo, la respuesta al cambio pasa por el cultivo de la “antifragilidad“, lo que se traduce en un  esfuerzo de reconversión profesional que comprende la actualización de la formación, el aumento del auto-empleo, la adquisición de nuevas habilidades…

A nivel colectivo, las respuestas vuelven a dividirse en dos grandes categorías:

– Por un lado están aquellas sociedades en las que se opta por reprimir estos procesos de cambio mediante los mecanismos del “Estado del Bienestar”.
– Por otro lado están aquellos países que flexibilizan su economía y aligeran sus costes para permitir que la destrucción sea más rápida y la creación genere más riqueza.

Los primeros van a un escenario de continuas tensiones sociales, ya que el freno a la creación de riqueza impedirá que las políticas de la redistribución sigan avanzando. Los límites naturales del endeudamiento acabarán dinamitando el invento, obligando en última instancia a seguir el camino de los segundos, iniciado mucho antes y basado en introducir un mayor grado de libertad en la economía.

Tarde o temprano, unos y otros llegan al mismo escenario: la “destrucción creadora” acaba imponiéndose y la economía del siglo XXI lleva al capitalismo a un escenario de mucho mayor estrés competitivo. Esto puede alimentar una mayor desigualdad de ingresos, si bien el motivo para este cambio de tendencia no lo encontraremos en los estudios de Thomas Piketty sino en la lógica de mercado descrita por Ed Conard.

Para aprovechar lo bueno y mitigar lo malo de ese nuevo escenario económico, los dirigentes políticos españoles deben concentrarse en los siguientes ejes de acción:

– Para impulsar una reindustrialización efectiva, es imprescindible reducir los costes fiscales del trabajo y los altos precios de la energía.
– Para ayudar a que las reconversiones profesionales sean efectivas, es necesario cambiar por completo el mercado laboral y adoptar un sistema de contratación mucho más flexible.
– Para fomentar el aprovechamiento de las nuevas oportunidades económicas, es imperativo reducir el esfuerzo fiscal de los contribuyentes y desregular nuestros mercados.

Este artículo es el primero de una serie que pueden encontrar al completo aquí.

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