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El proteccionismo mundial no ha parado de subir desde 2008

En noviembre de 2008, el G-20 se reunía en Washington con el objetivo de capear la crisis económica. Se pactaron dos instrumentos contradictorios como ejes de la recuperación: por un lado, intervencionismo económico… y por otro, libertad económica. Claro está que ambos objetivos son incompatibles, y por desgracia fue el primero el que prevaleció.

Llegado octubre de 2009, se detectaban 240 nuevas barreras al comercio en todo el mundo. De estas 240, unas 121 habían sido implementadas por países miembros del G-20, lo que demuestra una vez más la falta de rumbo de los dirigentes políticos internacionales. Según la estadística, los países miembros habrían apostado por el intervencionismo aprobando una barrera nueva cada tres días…

Ningún país, ningún empresario y ningún individuo se han echo ricos empobreciendo al vecino y pagando más. Cada vez que le cerramos las puertas a la competitividad china, la innovación estadounidense o la eficiencia alemana, estamos perjudicándonos a nosotros mismos. Otras economías como Francia, Japón, Reino Unido, Italia o Suecia también aparecen citadas como grandes perjudicadas en el informe del Centre for Economic Policy Research

Sin embargo, la moneda de la intervención tiene dos caras: China es una de las diez economías que más discrimina la libre competencia, y a su lado están países como Rusia, Alemania, Italia, España, Reino Unido, India, Argentina, Japón…

Es interesante ver cómo Ecuador se ha colocado a la cabeza del ranking ecuatoriano en varias de las variables medidas. El 25% de las actividades fue regulada directamente con medidas proteccionistas, afectando a casi el 40% de los sectores económicos del país. ¿El resultado? Un crecimiento casi igual a cero y una espantada continuada de capital extranjero.

La subvención ha sido el principal obstáculo para la competencia. El 32% de las medidas observadas entra en esta categoría, mientras que las diferentes formas de aranceles suman una cantidad aún mayor en su conjunto.

Tanto hablar de un mercado salvaje y desregulado, y lo que tenemos delante es un proteccionismo creciente y voraz que sigue perjudicando el desarrollo global con el objeto de dar un trato privilegiado a ciertas empresas y sectores.

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