Mes: junio 2010

Paul Krugman está enfadado

Paul Krugman no está muy contento últimamente. Tras vivir con alegría la orgía intervencionista iniciada por la Administración Bush y expandida por la Administración Obama y países como Reino Unido o España, ahora le toca a replegar velas ante un nuevo fracaso más de la doctrina keynesiana que tanto defiende.

Hace algunas semanas  se quejaba de los “halcones del déficit”, pidiendo que siguiesen los “estímulos”, “rescates” y demás despilfarros inútiles. No entendía Krugman que países como España o Reino Unido se encuentran en una situación límite de endeudamiento.Ahora vuelve a la carga: el paladín del intervencionismo pide que se siga aumentando el gasto público “para ahorrar después. ¿Tan difícil es entenderlo?”, se pregunta irritado el Premio Nobel.

Quizá no entiende Krugman que en su propio país tiene un ejemplo muy claro del perverso efecto que tiene el aumento del gasto como eje de las políticas anti-crisis. Su visión de esta crisis sigue pensando que el mercado no debe permitirse una fase bajista que sirva de ajuste, lo que le lleva a defender el manguerazo de dinero público como solución divina.

El siguiente gráfico contradice a Krugman, mostrando el escaso impacto del Plan Obama en las tasas de empleo estadounidenses. Este resultado tan discreto contrasta con la pésima situación que enfrentan ahora las cuentas públicas.

El fuerte efecto expulsión (“crowding out”) que está provocando el intervencionismo económico no parece importar a Krugman, aunque la hipocresía es un rasgo habitual en sus escritos. No podemos olvidar que hace años pidió a la Reserva Federal estadounidense que bajase los tipos de interés “para crear una burbuja inmobiliaria que sustituya la burbuja tecnológica del NASDAQ”. El columnista del New York Times, por tanto, debería reconocer que ha sido un firme defensor de las políticas monetarias que han llevado al mundo a esta crisis.

Pero lejos de desistir, Krugman insiste. Dice que “los políticos están ansiosos por engañar a la economía cuando esta necesita ayuda“. ¿Por qué le llama ayuda cuando quiere decir intervencionismo, paternalismo e intromisión gubernamental? ¿Y por qué opina que debemos evitar el reajuste económico? ¿Acaso necesitamos que la burbuja siga en pie? ¿Acaso era sostenible y real el crecimiento alimentado artificialmente por el crédito barato?

El economista dice que “eventualmente” habrá que “aumentar los impuestos”, y aunque admite la necesidad de reducir el gasto, dice que “ahora no”. ¿Cómo sabremos cuándo es tiempo? Cuando la Reserva Federal haya vuelto a controlar un poco la economía. Entonces, el gobierno debe achicarse pero las tasas de interés deben congelarse”. ¡Tremenda receta la de Krugman! Que los tipos sigan por los suelos, que suban los impuestos, que el gasto siga creciendo…

Y sus despropósitos continúan: “lo responsable es gastar ahora y ahorrar después”. La evidencia de los últimos años no sirve. Si de Krugman depende, contra la crisis toca gasto, gasto y más gasto. Luego ya “ahorraremos”.

Es importante destacar que Krugman sigue sin entender que el ahorro es más importante que el consumo, que el crédito barato crea “burbujas” y no crecimiento sostenible, que los impuestos altos dañan la economía, que el empleo no es prioritario mientras se reordena la creación de riqueza o que el gasto público no sólo no es bueno, sino que apenas puede permitirse nuevos aumentos.

¿Qué tan difícil es empezar a juzgar la realidad por los hechos y no por viejos caprichos keynesianos, señor Krugman?

La deuda mundial bate récords: España frente a Suecia

Enredados por el inagotable Bienestar del Estado que conocemos como Estado del Bienestar, los políticos de todo el mundo llevan décadas recurriendo al endeudamiento como única forma de sostener promesas artificiales. Ahora que las finanzas internacionales están pobladas de números rojos, conviene asumir los excesos de gasto y reformar nuestras democracias para garantizar su estabilidad futura.

