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La gran estafa del sistema de pensiones: la ¿Seguridad Social? explicada por el blog Desde El Exilio

A continuación reproducimos fragmentos de un texto firmado por Mill, blogger del sitio liberal Desde El Exilio. Pueden encontrar el artículo completo, mucho más amplio, haciendo click aquí.

El Estado del bienestar se basa en la típica estafa piramidal. Los trabajadores pagan a los pensionistas con la esperanza de que cuando se jubilen los trabajadores que queden en activo les paguen a ellos

La estafa se descubre cuando no aparecen suficientes nuevos trabajadores que paguen a los pensionistas.

El Estado del bienestar está en quiebra permanente. Sólo le separa del impago la capacidad de obligar a los trabajadores y a las empresas a pagar las cuotas de la Seguridad Social. Pero no tiene ni un céntimo de euro en activos propios.

Esta falta permanente de activos propios impide obtener intereses o beneficios adicionales con lo que el Estado del bienestar se convierte nada más que en una máquina de cobrar y pagar.

El Estado del bienestar tal y como está estructurado en los países de la UE requiere un crecimiento continuo de la población. Dado que el sistema no produce un crecimiento del capital acumulado, más que nada porque no acumula ningún capital, es la población que aporta dinero al sistema la que tiene que crecer o en otro caso la cuota a la Seguridad Social sería la que tendría que aumentar.

El Estado del bienestar ya ha agotado todos los márgenes: con el baby boom de los 60 -70 y con la masiva incorporación de la mujer al mercado de trabajo consiguió aumentar el número de cotizantes y con el aumento de la productividad y los sueldos aumentó las bases de cotización.

Por contra la esperanza de vida aumentó en más diez años en los últimos 40 o 50 años y eso se comió parte de los aumentos de recaudación provocados por el aumento de cotizantes y el de los salarios.

El descenso de natalidad a partir de los años 80 ha puesto al descubierto, en este inicio de siglo, la falta de solvencia del sistema. Falta de solvencia que se irá acrecentando a medida que pase el tiempo. Aunque los políticos responsables del sistema intentan salvarlo mediante reducciones en el importe de las pensiones y retrasos en la edad de jubilación la impopularidad de estas medidas hace que estos recortes estén limitados.

La gente ha recibido y aún recibe un continuo lavado de cerebro sobre las maravillas del Estado del bienestar pero es ya muy difícil esconder los problemas.

Algunos hacen referencia a la juventud de la población inmigrante como posible “solución”, antes que admitir el fraude del sistema. Tampoco tienen en cuenta que, como no se cansa de repetir Juan Ramón Rallo, el capital no es homogéneo.  Y si el capital en general no es homogéneo imagínense el capital humano… ¿De dónde sacan los alemanes 250.000 o 500.000 jóvenes cualificados, ¡al año!, para mantener la productividad alemana? Puede que Turquía sea capaz de proporcionar tal cantidad de mano de obra, pero… ¿Con la cualificación adecuada? ¿Hablando alemán? E incluso, aunque pudiera, estaríamos descapitalizando de todo el talento de sus jóvenes a Turquía llevándolos a Alemania para pagar las ruinosas pensiones de los alemanes… El ejemplo vale igualmente, por desgracia, para España y cualquier otro país anclado en este sistema.

Si los trabajadores tuviesen el capital de sus pensiones estaríamos ante otra situación, pero ese capital no existe ni ha existido nunca. Vivimos dentro de una gran estafa.

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