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La competitividad española, en entredicho (Informe del Foro Económico Mundial para 2010-2011)

Ya está aquí el informe del Foro Económico Mundial sobre Competitividad Global para el ejercicio 2010-2011. Para consultar un análisis detallado del informe 2009-2010, hagan click aquí. Si desean descargar la nueva versión para 2010-2011, hagan click aquí.

Como viene siendo habitual, el estudio analiza doce pilares de competitividad a nivel internacional. Esos doce pilares engloban las siguientes categorías: instituciones, infraestructuras, estabilidad macroeconómica, sanidad y educación primaria, educación superior, eficiencia mercantil, flexibilidad laboral, estabilidad financiera, adecuación tecnológica, tamaño del mercado, innovación y sofisticación empresarial. La correcta combinación de estos parámetros (clasificados en básicos, eficientes e innovadores según su relevancia) resultará en una economía innovadora y competitiva.

Según estos parámetros, el Foro Económico Mundial predice un ejercicio más complicado para las economías avanzadas que para los países emergentes. Los primeros han endeudando tanto sus cuentas públicas que el ajuste será complejo, lento y conflictivo. Los segundos han seguido ganando enteros en los pilares competitivos de la mano de reformas estructurales que permiten, por ejemplo, que Chile crezca al 6% tras sufrir un grave seísmo o que Perú cerrase el mes pasado (agosto) con un espectacular avance económico equivalente al 9,26% de su PIB. En conjunto, el FMI ya ha anunciado que, para el ejercicio 2010-2011, espera un crecimiento tres veces mayor en los países emergentes que en las economías avanzadas (6,25% frente a 2,25%).

No es casualidad que los países avanzados hayan disparado la deuda mundial a niveles solamente comparables a los de la posguerra de la II Guerra Mundial. La siguiente tabla muestra claramente cómo los países de economías avanzadas (y en especial, los países integrantes del G-7) no han parado de aumentar su endeudamiento desde 1980. Por el contrario, los países emergentes vienen reduciendo su endeudamiento desde comienzos de la década pasada, lo que contribuirá a evitar distorsiones en su economía y permitirá un avance creativo y continuado para sus economías.

La primera mención a España que encontramos en el informe hace referencia a la legislación laboral. Según el Foro Económico Mundial, su ineficacia y su rigidez suponen “grandes dificultades” para la recuperación. El informe pide una mayor libertad y una mayor relación esfuerzo-recompensa en los salarios (modificados artificialmente por los convenios colectivos) así como un despido más barato y un marco de contratación más flexible y claro.

Sin embargo, antes de analizar el caso español, conviene hacer un repaso a los diez países mejor valorados. En primer lugar encontramos a Suiza, cuyo liderazgo en I+D (158 patentes por cada millón de habitantes) y cuyo dinamismo empresarial (líder en el ámbito financiero a nivel mundial) han permitido un nuevo avance en el ranking del Foro Económico Mundial. Las infraestructuras, la flexibilidad laboral, la excelencia académica y la claridad y transparencia de su sistema jurídico también contribuyen a este tremendo éxito.

En segundo lugar encontramos a Suecia, antaño paraíso socialdemócrata y hoy sumida en un proceso de continua reestructuración liberal de la mano de unas pensiones en vías de capitalización, un sistema escolar basado en el modelo de cheques defendido hace décadas por Milton Friedman, un paradigma sanitario centrado en la participación privada y en la libertad de elección del paciente… Conviene leer el libro “Reinventar el Estado del Bienestar: la experiencia de Suecia” para conocer más de estas reformas, de la mano del profesor chileno Mauricio Rojas.

En tercer lugar encontramos a Singapur, justo por delante de EEUU. El país norteamericano acumula dos años de retroceso en el ranking debido a la ineficiencia de sus instituciones (que ocupan el puesto 40 a nivel mundial), sus dirigentes públicos (que ocupan el puesto 54 a nivel mundial y acumulan años de descrédito) y su creciente incompetencia para contener el gasto público (que califica en el puesto 68, ante una amplia desaprobación general sobre la forma en que se emplean los recursos de los contribuyentes).