La experiencia sueca es una de las más saludables para este propósito. Hasta 1950, la socialdemocracia sueca abrazó el libre comercio como eje de desarrollo económico para el país nórdico. Sin embargo, desde los años 60 hasta finales de los 80, el programa de la izquierda sueca fue volviéndose cada vez más intervencionista, llevando el concepto de “Estado del Bienestar” a extremos insoportables.

Suecia apostó por un intervencionismo tan fuerte que la carga tributaria pasó del 28 al 56 por ciento del PIB entre 1960 y 1989. En 1960 los suecos pagaban un 2% menos de impuestos que el resto de países de la OCDE, mientras que en 1990 pagaban hasta un 54% más.

Aquella aventura no era sostenible, pero fomentó altas expectativas sociales que permitieron ocultar su ineficiencia real. Un ejemplo lo tenemos en la evolución del empleo en Suecia: entre 1965 y 1985 se destruyeron 284,000 trabajos en el sector privado mientras el sector público crecía en 850,000.

Cuando Suecia enfrentó, a finales de los 80, una profunda crisis financiera, todo aquello que la socialdemocracia había prometido se vino abajo. La única forma de mantener aquel modelo pasaba por endeudarse o adoptar reformas. Por fortuna, Suecia escogió una reforma liberal de la mano de Carl Bildt, alejando la insana tentación de la deuda que venían siguiendo los socialdemócratas.

Mediante un profundo cambio en el sistema de pensiones y una gran reforma laboral, financiera, sanitaria y educativa, los ciudadanos suecos abrazaron la iniciativa privada y la libertad de elección como ejes de una política que les ha permitido alejarse del endeudamiento y afrontar con fortaleza los retos financieros de la economía global.

Suecia es un ejemplo, pero también es una excepción. La deuda mundial está alcanzando máximos históricos semana tras semana, al calor de todo tipo de “gastos sociales”, “paquetes de estímulo”, “subvenciones”, “rescates”… Si sumamos el déficit presupuestario que han adquirido estos gobiernos con el endeudamiento privado de empresas y familias, el panorama es desolador para quienes sigan manteniendo la viabilidad de este paradigma.

¿Estamos, pues, ante un colapso de la economía libre? Por mucho que más de un gobernante nos lo quiera hacer ver así, estamos ante todo lo contrario. Si de algo sirve esta crisis es para poner de manifiesto excesos estatales y errores monetarios que han sembrado el cultivo para esta debacle.

Es el momento de plantearse muchas cosas. ¿Tienen sentido la Reserva Federal o los Bancos Centrales? ¿Podemos seguir confiando los éxitos políticos a la extensión del gasto público? ¿Es sostenible llamar al consumo sin antes fomentar el ahorro? ¿Debemos seguir subvencionando la economía? Un análisis frío de todas estas cuestiones negará la conveniencia de todas estas hipótesis.

Si Suecia es un ejemplo de lo que hay que hacer, la gestión española de esta crisis sirve de manual de texto para estudiar lo que no debemos hacer. Ni debemos dejar como está el sistema financiero ni debemos crecer de la mano de una burbuja inmobiliaria ni debemos negarnos a reformar el sistema de pensiones ni debemos bloquear una reforma educativa, ni debemos posponer una reforma energética ni debemos eludir una reforma laboral.

Peor aún: el Ejecutivo español, cuyas políticas de despilfarro son responsables de la mitad del déficit público, no puede seguir negándose a meter un drástico “tijeretazo” al nivel de gasto público que ha practicado durante años. La demagogia consistente en disfrazar el intervencionismo de “gasto social” ya ha agotado su curso, y el país enfrenta una situación de franca gravedad.

