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Obama y el millonario fracaso de sus “rescates” y “estímulos” intervencionistas

Como siempre ocurre con la planificación económica, el “Plan Obama” no comenzó con buen pie ni parece acabarse nunca. A comienzos de la legislatura, unos 300,000 millones de dólares fueron tomados directamente e indirectamente del bolsillo de los trabajadores y las empresas. Bajo el eufemismo de palabras como “rescate” o “estímulo”,

Obama acabó destinando 826,000 millones de dólares a subvencionar sectores quebrados, intervenir la economía y despilfarrar el dinero público. Por cada dólar gastado por el gobierno en 2009, la Casa Blanca destruyó 0,6 dólares de riqueza en el resto de la economía. Se ha calculado que el paquete intervencionista impulsado por Obama tendría un coste de 37,000 dólares por persona.

Cierto es que George W. Bush había iniciado este camino durante el año 2008, pero esto no debería extrañarnos: pese a sus promesas electorales, el ex presidente Bush fue el más intervencionista del último medio siglo, como han confirmado varios estudios. El propio George W. Bush no dudó en afirmar que había “abandonado” los principios del libre mercado “para salvar” al libre mercado.

Sin embargo, Barack Obama no tiene pensado cambiar de rumbo. Peor aún: desde el principio de su presidencia ha demostrado un preocupante amor por el gasto público y la intervención estatal.

Desde comienzos de 2009, la Casa Blanca aprobó un “estímulo” destinado a subvencionar contratos por valor de 500,000 millones de dólares. El propio vicepresidente del Ejecutivo estadounidense afirmaba lo siguiente sobre este plan: “algunas personas y empresas están siendo timadas, porque el derroche es inevitable y sabemos que algo de este dinero va a ser malgastado… Van a cometerse errores”.

¿Fue exitoso el “Plan Obama” de contratación? Un informe ha sido muy claro: 5,500 millones de dólares han sido entregados a proyectos tales como una ruta para tortugas, el cultivo de ostras, cheques a 10,000 personas muertas, puentes y carreteras de zonas de escaso tránsito, vallas protectoras anti-suicidios, zonas de aparcamiento, congeladores de esperma de peces, investigaciones sobre cómo los niños diferencian acentos extranjeros y nativos, pistas de patinaje, clases de conducción para estudiantes en coches híbridos, estudios sobre el impacto de las dietas y el ejercicio en la obesidad, pienso para peces en las piscifactorías de Missouri, coches oficiales para los políticos de Iowa por valor de 11 millones de dólares… Para conocer más sobre este escándalo despilfarrador, hagan click aquí.

Pese a que Obama afirmaba que el paro dejaría de crecer, tanto la ineficiencia del “rescate” como el efecto expulsión (crowding out) que ha provocado su orgía intervencionista han conducido el déficit hasta niveles récord sin evitar que el paro alcanzase cifras igualmente históricas.

Obama también decidió jugar a controlar la industria del automóvil. Inicialmente,  gastó 30,000 millones en nacionalizar las principales compañías del sector. Finalmente, se cuantificó en 110,000 millones el despilfarro ejecutado. ¿El resultado? El colapso de Chrysler, la quiebra de General Motors… Un nuevo fracaso intervencionista, con cargo al contribuyente.

Llegado marzo de 2010, el déficit estadounidense alcanzó los 221,000 millones de dólares. Las cuentas de la Administración Obama arrojaron en 2009 un déficit superior al registrado en 2008 en un 14 por ciento. Mientras el Tesoro ingresaba 107,5000 millones de dólares, el gobierno decidía gastarse el triple (328,400 millones de dólares).

El propio secretario del Tesoro Timothy Geither manifestó que las cifras son “altamente insostenibles”, y sin embargo, la Administración Obama acaba de pedirle a Alemania que imite su pésimo ejemplo y siga endeudándose. Por fortuna para los teutones, su canciller ha optado por el camino de la consolidación presupuestaria, lo que permitirá contrastar aún más las diferencias entre el intervencionismo económico y la libertad económica.

Ansioso por buscar culpables, e incapaz de aceptar sus errores, el gobierno de Obama apuntó hace unos meses hacia el banco de inversión Goldman Sachs y lo acusó de fraude mediante una denuncia de la Comisión del Mercado de Valores americana (la SEC). Si bien Goldman Sachs es un triste ejemplo de la llamada “contabilidad creativa”, la Casa Blanca también busca una serie de objetivos políticos con esta maniobra.