A continuación encontramos a Alemania (que sigue subiendo en el ranking y podría superar a EEUU el próximo año), Japón (que empieza a recuperar niveles de crecimiento más sostenibles tras décadas de estancamiento, pero que sufre una de las deudas públicas más elevadas del mundo), Finlandia, Dinamarca, Países Bajos y Canadá.

ANALIZANDO LA COMPETITIVIDAD ESPAÑOLA

España ocupa el puesto 42, tras experimentar un grave retroceso en los últimos doce meses. En concreto, el ranking 2009-2010 dejaba a nuestro país en el puesto 33, es decir, nueve puestos por delante de la nueva posición alcanzada.

Las principales carencias que señala el estudio se aprecian en las instituciones (relegadas al puesto 53 de un total de 139 economías), el entorno macroeconómico (calificado en el número 66 por el endeudamiento, la falta de crecimiento económico…) o la combinación de educación primaria y sanidad (relegadas al puesto 49 por su ineficiencia). La eficiencia laboral (relegada al puesto 115 por su absoluta rigidez) o el mercado financiero (que ocupa el puesto 56 tras una reforma de las cajas de ahorro aplicada de forma tardía e insuficiente) son otros de los pilares que retrasan el ranking español.

Entre los pilares que compensan parte de las carencias españolas citadas en el párrafo anterior podemos encontrar la educación superior (puesto 31), la dotación tecnológica (puesto 30) y, sobre todo, las infraestructuras (puesto 14). Los resultados relativos a la sofisticación empresarial y la innovación no son muy positivos (35 y 46 respectivamente) aunque se sitúan dentro de un intervalo cercano a la valoración general obtenida por la economía española. También el tamaño de mercado (gracias a la internacionalización empresarial vivida en los últimos 15 años) es valorado positivamente.

La siguiente tabla contextualiza la posición española en relación con las 27 economías de la Unión Europea. Esta clasificación continental relega a España al puesto 16, muy por detrás de Suecia, Alemania, Reino Unido, Irlanda, Francia… y más cerca de Portugal, Eslovenia, Lituania… Conviene señalar, además, que las calificaciones obtenidas por los países europeos evidencian un claro estancamiento económico en el viejo continente, lo que debería abrir un debate sobre el declive de la competitividad europea en los últimos años.

La siguiente tabla compara el desarrollo competitivo de España, Italia, Polonia o República Checa frente a naciones más avanzadas en la clasificación como Francia, Alemania, Reino Unido o Suecia.

En la siguiente gráfica se puede comprobar la calificación obtenida por España en la llamada estrella de la competitividad, que recoge los 12 pilares analizados por el Foro Económico Mundial y compara los datos españoles con el resto de economías avanzadas (aquellas identificadas como “economías de grupo 3” o “economías de innovación”, según la terminología del organismo). Es fácil comprobar que las instituciones, el llamado I+D y el mercado laboral son los parámetros más problemáticos para la competitividad española, como ya hemos señalado anteriormente.

Entre los parámetros secundarios que mide el Foro Económico Mundial, encontramos con algunos puntos preocupantes:

– Debido a la ineficiencia del gasto público, España es relegada al puesto 101 dentro de dicho ranking.

– La regulación gubernamental es considerada tan excesiva que supone un relegado puesto en dicha escala (110).

– La inestabilidad y el endeudamiento en los presupuestos estatales relega a España al puesto 121.

– La falta de ahorro en España deja al país en el puesto 71.

– La calidad de la educación primaria es relegada al número 93. En ciencias y matemáticas, alcanzamos el puesto 114. La formación del profesorado tampoco sale bien parada: obtiene el número 89.

– La rigidez laboral supone un ranking tan bajo como el de 119º, si bien el proceso de despido es calificado aún peor, con el ranking 137.

Así las cosas, queda claro que España tiene grandes problemas de competitividad que, unidos a un Estado ineficiente y un mercado laboral de lo más atrasado, nos presentan un difícil panorama para la recuperación económica.

Las reformas estructurales centradas en conseguir un Estado mucho más eficiente son fundamentales, así como una revisión de arriba abajo al actual modelo de relaciones laborales. Sin estos ajustes, España no podrá recuperar la competitividad perdida desde hace años, y el ajuste económico será cada vez más duro, sobre todo con los trabajadores menos cualificados y los ciudadanos más vulnerables (personas de bajos ingresos, pensionistas, etc.).

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