A continuación se adjuntan algunas gráficas publicadas por The Economist esta misma semana. En ellas se puede comprobar el grave problema de deuda que afrontan las grandes economías internacionales.

Cómo el modelo chileno de pensiones cambió el mundo

Reproduzco a continuación un artículo de José Piñera, artífice del sistema chileno de pensiones, dedicado al análisis de las consecuencias que dicho modelo ha tenido en el país latinoamericano. El texto íntegro está disponible aquí.

Han pasado casi 30 años desde la reforma chilena del sistema de pensiones. Tres logros claves son incontestables:

1. A lo largo de ese período nadie se ha robado un peso del sistema, gracias a la multiplicidad de candados que contempló la reforma. Es importante subrayar que la Constitución chilena ha reforzado esa inviolabilidad de los depósitos introducidos por los trabajadores en su sistema de pensiones.

2. Los fondos son invertidos por empresas privadas altamente especializadas y con requerimientos estrictos de amplia diversificación han logrado una rentabilidad  promedio del 10,1% anual, por encima de la inflación, a lo largo de 26 años

3. El “sistema de AFP” (Administradores de Fondos de Pensiones) o “sistema de capitalización individual” ha sido crucial en el incremento de la inversión, la creación de un moderno mercado de capitales y el mayor crecimiento del país.

Es importante comprender que el error fundamental del sistema tradicional de reparto estatal fue haber roto la relación esencial entre las contribuciones y los beneficios, entre el esfuerzo y la recompensa. En efecto, a finales del siglo XIX, Otto von Bismarck, el llamado “canciller de hierro” de Prusia, creó un sistema de pensiones que prometía beneficios, pero que no acumulaba fondos para cumplir esas promesas sino que se basaba en cobrar impuestos a los trabajadores. Bajo un sistema bismarckiano, el aporte del trabajador está definido por una ley que establece el impuesto al trabajo, mientras que la pensión que obtendrá está definida por otras leyes que definen los beneficios. Las segundas son objeto de todo tipo de presiones por grupos organizados que tratan de obtener pensiones prematuras o privilegiadas. Cuando eso sucede en una sociedad, a nivel masivo y por mucho tiempo, el resultado final es un desastre porque siempre se trata de minimizar la contribución al sistema de pensiones y maximizar lo que se obtiene.

Debido a que los árbitros en el sistema de reparto estatal son políticos intentando ganar elecciones, se produce inevitablemente una inflación de promesas imposibles de cumplir, cuyos costes son postergados para que sean futuros gobiernos quienes se enfrenten a ellos. Como ha escrito el profesor Deepak Lal, “la creación de gigantescos estados redistributivos en Occidente ha tenido sorprendentes consecuencias no previstas, como la corrupción del debate público en la medida que los políticos luchan por comprar votos con dinero ajeno”.

Chile supo apartarse de este camino. El impacto de este nuevo sistema de pensiones ha ido mucho más lejos que los conocidos e impresionantes indicadores económicos del país. También ha significado una redistribución radical del poder del Estado hacia la sociedad civil y, al convertir a los trabajadores en propietarios individuales del capital del país, ha creado una atmósfera cultural y política más consistente con los postulados de una sociedad libre.

Unos 30 países de América Latina, Europa del Este y Asia Central ya han seguido este camino, 120 millones de trabajadores se han convertido en propietarios de capital, y este nuevo paradigma es parte central del debate en los países más desarrollados del mundo.

Documental sobre José Piñera, artífice del modelo de capitalización de las pensiones chileno

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Siete mitos sobre la energía alternativa, según la revista Foreign Policy:

1. “Debemos hacer todo lo posible para promover la energía renovable”. No exactamente. Hay muchas ideas sobre la mesa que pueden sonar atractivas pero no son eficientes ni alcanzables. Que alguien consiga un avance en este campo no debe suponer un subsidio ciego y desmedido. Si ya es poco recomendable permitir a un gobierno que elija ganadores y perdedores con su intervención, peor aún es permitirle que apoye a los que no ofrecen una solución suficiente, eficiente y real. En España tenemos un ejemplo de la ineficiencia de las energías renovables, mientras que en Francia tenemos un ejemplo de la eficiencia de la energía nuclear.

