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La Política Agraria Común de la UE: despilfarro, alimentos caros y pobreza en el Tercer Mundo

Desde 2009, la justicia europea anula la norma que obliga a publicar los nombres de beneficiarios de ayudas agrícolas, la denominada PAC. Dicha lista desvela que nobles, millonarios y políticos son beneficiarios de esta nefasta medida intervencionista y proteccionista, y la Unión Europea prefiere mantenerla lejos de la opinión pública.

Así, por ejemplo, la Duquesa de Alba y sus hijos se llevaron en 2008 más de dos millones de euros a través de las empresas Euroexplotaciones Agrarias y Eurotécnicas Agrarias, que engloban las fincas de una de las familias con más tierras de Europa. Otra de las familias más favorecidas por la PAC es la casa real británica: la Reina de Inglaterra, Isabel II, recaudó más de medio millón de euros a través de la firma Sandringham Farms, mientras que el Príncipe Carlos recaudó más de 200.000 euros por sus granjas de Cornwall. Otros destacados aristócratas subvencionados son el Duque de Westminster, benefactor de más de un millón de euros de la PAC, o el Príncipe Joaquín de Dinamarca. Entre los millonarios de la PAC también se encuentran figuras políticas. Es el caso de Hanne Fischer Boel, hija de la entonces comisaria europea de Agricultura, que percibió 7.291 euros, además de otros dirigentes europeos como los ministro de Agricultura de Holanda o Eslovaquia. 

¿Cuáles son los efectos de la Política Agraria Común? En resumen de D. Soriano y A. Martín, “despilfarro anual de 57,000 millones de euros, altos precios en alimentos básicos, agricultores pobres y miseria en el Tercer Mundo”.

El PIB europeo apenas contempla la agricultura entre sus actividades más relevantes. Tras la última ampliación, que elevó a 27 el número de países miembros, el peso total de esta actividad no llega al 5%. Mientras tanto, eso sí, los países menos desarrollados son incapaces de exportar a Europa sus productos, y los ciudadanos comunitarios pagan más por una gama intervenida de productos.

Nueva Zelanda, hasta hace 25 años, tenía un sector rural muy similar al de la UE, envejecido y muy dependiente de las subvenciones. En 1984 decidieron iniciar una pequeña revolución: los subsidios representaban más del 30% del valor de la producción agrícola y pasaron a menos del 1%. Cuando se tomó esta medida, adoptada tras un corto período de ajuste, muchos vaticinaron que supondría la muerte del campo neozelandés. Sin embargo, el número de granjas “se ha mantenido constante desde la reforma” y la contribución de la agricultura al PIB nacional pasó “del 14,2% al 16,6% en 2002”. Esto quiere decir que este sector creció más que el resto de la economía neozelandesa (y eso en uno de los países de mayor éxito económico de las últimas dos décadas). ¿Milagro? No: simplemente, un triunfo más de la libertad económica.

Según un cálculo hecho en el Reino Unido por the Taxpayers Alliance, la PAC cuesta a su país 10.300 millones de libras al año, lo que equivale a unos 450 euros (398 libras) por hogar y año. Según los cálculos de ECIPE, el sobrecoste es todavía mayor y supone entre un 80% y un 100% de incremento en los precios de los alimentos.

Y como mencionamos antes, todo este dinero no va a parar a esos pequeños agricultores que se suelen utilizar como símbolo de las ayudas agrarias. El 80% de las ayudas es superior a los 10.000 euros, es decir, son para explotaciones de tamaño medio-alto.

Así, pocos dudan del impacto positivo que la liberalización de los mercados agrícolas occidentales acarrearía para los países pobres. Por ejemplo, según la OCDE, un recorte del 75% en los aranceles y subsidios se estima que aumentaría la renta de los países en desarrollo en alrededor de 23.000 millones de dólares. Por su parte, el Copenhague Consensus estimó que liberalizar el comercio mundial era la medida más efectiva (con 3 billones de dólares de beneficios globales cada año, de los que 2,5 irían a países en vías de desarrollo) y de menor coste para luchar contra la pobreza. Sin embargo, todas las informaciones apuntan a que son, precisamente, las reticencias de los países ricos (UE y EEUU, especialmente) a eliminar estas ayudas las que han impedido el cierre de la Ronda de Doha (OMC). Parece que es más barato políticamente defender las bondades de la “ayuda al desarrollo” que criticar las consecuencias negativas de la PAC sobre los más pobres. Para más información, hagan click aquí y accedan al informe de D. Soriano y A. Martín publicado en octubre de 2010.

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