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No se “recorta” lo que no se tiene: Reflexiones sobre el plan de ajuste español

España necesita reducir el déficit público. Así lo han entendido los principales líderes de la Unión Europea, el presidente de Estados Unidos Barack Obama, el Fondo Monetario Internacional, la prensa especializada y la mayoría de la sociedad española. La presión internacional ha podido con el tradicional optimismo del presidente, que llegó ayer al Congreso de los Diputados con el primer plan de “ajustes presupuestarios” de sus seis años de gobierno. Zapatero busca ahorrar 15,000 millones de euros en las cuentas públicas que su gobierno ha desequilibrado, y ha optado por tomar decisiones como las siguientes:

– Reducción de los sueldos a los empleados públicos, por primera vez en la Historia de la democracia española. Sus retribuciones se verán reducidas un 5% en 2010, mientras que en 2011 se aplicará una congelación de dichos salarios. La medida contradice la subida salarial pactada por la vicepresidencia primera del gobierno, así como las numerosas ocasiones en las que el gobierno había negado la posibilidad de aprobar una medida así. Además, tal y como recuerda hoy la prensa española, es difícil calcular el impacto real de esta medida si tenemos en cuenta que tres de cada cuatro empleados públicos trabaja para comunidades y ayuntamientos.

– Desde enero de 2011, las pensiones serán congeladas. La actualización de las mismas conforme al IPC está garantizada por ley desde hace décadas, pero el gobierno ha creído conveniente aplicar sus recortes en este campo, afectado ya en los últimos meses por las retenciones al ahorro.

– Supresión de las ayudas a la natalidad a partir de enero de 2011. La medida conocida como “cheque bebé” fue introducida sin discriminar entre rentas altas y bajas, apostando por entregar 2,500 euros a discreción por cada nacimiento. Ahora, el Ejecutivo anuncia la retirada de la iniciativa.

– Reducción de gasto farmacéutico, a través de la adecuación fraccionada de los envases. De esta forma, se entregará la cantidad necesaria, en vez del paquete completo. No podemos olvidar que el gasto farmacéutico español es de los más altos de Europa y la OCDE por la baja presencia de genéricos, el alto precio pagado por ciertos medicamentos o los perfiles de prescripción poco adecuados.

– Recorte de la reducción en la ayuda oficial al desarrollo. Durante 2009, esta partida se redujo apenas un 1%, y los 600 millones de euros que se recortan ahora suponen únicamente el 20% del total (por encima de los 4,000 millones de euros).

– Supresión de 6,045 millones de euros en inversiones públicas, así como eliminación de 1,200 millones de euros comprometidos en transferencias a comunidades y ayuntamientos. El gobierno no ha detallado ninguna de estas dos medidas, limitándose a enunciar cifras redondas.

– Reducción del sueldo de los miembros del gobierno en un 15%.

Todas las medidas serán aprobadas el viernes mediante un decreto-ley, evitando matizaciones y debates parlamentarios de cualquier tipo.

El presidente del Ejecutivo ha añadido, además, que en lo que resta de año podremos vivir nuevas subidas de impuestos. Zapatero apela a un “esfuerzo mayor” que parece enfocar a los que “más capacidad tienen”.

¿TIENE SENTIDO APLICAR ESTAS MEDIDAS?

En primer lugar, no podemos olvidar que el gobierno español no debería disfrazar de “recortes” lo que son, en el fondo, dosis de realidad tras años de despilfarro. El recorte de 15,000 millones de euros no se produce realmente, pues esos 15,000 millones no existen en las cuentas públicas.

En segundo lugar, no se puede aplicar un plan de consolidación presupuestaria de este tipo sin antes analizar la naturaleza real del déficit público:

– Nada ha dañado más las cuentas que el aumento del paro, los “rescates financieros” y los “estímulos económicos”. Las prestaciones al desempleo se han duplicado, y el Ministerio de Trabajo maneja más de 7,000 millones de euros en ineficaces cursos de reciclaje profesional, controlados en muchos casos por los sindicatos mayoritarios CC.OO y UGT. Los “rescates financieros” pueden llegar a suponer un gasto de 90,000 millones de euros, dentro del irresponsable “manguerazo” de dinero público que supone el FROB. Finalmente, los “estímulos económicos” (primas desmesuradas en energía solar, rescate de la industria del carbón, Plan E, Plan 2000E…) han contribuido aún más al agujero de las cuentas españolas.

– El tamaño del gobierno no ha parado de aumentar bajo el gobierno de Rodríguez Zapatero: hemos vivido la creación de los Ministerios de Vivienda, Igualdad y Ciencia e Innovación; el mantenimiento de tres vicepresidencias… Debemos unir los Ministerios de Educación, Cultura y Ciencia e Innovación, además de suprimir los de Vivienda e Igualdad.

– El despilfarro en subvenciones y ayudas exteriores poco justificables tampoco se justifica fácilmente, mucho menos en tiempos de crisis. El Ministerio de Asuntos Exteriores, por ejemplo, maneja más de 2,800 millones de euros en programas de “cooperación al desarrollo”, una cantidad muy por encima de las posibilidades reales de nuestras cuentas públicas.

– La “administración paralela” alimentada, principalmente, por las comunidades autónomas y los ayuntamientos tiene una deuda superior al 4,5% del PIB. A ello le unimos la tremenda ineficacia del gasto regional y municipal: estudios recientes tasan en más de 25,000 millones de euros el despilfarro de estas administraciones.

Los “recortes” anunciados por Zapatero son una huida descafeinada hacia delante. El gobierno contradice todos sus postulados y cede ante la evidente ruina presupuestaria, pero las soluciones no abordan los problemas de fondo y nos condenan a un ajuste incapaz de recuperar el crecimiento alcanzado en épocas pasadas.

España necesita urgentemente una reforma laboral. También necesita recuperar la apuesta por la eficiencia energética, abriendo centrales nucleares y no cerrándolas. Además, seguimos esperando una reforma educativa y universitaria que, por fin, devuelva el mérito y la excelencia a las aulas.

Sin embargo, lo más inquietante de todos los anuncios hechos por el gobierno es la posibilidad de una nueva subida de impuestos. El año pasado vivimos las siguientes alzas: aumento de las retenciones al ahorro, eliminación de la deducción anual de 400 euros del IRPF, supresión de la deuda hipotecaria en vivienda, aumento de impuestos especiales al tabaco o la gasolina, subida del IVA, alzas continuadas en diferentes tasas, supresión de deducciones por exportaciones o inversión en I+D…

La realidad de la crisis económica española es mucho más compleja de lo que creen en La Moncloa. El gobierno culpó al “capital” y a los “mercados” y apostó todo al Estado, pero el Estado arruinó las cuentas públicas, dilapidando millones y millones en gastos inútiles e injustificados. La caja ha llegado a ingresar la mitad de lo que se ha gastado el gobierno, pero la reacción ha sido retrasándose hasta llegar a un punto de no retorno.

Ahora se plantean duros “recortes” que podrían haberse evitado con una gestión mínimamente responsable. La culpa de esta situación la tienen los que han defendido la ilusión de un crecimiento cada vez menos sostenible y más vinculado al crédito. Ahora nos encontramos con una España endeudada hasta las cejas, y que lejos de haber terminado sus ajustes, apenas empieza: hay 90,000 millones de déficit pendientes de ajuste, y las medi

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