2. “Los combustibles nucleares sustituirán el consumo de petróleo”. Producir combustible desde el campo agrícola tiene un impacto indudable en la naturaleza y no garantiza un menor grado de emisiones. Diferentes formas de “biofuel” provocan deforestación y emiten CO2 a la atmósfera.

3. “Si el “biofuel” de hoy no es suficiente, el de mañana lo será”. Ello no implica apoyar el “biofuel” de hoy, por lo que debemos seguir siendo cautelosos.

4. “La energía nuclear será la solución de nuestra adición al petróleo”. No es cierto, pero no habrá solución definitiva que no incluya la nuclear. Francia se nutre enormemente de esta fuente energética, consiguiendo el 80% de su energía por esta vía. Rusia, China, India y EEUU han apostado por este camino para sus planes de futuro. El principal problema de la nuclear es el creciente coste de la instalación de las centrales, que queda compensado eso sí con su explotación barata y su suministro continuado.

5. “No hay solución clara para la crisis energética”. Tampoco es cierto: la eficiencia de unas fuentes no tiene nada que ver con las otras. Hay formas evidentes de ahorrar energía y reducir la contaminación, y la experiencia de muchos países sirve para aprender algo. El ministro de Industria español Miguel Sebastián ha afirmado que el país ha “pagado la novatada” con las renovables y que apoyarlas “daña la economía”. Aprendamos, pues, de los errores.

6. “Necesitamos una revolución tecnológica para evitar este problema”. Puede que necesitemos novedades, pero ya tenemos la tecnología necesaria para reducir la demanda y mezclar las energías renovables de forma apropiada. No creemos burbujas entorno a la energía alternativa, como ha hecho España, y tendremos la mitad del camino recorrido.

7. “Debemos cambiar nuestra actitud para evitar este problema”. Es cierto que hay que hacer un uso menor de la energía, pero ello no significa reducir usos, sino reducir gastos ineficientes. Si Endesa ha declarado en España que sus centrales “están paradas” es porque el Ejecutivo castiga la compra de unas fuentes de energía para favorecer a las renovables. Sin embargo, la realidad demuestra que aunque hagamos menos, como sugieren las campañas del Ministerio de Industria, seguiremos pagando más, debido a la mala política energética de los sucesivos gobiernos españoles. Tampoco ayuda que el propio Ministro de Industria decida que usar un helicóptero es la forma más eficiente de recorrer 100 kilómetros.

Si se hubiese contenido el gasto público, el déficit sería del 7%

Jesús Fernández-Villaverde elaboró un estudio para la Fundación de Estudios de Economía Aplicada dedicado a analizar el impacto del incremento del gasto público en el déficit español. Las conclusiones son las siguientes:

– El 50% del déficit español se debe al aumento del gasto aprobado por el Ejecutivo.

– Los 118,000 millones de déficit con los que se cerró el año 2009 suponen un desajuste del 13,1% del PIB en apenas dos años. Vemos, por lo tanto, una evolución fuertemente negativa entre el superávit del 1,9% registrado en 2007 y el déficit del 11,2% medido en 2009.

– De esos 13 puntos de diferencia, 6,38 se deben al desplome de la recaudación de impuestos. Los 6,7 restantes se deben al incremento del gasto público llevado a cabo por el Ejecutivo.

Dentro de ese gasto público, diferenciamos los siguientes apartados:

– El pago de las prestaciones al desempleo pasó del 11,6% al 14,6% del PIB. Este capítulo de gasto supone casi 3 puntos porcentuales más.

– Los sueldos de los funcionarios han subido 1,6 puntos entre 2007 y 2009.

