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Las razones para la huelga general de extrema izquierda convocada para el 29-S

Ha llegado a mis manos un panfleto publicado por el sindicato UGT con motivo de la “Huelga General” convocada para el próximo 29 de septiembre.

El primer argumento que aporta UGT en dicho informe afirma que “el despido de los trabajadores es ahora más fácil”. ¿Es este el caso? En absoluto: el último informe del Foro Económico Mundial ha llegado al extremo de afirmar que la rigidez laboral española es tan elevada que el proceso de despido ocupa el ranking 119 sobre un total de 139 economías. UGT afirma que el despido será “más rápido”, pero olvida que la nueva normativa ha burocratizado y judicializado aún más los procesos, por lo que los tiempos seguirán siendo largos y, además, el empleador seguirá a expensas de los juzgados a la hora de gestionar su propia plantilla de empleados.

El segundo argumento afirma que el empleo fijo será ahora “más vulnerable”. Estamos ante una vieja obsesión del sindicalismo español: el empleo “debe” ser fijo o, de lo contrario, constituye prácticamente una explotación del trabajador… UGT llega al extremo de afirmar que los trabajadores con contratos temporales son “más sumisos”, aunque para sumisión, la suya, ya que llevan seis años apoyando a un gobierno que ha visto aumentar la temporalidad del empleo frente al periodo anterior a 2004, en el que dicho indicador había decrecido.

El tercer argumento gira en torno a los convenios colectivos: UGT critica que las empresas “podrán descolgarse de los mismos”. Sin embargo, la nueva normativa no los ha abolido, y además, en cualquier caso, ¿qué soberanía puede tener un convenio colectivo sobre una empresa independiente en pleno S. XXI? ¿De verdad están dispuestos a prorrogar un modelo tan atrasado que impone a las empresas subidas salariales al margen de su propia voluntad? Si los empleadores no tienen garantías de independencia para poder gestionar sus compañías, la creación de empleo seguirá siendo precaria.

El cuarto argumento afirma que “se legalizan las agencias privadas de colocación con ánimo de lucro”: este lamento afecta a UGT y CCOO ya que, desde hace muchos años, han tenido una fuerte influencia sobre las agencias públicas de empleo. Estos entes manejan cientos de millones de euros al año, pero han demostrado que su habilidad para la colocación laboral es nula, con resultados aplastantemente inferiores que los conseguidos por empresas privadas dedicadas a esta cuestión. Por lo tanto, esta es una medida que beneficia a los trabajadores y perjudica a los intereses particulares de los sindicatos, lo que demuestra una vez más que los sindicatos trabajan para sí mismos.

El quinto punto protesta porque los trabajadores desempleados que rechacen ofertas de empleo perderán su derecho a cobrar la prestación correspondiente. ¿Qué pretenden los sindicatos? ¿Que sigamos manteniendo a cientos de miles de españoles que rechazan oferta tras oferta debido a que cobrar el paro les resulta más beneficioso y les permite quedarse en casa sin hacer nada? Esta reforma se ha aplicado hace años en Alemania, EEUU… y ya fue propuesta en España a comienzos de la década pasada. Si ahora prospera un mínimo control sobre este punto, bienvenido sea.

Entre otras perlas del panfleto, podemos leer que “la modificación del horario de trabajo dependa de la empresa” (¿tan extraño es eso?), “las empresas y las administraciones públicas podrán reducir la jornada laboral de los trabajadores” (de nuevo… ¿qué hay de malo en ello?), la reforma laboral no contiene ni una sola medida que favorezca o impulse la contratación de los jóvenes (sin embargo, UGT no dudo en convocar una huelga general contra el gobierno popular que consiguió el mejor resultado histórico en los datos de empleo de la juventud española), etc.

Además, los sindicatos deciden cerrar el panfleto haciendo referencia a la “reforma de la Seguridad Social” como el “próximo ataque a nuestros derechos”. ¿Apoyaría UGT o CCOO un cambio del modelo, para que el ahorro sea propio y las pensiones no dependan de decisiones burocráticas y cuestiones demográficas? Desde luego que no: el modelo chileno siempre será despreciado por los sindicalistas, que no dudarán en llamarlo “neoliberal”, “capitalista salvaje” y demás. Sin embargo, y con el sistema cuya vigencia defienden, ¿qué espera UGT? ¿Cree acaso posible que las pensiones sigan y sigan creciendo cuando la estafa piramidal de la Seguridad Social se viene cada vez más abajo, víctima de su propia naturaleza equivocada?

En definitiva, UGT demuestra que no tiene nada que aportar a la economía española y a los trabajadores del país. Por eso, la huelga del 29 de septiembre aparece como una convocatoria descafeinada, ajena a la realidad y casi irracional. Bajo proclamas extremadamente intervencionistas, UGT y CCOO pretenden defender un modelo laboral indefendible, y lo hacen desde el ataque sistemático al empresariado, como si viviésemos en plena lucha de clases del S. XIX. Por lo tanto, cabe esperar que el apoyo a la huelga general sea tan bajo como anuncian las encuestas, ya que ni las huelgas son un instrumento de presión ni estos sindicatos (con sus millonarias subvenciones y sus miles de “liberados”) están mínimamente capacitados para apoyar a los trabajadores españoles.

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