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Paul Krugman está enfadado

Paul Krugman no está muy contento últimamente. Tras vivir con alegría la orgía intervencionista iniciada por la Administración Bush y expandida por la Administración Obama y países como Reino Unido o España, ahora le toca a replegar velas ante un nuevo fracaso más de la doctrina keynesiana que tanto defiende.

Hace algunas semanas  se quejaba de los “halcones del déficit”, pidiendo que siguiesen los “estímulos”, “rescates” y demás despilfarros inútiles. No entendía Krugman que países como España o Reino Unido se encuentran en una situación límite de endeudamiento.Ahora vuelve a la carga: el paladín del intervencionismo pide que se siga aumentando el gasto público “para ahorrar después. ¿Tan difícil es entenderlo?”, se pregunta irritado el Premio Nobel.

Quizá no entiende Krugman que en su propio país tiene un ejemplo muy claro del perverso efecto que tiene el aumento del gasto como eje de las políticas anti-crisis. Su visión de esta crisis sigue pensando que el mercado no debe permitirse una fase bajista que sirva de ajuste, lo que le lleva a defender el manguerazo de dinero público como solución divina.

El siguiente gráfico contradice a Krugman, mostrando el escaso impacto del Plan Obama en las tasas de empleo estadounidenses. Este resultado tan discreto contrasta con la pésima situación que enfrentan ahora las cuentas públicas.

El fuerte efecto expulsión (“crowding out”) que está provocando el intervencionismo económico no parece importar a Krugman, aunque la hipocresía es un rasgo habitual en sus escritos. No podemos olvidar que hace años pidió a la Reserva Federal estadounidense que bajase los tipos de interés “para crear una burbuja inmobiliaria que sustituya la burbuja tecnológica del NASDAQ”. El columnista del New York Times, por tanto, debería reconocer que ha sido un firme defensor de las políticas monetarias que han llevado al mundo a esta crisis.

Pero lejos de desistir, Krugman insiste. Dice que “los políticos están ansiosos por engañar a la economía cuando esta necesita ayuda“. ¿Por qué le llama ayuda cuando quiere decir intervencionismo, paternalismo e intromisión gubernamental? ¿Y por qué opina que debemos evitar el reajuste económico? ¿Acaso necesitamos que la burbuja siga en pie? ¿Acaso era sostenible y real el crecimiento alimentado artificialmente por el crédito barato?

El economista dice que “eventualmente” habrá que “aumentar los impuestos”, y aunque admite la necesidad de reducir el gasto, dice que “ahora no”. ¿Cómo sabremos cuándo es tiempo? Cuando la Reserva Federal haya vuelto a controlar un poco la economía. Entonces, el gobierno debe achicarse pero las tasas de interés deben congelarse”. ¡Tremenda receta la de Krugman! Que los tipos sigan por los suelos, que suban los impuestos, que el gasto siga creciendo…

Y sus despropósitos continúan: “lo responsable es gastar ahora y ahorrar después”. La evidencia de los últimos años no sirve. Si de Krugman depende, contra la crisis toca gasto, gasto y más gasto. Luego ya “ahorraremos”.

Es importante destacar que Krugman sigue sin entender que el ahorro es más importante que el consumo, que el crédito barato crea “burbujas” y no crecimiento sostenible, que los impuestos altos dañan la economía, que el empleo no es prioritario mientras se reordena la creación de riqueza o que el gasto público no sólo no es bueno, sino que apenas puede permitirse nuevos aumentos.

¿Qué tan difícil es empezar a juzgar la realidad por los hechos y no por viejos caprichos keynesianos, señor Krugman?

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