– La inversión pública ha subido del 4% al 4,4% del Producto Interior Bruto.

– Los pagos por intereses de la deuda apenas subieron entre 2007 y 2009, lo que permitió que el Ejecutivo financiase sus excesos con intereses mucho más bajos de los que está pagando en 2010.

Dentro del capítulo dedicado a los ingresos, el informe destaca que los impuestos indirectos perdieron tres puntos porcentuales del PIB en su recaudación de 2009 comparada a 2007. Los directos sufrieron un descenso similar, de 3,3 puntos.

Las conclusiones que destaca el autor en su informe son las siguientes:

– Una reforma laboral hubiera aliviado enormemente el endeudamiento español.

– La mitad del déficit es imputable al Ejecutivo.

– El número y el sueldo de los empleados públicos ha crecido de forma excesiva.

– El gobierno ha transferido a las autonomías unos ingresos fiscales demasiado elevados y alejados de la recaudación real.

– La influencia del Plan E ha sido muy negativa. Se trata de 8,000 millones de euros únicamente en 2009, a los que se unen otros 5,000 presupuestados en 2010.

– Si el gobierno hubiese contenido el gasto en 2007, el déficit sería hoy del 7% del PIB.

Los errores del rescate financiero en España

“El Banco de España se desbordería si interviniese todas las cajas que debe. Las cajas están muy mal. Es el pago de años de gestión politizada y planes de expansión indefendibles”. Lo advirtió hace semanas Jesús Fernández-Villaverde, profesor en la Universidad de Pennsylvania, en una entrevista publicada en Libertad Digital. Fernández-Villaverde afirmaba sin dudarlo que “la experiencia japonesa muestra que hasta que no se limpia el sector financiero no vuelve el crecimiento”.

Para Villaverde, “la primera medida que tomaría para relanzar la economía española sería reestructurar las cajas de ahorro. Los balances se tienen que limpiar, la gestión se tiene que profesionalizar, las cajas malas deben ser eliminadas o absorbidas…”.

Lo cierto es que el análisis de Fernández-Villaverde no puede ser más acertado. España no está abordando su reforma financiera con rigor y profundidad. Las buenas noticias llegan con cuentagotas, mezcladas entre numerosos errores coronados por el FROB.

Nos cuentan ahora que el Banco de España va a ser más “transparente” a la hora de compartir los resultados de los tests de estrés aplicados a las entidades financieras. ¿Por qué hemos tenido que esperar tanto tiempo? ¿Y qué garantías tenemos de que estos estudios serán completos? El fantasma de la “contabilidad creativa” reaparece ahora con los informes que aseguran que estos exámenes dejan fuera el riesgo derivado de la adquisición de deuda pública, por lo que esta cacareada transparencia no será tal.

Es desolador que el Partido Popular se uniese al Partido Socialista en la aprobación del plan de rescate financiero que tantas distorsiones está introduciendo en el sistema financiero español. Como reconoció el ex diputado y empresario de éxito Manuel Pizarro, “el FROB ayuda al que lo hace mal para que lo siga haciendo mal”, constituyendo una “ocultación de errores con dinero público”.

Si se quiere reestructurar un sistema financiero, tapar agujeros con el dinero de todos no es una solución, sino un parche. Para que esta reforma merezca tal nombre, es imprescindible abordar los siguientes puntos:

En primer lugar, la transparencia absoluta a la hora de explicar la situación de todas las cajas de ahorro españolas. Publicar los tests de estrés es fundamental, pero los atajos que se intuyen pueden convertir este paso adelante en un paso atrás.

En segundo lugar, profesionalizar la gestión y convertir los órganos directivos en verdaderos consejos financieros. La interferencia política tiene mucho que ver en la mala marcha de muchas entidades.