Por ejemplo, culpando directamente a Goldman Sachs y obviando los fallos de supervisión se asegura que no se cuestiona el papel del Estado. Además, tras comprobar el nulo efecto de sus “rescates” financieros, Obama se asegura así una imagen más cercana a su electorado más radical, presentándose como el policía de los mercados pero olvidando que no hace tanto los “rescataba” indiscriminadamente. Finalmente, también consigue que nadie hable de la raíz de la crisis financiera: la pésima política monetaria expansiva de la Reserva Federal.

La FED está en el centro del inicio de la depresión económica, pero sus decisiones y excesos están librándose de todo control legislativo. Pese a los empeños del congresista Ron Paul, destacado libertario republicano, la Reserva sigue evitando una profunda y necesaria investigación sobre su trabajo, y lo hace de la mano de destacados dirigentes demócratas y del propio secretario del Tesoro estadounidense, ya mencionado en líneas anteriores.

Los economistas del FMI han sido claros: “pese a las medidas de estímulo, hay pocos indicios de que la demanda privada autónoma (no la inducida con políticas) esté afianzándose”. Otros estudios son más duros y afirman que el reajuste económico ha sido nulo debido a la interferencia pública, lo que supondrá una década de lento y difícil ajuste para los EEUU.

La nueva situación ha dado paso a un estallido fiscal ridículo. Para acogerse a los planes de estímulo, algunas localidades se han visto obligadas a duplicar sus tasas e impuestos. Gobernadores y alcaldes de todo el país han decidido acompañar la irresponsabilidad del gobierno federal con todo tipo de gravámenes y tributos. A continuación se enumeran algunos de los más ridículos:

– En Winter Heaven (Florida), el ayuntamiento cobra impuestos a los conductores que tienen un accidente. La iniciativa ha sido copiado por decenas de ciudades del país.

– El gobernador de Ohio ha propuesto unos presupuestos con 150 subidas de impuestos y nuevas tasas. Entre ellas se incluye la de multiplicar por cinco el coste de renovar la licencia de propiedad de cabezas de ganado, el alza de las tasas de registro de vehículos, el aumento del coste de los certificados de nacimiento, el encarecimiento de la recogida de basuras, nuevos impuestos a la propiedad…

– El gobernador de Wisconsin decidió proponer una tasa en los mataderos del Estado sobre cada uno de los animales sacrificados.

– En Washington, el alcalde quiere cobrarle 4,25 dólares al mes a los usuarios de la vía pública por el “uso de la luz de la calle”.

– La Junta de Supervisores de Arizona ha decidido subir las tasas aplicadas a las pruebas de detección de VIH.

Más ejemplos de esta voraz actitud recaudadora pueden encontrarse aquí.

No contento con todo lo anterior, Obama decidió aprobar una reforma sanitaria inspirada en el modelo aprobado por Massachusetts hace años. Desde el 1 de enero de 2007, el sistema de salud que ha lanzado la Casa Blanca cuenta con un precedente muy similar en dicho Estado.

En Massachusetts es obligatorio tener un seguro médico. Las empresas pueden verse obligadas a pagarle uno a sus empleados. Negarse a contratar un seguro equivale al pago de un impuesto adicional. El margen de maniobra de aseguradoras, médicos y hospitales ha sido regulado. El Estado subvenciona el funcionamiento del sistema. Todos estos puntos son comunes a los ejes principales de la reforma aprobada por el gobierno de EEUU.

¿Cuál ha sido el resultado en Massachusetts? Antes de aprobar la ley, el 10% de los habitantes del Estado no tenían un seguro médico; llegado 2010, esa cifra ha bajado al 3%. Sin embargo, el experimento no es en absoluto sostenible:

– El 68% de los nuevos acuerdos ha sido subvencionado. Más del 30% de los seguros es pagado íntegramente por el Estado.

– El sistema está en números rojos. En 2011 necesitará 2,000 millones de euros para mantenerse en pie.

– El coste de los seguros individuales ha crecido a un ritmo del 30% anual. La competencia ha sido regulada, y la nueva condición ha permitido ejercer un poder digno de un oligopolio privado consentido por la administración.

– Las listas de espera se han disparado.

– Las empresas propietarias de hospitales anuncian que el nuevo modelo no cubre todos los costes corrientes, y anuncian que estudiarán recortes profundos sobre sus inversiones.

La debacle de Massachusetts, aprobada por el republicano Mitt Romney y sostenida por el demócrata Deval Patrick, amenaza con trasladarse ahora a todo el país. De momento, se ha cuantificado la puesta en marcha del proceso en más de un billón de dólares…

Este era el cambio que Obama ofrecía a los americanos: una profundización radical e irresponsable del intervencionismo iniciado por George W. Bush. Estados Unidos no saldrá de la crisis y recobrará el esplendor económico hasta que los burócratas de Washington recuperen la esencia del crecimiento y el éxito norteamericano: la libertad económica e individual y el gobierno limitado y reducido.

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