En tercer lugar, el proceso de fusiones debería abordarse siguiendo una mínima lógica financiera. Por ejemplo, no tiene sentido que Galicia fusione sus dos cajas, sino que ambas deberían asociarse con socios de otras regiones para salir verdaderamente reforzadas.

En cuarto lugar, las inyecciones de dinero público son un tremendo error. Las cajas deben subastar sucursales y activos o, en su defecto, tendrán que ser absorbidas por las entidades que puedan y quieran hacerlo. Además, en caso de que se empleen recursos públicos para sanear una caja, lo que habrá que hacer es intervenir por completo su gestión, expulsar a todos sus directivos y nombrar una directiva de profesionales.

¿Deben abolirse la Reserva Federal y los demás bancos centrales?

La Reserva Federal estadounidense ha protagonizado varias intervenciones mesiánicas en los últimos meses. Su entrada en el capital de JP Morgan, su inyección de 200,000 millones de dólares al sistema financiero… La FED ha estado muy activa, pero no por ello acertada.

Álvaro Vargas Llosa resumió esta situación allá por marzo de 2008, recordándonos que las intervenciones de la Reserva norteamericana son “esfuerzos del gobierno para resolver un problema creado por el propio gobierno”.

Como bien recuerda el periodista peruano, la FED bajó los tipos de interés al 1%, creando una economía de dinero barato y crecimiento ficticio. De esta forma, millones de americanos se endeudaron muy por encima de sus posibilidades, de la mano de una “economía ficticia” que desvirtuó el ahorro y potenció el consumo irresponsable.

Peor aún: esa política, que comienza en la Reserva Federal, fue abrazada por los bancos, que han preferido repartir deudas de dudosa solvencia por todo el mercado financiero internacional. El entusiasmo de los banqueros de otros países ha contaminado las finanzas globales, generando la crisis actual. Pero no olvidemos que todo comienza en la Reserva, y no en los bancos.

El verdadero problema ha sido una mala política monetaria que el Banco Central Europeo ha practicado igualmente en el viejo continente. ¿Debería, entonces, abolirse la FED? Esa es la pregunta que se hacía hace más de dos años Álvaro Vargas Llosa.

El peruano dejaba las siguientes líneas: “La historia relacionada con los ciclos de auge y depresión desde la creación de la Reserva Federal en 1913 ha sido siempre la misma: un incremento deliberado de la oferta de dinero, una mala asignación de recursos por los perversos incentivos de la inflación, y finalmente, la explosión de la burbuja. La FED confiere a una elite el monopolio de la creación de dinero y la facultad de decidir qué cantidad de dinero es la apropiada para una economía en la que millones de personas toman decisiones que esa elite no puede anticipar”.

Vargas Llosa prosigue: “La Reserva Federal se creó en respuesta a las corridas bancarias de finales del S. XIX y comienzos del S. XX. Parte de esa inestabilidad fue causada no porque los bancos emitiesen dinero, sino porque el gobierno premiaba la irresponsabilidad rescatando instituciones financieras. Además, como escribió Milton Friedman, la inestabilidad de aquellos años previos a la creación de la FED no ha sido nada comparada con los ciclos de auge y depresión iniciados desde su creación en 1913”.

Friedrich Hayek también apuntó hacia la Reserva Federal, allá por 1977. “Si no fuese por la interferencia gubernamental con el sistema monetario, no tendríamos fluctuaciones industriales ni periodos de depresión. El error es la creación de un semimonopolio en el que el dinero primario es controlado por el Estado. Dado que todos los bancos crean dinero secundario, que es redimible en dinero primario, usted tiene un sistema que nadie puede controlar”. Si volvemos al texto de Vargas Llosa, además, recordaremos que del manejo privado del dinero nació la prosperidad de Argentina en el S. XIX. Cuando la moneda es libre, las instituciones que se vienen abajo por méritos propios no hunden a toda la economía en conjunto.

Vargas Llosa acierta reconociendo que la abolición de la FED parece algo “radical” pues mucha gente “la da por sentada”. Sin embargo, tenemos que darnos cuenta que no hay argumento más falaz que aquel según el cual necesitamos más regulación financiera y más intervención estatal. En la raíz de todos estos problemas está la politización de la moneda. Y como señala Vargas Llosa, para salir de una crisis así “no bastará con lograr que las mentes dirigentes piensen con audacia. No bastará”.

La Fundación IDEAS (PSOE): legitimando el intervencionismo

Desde la Fundación IDEAS, el ex ministro de Trabajo Jesús Caldera intenta organizar una fábrica de ideas capaz de modernizar y mejorar las iniciativas legislativas del Partido Socialista Obrero Español.

Hace meses, en un acto celebrado en Toledo, Jesús Caldera afirmaba que los impuestos “son una cosa muy saludable”. Caldera aplaudió una subida de impuestos que se ha concretado meses después, y basó su argumentación en la sostenibilidad de los servicios públicos. El ex ministro socialista también se justificó diciendo que la “presión fiscal ha bajado respecto a la de 2004”.

¿Son tan saludables los impuestos? Si la recaudación se emplea para dilapidar 13,000 millones de euros en el Plan E, más que saludables parecen cancerígenos.

¿Garantiza una subida de impuestos la sostenibilidad de los servicios públicos? La experiencia no lo demuestra. Subir los impuestos en la primera mitad de los 90 dejó las arcas del Estado más vacías de lo que estaban, y si la recaudación baja, difícilmente se podrá “sostener” el altísimo nivel de gasto que supone el mal llamado Estado del Bienestar.

En cualquier caso, los argumentos de Caldera no son los únicos que merecen un comentario. Carlos Mulas, director de la Fundación IDEAS, ha declarado recientemente que los gobiernos europeos introduzcan nuevos impuestos “ecológicos y financieros” para “fortalecer las cuentas públicas”.

De nuevo, el intervencionismo apela a la moral para intentar aumentar su poder sobre el ciudadano. Ni siquiera es este un interés oculto: nos hablan de subir impuestos para gastar más, pero todo se hace, eso sí, con la justificación de la regulación ambiental y financiera.

Si esos tributos se destinasen a dichas áreas, el discurso sería igualmente intervencionista, pero al menos honesto. Sin embargo, lo que propone IDEAS es también hipócrita, pues toma la naturaleza y el sector financiero como falso argumento para subir los impuestos.

El derrumbe del Estado del Bienestar en Suecia

A comienzos de los 90, el Estado del Bienestar sueco se vino abajo. El paro subió del 2% al 12%. Se pagaba, como orden, el 56% de los impuestos, pero Suecia no resistió. El Banco Central de Suecia subió la tasa de interés al 500%, con niveles de hiperinflación dignos de los peores momentos de la economía en la historia.

El déficit público era de más del 11%. El gasto público superaba el 70%, un récord mundial en regímenes democráticos. El Estado se construyó desde la ingeniería social, y resultó ser inviable e ineficiente. Su planificación en Sanidad, Educación… dejó al sistema en franco estancamiento.

El gasto público es hoy inferior al 50%. Las cuentas están saneadas. Pero el sector público ha sido reconstruido, abriendo a la empresa privada y a las iniciativas de emprendimiento la participación en la economía.

Las escuelas son cooperativas, fundaciones, proyectos empresariales… Todas están dentro del “vale escolar”, y ninguna empresa puede cobrar un dinero extra. “¿Qué importa la naturaleza de la gestión si la gestión es buena?”, afirmó el primer ministro Göran Persson, electo por el Partido Socialdemócrata.

Esa izquierda no es intervencionista. Ha abrazado la libertad, pues entiende que no se puede hablar del pueblo y prometerle cosas, pero no lo hace desde la coacción y el intervencionismo. La mentalidad sueca es facilitadora de modelos eficientes, abierta a la gestión privada sin complejo alguno.

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